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The Mackintosh Treasury

El arrebatamiento del profeta

Desde el momento en que Elías echa su manto sobre los hombros de Eliseo, podemos considerar su carrera profética como casi llegada a su fin.

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El arrepentimiento del hombre alegra el corazón de Dios

Desde que acabamos nuestra última nota, hemos estado muy interesados en la manera en que el arrepentimiento se presenta en esas singulares parábolas de Lucas 15. Aprendemos allí, de manera muy convincente y conmovedora, no solo la necesidad permanente y universal del arrepentimiento –la aptitud moral en cada caso de verdadero arrepentimiento–, sino también que es grato al corazón de Dios.

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El conocimiento de Dios es luz y vida

En lo que concierne a su condición natural, el lector se halla en un estado de tinieblas. No posee ni siquiera un rayo de luz espiritual. En el plano espiritual y moral, está igual que estaba físicamente la creación antes que saliese de los labios del Creador Todopoderoso la frase sublime e imperiosa: “Sea la luz”. Todo es oscuridad y caos, porque

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El creyente gime junto con la creación

Es muy probable que a algunos les resulte difícil conciliar la calma certeza expresada en el primer versículo de nuestro capítulo con el gemido del segundo versículo.

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El evangelio de Pablo

Pero debemos recordar que el bendito apóstol Pablo –el mayor evangelista que jamás haya existido, a excepción de su divino Maestro– no se limitó a este único aspecto; y tampoco debemos hacerlo nosotros. Él insistió enérgicamente en las demandas de la santidad divina. Llamó a los pecadores a juzgarse a sí mismos, y a los creyentes a subyugar la carne y negarse a sí mismos.

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El Evangelio en medio de una profesión hueca

Ahora bien, aquí es precisamente donde se manifiestan de una manera muy dolorosa la lamentable deficiencia y la culpable parcialidad de nuestra predicación moderna. El evangelio que uno oye a menudo hoy, es, si se nos permite expresarnos así, un evangelio carnal, terrenal, mundano. Ofrece cierta comodidad, pero es una comodidad carnal, mundana.

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El fracaso de todas las dispensaciones corrobora la incapacidad del hombre

Además, la Escritura no solo enseña la doctrina de la completa e irremediable ruina del hombre, de su incorregible mal, de su total impotencia para hacer el bien y de su invariable inclinación al mal, sino que también nos provee de un cúmulo de pruebas, absolutamente incontestables, en la forma de hechos e ilustraciones tomados de la historia actual del hombre, que demuestran la doctrina.

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El hecho mismo

Al entrar en este tema tan glorioso, creemos que lo mejor que se puede poner ante los ojos del lector es el testimonio claro de la Sagrada Escritura sobre el hecho mismo de que nuestro Señor Jesucristo vendrá de nuevo, que dejará el lugar que ocupa ahora en el trono de su Padre y vendrá en las nubes para acoger consigo a su pueblo, ejecutar juicio sobre los impíos y establecer su reino eterno y

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El hombre es ciego

¡Qué profundidad y plenitud hay en estas palabras! ¡Qué declaración tan completa de la condición del hombre! ¡Qué presentación tan bendita de los recursos de la gracia divina! Hay una armonía muy notable entre esta comisión encargada a Pablo y la que se les encargó a los doce en Lucas 24. Quizás se diga que no se hace mención alguna al arrepentimiento.

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El hombre está bajo el poder de Satanás

Además, el hombre –todo hombre, tanto judío como gentil–, no solo es ciego y está en la oscuridad, sino que, para colmo de todo, está también bajo el poder de Satanás. Esto da una idea terrible de la condición del hombre. Es esclavo del diablo. Él no lo cree.

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El hombre está en tinieblas

Pero hay todavía algo más. El hombre no solo es ciego, sino que está en “tinieblas”. Supongamos por un momento que una persona tiene su vista; ¿de qué le sirve si está en la oscuridad? En realidad es una doble afirmación sobre el estado del hombre y su posición: En cuanto a su estado, el hombre es ciego; y en cuanto a su posición, está en la oscuridad.

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El hombre solo puede ir a Dios si es forzado por el Espíritu Santo

Así pues, en cada volumen –por decirlo así– de la historia del género humano, en cada sección, en cada página, en cada párrafo, en cada línea, leemos acerca de su completa ruina, de su total alejamiento de Dios.

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El juicio

Hay algo peculiarmente penoso en el pensamiento de tener que entrar en conflicto, con tanta frecuencia, con las opiniones aceptadas generalmente en la Iglesia profesante. Parece presuntuoso contradecir, en tantos temas, todas las grandes pautas doctrinales y los credos de la cristiandad. Pero, ¿qué tiene que hacer uno?

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El lugar del arrepentimiento en la predicación

A los apóstoles de nuestro Señor y Salvador Jesucristo se les encargó especialmente predicar el arrepentimiento y el perdón de pecados (Lucas 24:47).

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El más laborioso de los apóstoles

Otro punto existe en la historia de Pablo, que debemos considerar brevemente, a fin de mostrar los resultados prácticos de la gracia de Cristo, dondequiera que esa gracia sea conocida. Esto lo presentará como el más laborioso de los apóstoles.

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El ministerio cristiano

Vamos a tratar, por último, el tema del ministerio cristiano, respecto al cual solo vamos a decir que sostenemos que es una institución divina: Su fuente, sus características y su poder son todos divinos y celestiales. Creemos que la gran Cabeza de la Iglesia, en su resurrección, recibió dones para su Cuerpo.

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El ministerio de Elías: imagen de la Iglesia como familia celestial

Aunque Elías el tisbita, como ya lo notamos, tenía un gran parecido con Juan el Bautista en cuanto al carácter de su ministerio, si lo contemplamos personalmente y consideramos su camino peregrino –desapegado de la tierra, y sobre todo su arrebatamiento al cielo–, constituye una notable imagen de la Iglesia o de la familia celestial.

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El ministerio de la reconciliación

Hay muchos otros puntos de interés y valor en este maravilloso capítulo; pero como ya debemos concluir este artículo, nos limitaremos a desarrollar, con la ayuda del Espíritu y de la forma más resumida posible, el tema específico de “El ministerio de la reconciliación”, hacia el cual dirigimos ahora la atención de nuestros lectores.

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El nuevo hombre es hechura de Dios

Si se necesitasen más pruebas sobre esta cuestión tan interesante, podemos leer los versículos 5-8 de este capítulo, donde el apóstol sigue diciendo: “Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.

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El objeto del cristiano

Aquí nuevamente vemos que el cristianismo nos coloca delante de Cristo solo. El hecho “de conocerle” (Filipenses 3:10) constituye la aspiración del verdadero cristiano. Si la posición del cristiano es “ser hallado en él”, “conocerle” constituye su único objeto, su única meta.

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El orgullo de Job

Pero Job necesitaba ser probado. Abrigaba en su corazón una profunda raíz moral que debía ser sacada a la luz; una justicia propia que debía salir a la superficie y ser juzgada. Podemos, en efecto, vislumbrar esta raíz en los versículos que acabamos de leer. Él dice: “Quizá habrán pecado mis hijos” (v. 5). No parece haber contemplado la posibilidad de que él mismo haya cometido algún pecado.

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El otro lado de la gran comisión: La muerte de Cristo y su efecto práctico en el cristiano

Esto es muy necesario, debido a la excesiva ligereza de nuestros corazones. Estamos muy dispuestos a recibir la verdad del perdón de los pecados, y a andar luego en un espíritu relajado, autocomplaciente y mundano, demostrando así cuán débilmente los sufrimientos de nuestro bendito Señor o la verdadera naturaleza del pecado han penetrado en nuestros corazones.

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El perdón que Dios ha otorgado

Dígame, pues, querido lector: ¿Está convencido acerca de este importante asunto del perdón de pecados? ¿Podría seguir dudando de la buena voluntad de Dios para perdonar, cuando él ha puesto ante usted, de una manera tal, el fundamento del perdón, la extensión del mismo y la manera en que perdona el pecado? ¿Podría todavía dudar cuando él hoy:

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El perdón que Dios ha otorgado

Antes de terminar, deseo preguntarle qué piensa ahora en cuanto a la base, la extensión y la manera en que Dios perdona. La base sobre la cual Dios perdona es tan estable como el mismo trono de Dios; la extensión de este perdón es infinita y la manera en que él es otorgado corresponde a todo lo que el corazón podría desear.

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