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Codicioso, adúltero y asesino
“No codiciarás la mujer de tu prójimo”, dice la ley. “No cometerás adulterio”. “No matarás” (Éxodo 20:17, 14 y 13). David, que declara en el Salmo 19:7: “La ley de Jehová es perfecta”, transgredió sucesivamente por lo menos tres mandamientos. Sin embargo, su conciencia sigue sin reprenderlo. Es necesario que Jehová le envíe a Natán.
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Cómo volver a encontrar la comunión con Dios
El salmo 51 fue escrito por David en una muy dolorosa circunstancia. Nos revela los sentimientos producidos en el alma por una verdadera convicción de pecado, así como la senda trazada por el Espíritu Santo para volver a encontrar la comunión con Dios. Consideremos las penosas etapas de ese camino:
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Comunión, capítulo 7
Los dos capítulos precedentes nos han mostrado los cambios importantes producidos en los caminos de Dios hacia Israel por el establecimiento, en Sion, de la realeza de David. El rey lleva allí el arca, asociando así el trono de Dios a su gobierno. No es todavía –lo hemos visto– un estado de cosas de cosas fundado a perpetuidad, como durante el reinado de Salomón.
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Conflicto entre hermanos, capítulos 19:41-20:26
Lo mismo que David, el remanente de Israel volverá en realidad a encontrar, tal como el pueblo en tiempos pasados lo hizo en figura, un camino para entrar nuevamente en Canaán. El Jordán, el río de la muerte, es este camino. Hace falta haber muerto con Cristo para entrar en la heredad y en las bendiciones de las promesas. Luego viene Gilgal (cap.
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Ejemplos de las Escrituras: La lepra
Cuando en Israel se temía que alguien pudiera tener lepra (en sentido figurado esta terrible enfermedad es una imagen del pecado), en Levítico 13 y 14 se lee cómo esta persona era aislada durante 7 días. Después de este tiempo, el sacerdote tenía que mirar a la persona para comprobar si realmente se trataba de un caso de lepra.
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El Amalecita, capítulo 1:1-16
Dos hechos señalan el reinado de David en su aurora: el juicio de Israel y de su príncipe sobre los montes de Gilboa, y la victoria obtenida sobre Amalec por aquel que será rey mañana.
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El arca en Sion, capítulo 6
No basta que la sede de la realeza de David –o de Cristo– sea colocada en Sion, en el monte de la gracia. Dios mismo quiere morar allí para siempre con su rey (véase Apocalipsis 22:1, 3). Por eso David está enteramente en la corriente de los pensamientos de Dios, cuando va a buscar el arca para volverla a traer a Jerusalén.
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El cántico de la liberación, capítulo 22
Llegamos aquí a la liberación definitiva de David. Todos su enemigos, de los cuales Saúl formaba parte (v. 1), han desaparecido. Este cántico que tendría lugar, históricamente, al principio del capítulo 7 (v. 1), se coloca aquí, porque el último de los adversarios de David y de su pueblo acaba de ser aniquilado (cap.
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El conductor
En el momento en que empezaba esa nueva etapa de la historia de Israel, Josué fue llamado a tomar la conducción del pueblo. Este hombre digno de nuestra atención aparece por primera vez en Éxodo 17, en ocasión al combate contra Amalec; en esta oportunidad, su aparición como jefe de los ejércitos de Israel nos da la clave de su carácter típico.
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El pecado cometido debe ser juzgado
Muchas personas no se consideran culpables de sus faltas inconscientes; parten del principio de que Dios no puede reprocharles su ignorancia y que tomará en cuenta su «buena voluntad». ¡Funesta ilusión! Si Dios previó un sacrificio por los pecados cometidos por error, ello es la prueba de que el pecador, aun ignorante, es culpable ante Él.
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El pecado y los pecados
La epístola a los Romanos nos enseña que Dios tuvo que ocuparse de dos cuestiones: la de los pecados (cap. 1 a 5:11) y la del pecado (cap. 5:12 al cap. 8). Tuvo que condenar al árbol tanto como a los frutos, esto es, al pecado en nuestra naturaleza como a los actos producidos por ella.
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El perdón, la disciplina y la restauración
Había transcurrido cierto tiempo desde la falta cometida por David. La guerra contra Amón, comenzada en el capítulo precedente que, por sí solo, abarca acontecimientos de casi un año, continuaba todavía. El estado de sitio de Rabá no había acabado, y sabemos que en esa época el asedio de una ciudad podía durar años.
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El servicio, capítulo 17
El rey, como lo hemos visto, había devuelto a Sadoc, a Abiatar y a Husai a Jerusalén, para emplearles en su servicio. Las demostraciones de abnegación no bastan, por preciosas que sean al corazón del amo, y no son sino el preludio del servicio.
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¿Es usted bieun naventurado?
Cuanto más ha gemido otrora el alma bajo el peso de sus pecados, tanto más gusta de la felicidad de la que nos hablan los versículos 1 y 2. ¿Es usted uno de esos bienaventurados? Si no lo es, el versículo 5 le indica el camino para llegar a serlo: el del arrepentimiento y la confesión (compárese Lucas 15:18).
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Faltas que debían expiarse mediante un sacrificio
Los versículos 1 a 4 ofrecen ejemplos de las faltas que debían expiarse mediante un sacrificio. Se trata de actos cuya gravedad quizá no hubiéramos discernido si la Palabra, divina medida de la conciencia, no los hubiera condenado: por ejemplo, dejar de dar un testimonio, tener un contacto pasajero con lo impuro, proferir palabras ligeras. Hasta se puede ser culpable guardando silencio (v.
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Hanún, capítulo 10
La gracia de David no se dirige al remanente judío solamente. En el capítulo 10, se presenta a unos gentiles rebeldes. Moab y Amón, descendientes de Lot, formaban casi un solo pueblo, habiéndose sido siempre aliados, entre sí y con los enemigos de Israel, para perjudicar al pueblo de Dios.
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Hebrón, capítulo 2
Al mismo tiempo que pronuncia un lamento sobre Saúl y sobre Jonatán, David –lo hemos visto– tenía el propósito de enseñar a los hijos de Judá a servirse del arco. Hemos notado que el arco significa, para el creyente, la fuerza de Dios que solo se manifiesta en la dependencia. Al principio del capítulo 2, la conducta de David es la ilustración de esta verdad.
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Is-boset, capítulo 4
Este capítulo es el último de los que cuentan los preludios de la realeza de David. Satanás, el seductor, no se desanima en su obra malvada contra el ungido de Jehová y, rechazado una primera vez, no teme volver a la carga. En el capítulo 1 había ofrecido la corona a David por medio de un amalecita.
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Jesús lo ha hecho todo para darnos una plena seguridad
Un israelita escrupuloso siempre podía temer que algún pecado cometido por error se le hubiera olvidado. Y apenas acababa de traer un costoso sacrificio cuando una nueva infidelidad podía exigir otro. Hoy en día, a pesar de las certidumbres de la Palabra de Dios, muchos cristianos todavía viven con el mismo temor.
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Joab, capítulo 14
Hemos notado más arriba que el primer libro de Crónicas guarda silencio sobre los acontecimientos que nos ocupan. En nuestro relato, David no es figura de Cristo más que incidentalmente; representa más bien al remanente restaurado, que atraviesa la tribulación con la culpabilidad de la muerte del Justo.
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La caída
Dios es deshonrado por la caída de un creyente
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La caída, capítulo 11
Al leer este capítulo, un sentimiento de profunda humillación llena el corazón de todo hijo de Dios. Hace más de treinta siglos que ocurrieron estos hechos, pero treinta siglos transcurridos no impiden que Dios haya sido deshonrado por uno de sus siervos. El pecado puede haberse borrado, pero el ultraje hecho a Dios subsiste.
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La caída de David
Nos gustaría permanecer con las victorias del capítulo 10 y hacer caso omiso de lo que se presenta ahora. Porque, de parte del enemigo de las almas, David soporta la más cruel derrota de su existencia. No obstante, este triste relato se halla en el libro de Dios como solemne advertencia para cada uno de nosotros.
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La conciencia de David se despierta
Después de haber permanecido tanto tiempo dormida, la conciencia de David se sobrecoge por una profunda convicción de pecado. Y se da cuenta de que su crimen no solamente concierne a Urías y a su mujer, sino que es, en primer lugar, contra Jehová.
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