8 resultados
El camino hacia la gloria
Nos diferenciamos de todas las demás criaturas vivientes que nos rodean en la tierra en que estamos, de forma más o menos consciente, bajo la acción de Dios. Éste es el carácter distintivo del hombre. El Dios creador de todas las cosas lo ha hecho a su imagen.
Libro de @author

Orientación cristiana
¿A quién anunciamos la muerte del Señor, según 1 Corintios 11:26?
A toda la creación, o sea a todo ser inteligente. Es decir, a los hombres, ángeles, Satanás y sus demonios. No lo hacemos meramente por palabras, sino más bien por el hecho del partimiento del pan.
Artículo de @author
Vida Cristiana
¿Cabe deducir de Hebreos 9:28 que algunos santos no serán arrebatados cuando el Señor venga?
Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan(Hebreos 9:28)
Artículo de @author
Vida Cristiana
¿Cabe pensar que Judas estaba presente cuando el Señor instituyó la Cena?
Es imposible que Jesucristo dejara profanar, precisamente al instituirlo, el memorial de Sus padecimientos y de Su muerte.
Artículo de @author
Orientación cristiana
La importancia de la doctrina
Debe ser evidente a todo cristiano que reflexiona, la gran necesidad de mantener la pureza de doctrina.
Artículo de @author
Orientación cristiana
¿Podemos estar seguros de ir al cielo si morimos?
Muchos creyentes en el día de hoy no están seguros de ir al cielo si mueren. Están confiando en el mismo Salvador en que Pablo confió. ¿Estaba el seguro de ir al cielo cuando muriera?
Artículo de @author
Orientación cristiana
¿Qué es el hombre?
¿Evolución o creación?Hoy día son numerosos los verdaderos hombres de ciencia que ya no toman en serio la teoría de evolución. Lo que no impide que ésta sigue siendo enseñada en nuestros colegios y universidades con tan pocas pruebas como poca buena fe.
Artículo de @author
Orientación cristiana
Quisiera pedirle una breve explicación de los acontecimientos según 1 Corintios 15:23 y 24.
En 1 Corintios 15 tenemos, como se sabe, la resurrección del cuerpo, y el versículo en cuestión comprueba, el orden cronológico de la misma. El primer hombre que ha resucitado fue nuestro Señor Jesucristo. Este hecho testifica que él ha vencido la muerte. Entonces, él era solo para preparar el camino al Padre (Juan 14:1-3).
Artículo de @author
El Espíritu Santo en el creyente
Capítulo de @book, de @author
El favor de Dios
Capítulo de @book, de @author
El hombre
Capítulo de @book, de @author
La intercesión de Cristo
Por otra parte, en el lugar de gloria donde entró, nuestro Señor Jesucristo continúa en favor de los suyos su incansable actividad. “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios… intercede por nosotros” (Romanos 8:34). Ahí cumple la doble función de sumo sacerdote y de abogado.
Capítulo de @book, de @author
La salvación final
Creyentes, ante nosotros tenemos una última liberación. De los cielos “esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20-21).
Capítulo de @book, de @author
La salvación por la fe
Capítulo de @book, de @author
La víctima expiatoria
Capítulo de @book, de @author
La vida eterna
Capítulo de @book, de @author
A la imagen de Dios
Nos diferenciamos de todas las demás criaturas vivientes que nos rodean en la tierra en que estamos, de forma más o menos consciente, bajo la acción de Dios. Éste es el carácter distintivo del hombre. El Dios creador de todas las cosas lo ha hecho a su imagen. No se limitó a darle la existencia por medio de su palabra todopoderosa, sino que lo formó y sopló en él “aliento de vida”.
Sección del libro @book, de @author
Cristo, nuestro Abogado
“La sangre de Jesucristo su Hijo nos purifica de todo pecado”. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 1:7, 9; 2:1-2).
Sección del libro @book, de @author
Cristo, nuestro Sacerdote
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión (la fe que confesamos). Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Él jamás pecó) (Hebreos 4:14-15).
Sección del libro @book, de @author
El Cordero de Dios
Pero este libro de vida, en el cual haría falta estar inscrito para escapar a la condenación, en otro pasaje del Apocalipsis (13:8) lleva este nombre significativo: “El libro de la vida del Cordero que fue inmolado”.
Sección del libro @book, de @author
El Espíritu de adopción
Esta gloriosa posición de hijo de Dios tiene como consecuencia la recepción del Espíritu Santo: Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo (Gálatas 4:6).
Sección del libro @book, de @author
El poder
El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor. Desgraciadamente, no tarda en experimentar que en sí no tiene ninguna fuerza para llevar una vida santa y pura, de manera que el bien que quiere, no lo practica; el mal que no quiere, lo hace (Romanos 7:19).
Sección del libro @book, de @author
El sacrificio de la cruz
Si bien el amado Hijo del Padre vino como hombre a este mundo, no fue solamente para llevar una vida perfecta, toda ella para gloria de Dios, sino para cumplir por medio de su muerte la obra de nuestra salvación. Ningún hombre podía pagar el rescate por otros, estando él mismo ya condenado. Sólo Jesús podía pagarlo, y vino para hacerlo.
Sección del libro @book, de @author
El sello
“Dios… nos ha sellado” (2 Corintios 1:21-22). “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”; el Espíritu Santo “con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 1:13; 4:30). Dios ha puesto así su Espíritu sobre nosotros como un sello, una marca indeleble de que procedemos de Él y somos suyos por los siglos.
Sección del libro @book, de @author