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Versículos 11-12
Primeramente somos exhortados a recordar que nuestra lucha no es contra carne y sangre. El diablo ciertamente puede servirse de hombres y mujeres para oponerse al creyente y negar la verdad, pero nosotros debemos mirar más allá de los instrumentos y discernir quién los utiliza.
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Versículos 11-12
El gran tema del capítulo 2 es la formación de la Iglesia en el transcurso del tiempo, considerando los designios de Dios para la eternidad.
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Versículos 11-13
Ya se nos advirtió de que no tengamos ninguna participación con los que hacen el mal; ahora somos exhortados a no tener ninguna participación en las obras de las tinieblas. Más bien debemos reprenderlas. Hablar de las cosas que la carne puede hacer en secreto es vergonzoso. La luz de Cristo reprueba el mal que ella manifiesta.
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Versículos 1-2
El apóstol nos dice que el hecho de ministrar la verdad que concierne a la Iglesia produjo un inmediato efecto: el que la proclamaba fue objeto del vituperio del mundo religioso.
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Versículos 1-2
El apóstol está a punto de revelar los grandes secretos de la voluntad y del propósito de Dios, y por ello puntualiza y les recuerda a los santos que él es “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios”. No es enviado por el hombre, como siervo del hombre, para exponer la voluntad del hombre.
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Versículos 12-13
Ahora, el apóstol deja de lado la revelación del misterio para describir en breves palabras el resultado práctico de dicha revelación. Estas maravillas, realmente admirables, aparecen ante nuestros ojos no con el simple objeto de ser admiradas. El misterio también produce resultados altamente prácticos cuando se lo comprende y aplica rectamente.
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Versículos 1-3
El capítulo comienza presentándonos un solemne cuadro de la posición y de la condición en la que el hombre había caído bajo la antigua creación. Los dos primeros versículos presentan la condición del mundo gentil; el versículo 3 introduce a los judíos en este solemne cuadro. “Nosotros”, judíos, dice el apóstol, “éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.
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Versículos 15-17
En tercer lugar, se nos exhorta a andar sabiamente. Después de haber aprendido, mediante los catorce primeros versículos, que la verdadera medida para un andar recto es la naturaleza de Dios, es decir, luz y amor, debemos sacar provecho de esta enseñanza y andar cuidadosamente “no como necios sino como sabios”.
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Versículos 17-19
Ahora el apóstol nos exhorta a que también nuestro andar individual se manifieste como conviene a aquellos que confiesan al Señor en un mundo malo. Él nos amonesta en el Señor, cuyo nombre confesamos, a que ya no andemos como los otros gentiles. Esto lo lleva a dar un cuadro sumario, pero vigoroso, de la condición del mundo gentil inconverso.
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Versículos 18-20
Después de describir la armadura y habernos advertido que nos revistamos de ella, el apóstol concluye exhortándonos a orar. Aunque la armadura es perfecta, no se nos ofrece para que seamos independientes de Dios. Puede usarse correctamente solo si lo hacemos con un espíritu de dependencia hacia Aquel que la proveyó.
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Versículos 18-21
La sabiduría dada por Dios conducirá a la sobriedad, en contraste con la excitación de la naturaleza. El mundo puede elaborar alguna estimulación pasajera que termina en excesos del mal, en disolución, pero el creyente tiene una fuente de gozo en su interior: el Espíritu Santo; y como tenemos el Espíritu, se nos exhorta a ser llenos de él.
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Versículos 19-22
Hasta aquí hemos contemplado a la Iglesia como Cuerpo de Cristo, pero en los caminos de Dios en la tierra también se la considera bajo otros aspectos, dos de los cuales se nos presentan en los últimos versículos de este capítulo. En primer lugar, la Iglesia es vista como un edificio que va creciendo para ser “un templo santo en el Señor”; seguidamente como “morada de Dios”.
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Versículos 20-21
Además, es un poder que no solo nos ha sido revelado en una declaración, sino que se puso de manifiesto en la resurrección de Cristo. El mundo y Satanás pudieron exhibir el más grande despliegue de su poder –el poder de la muerte– cuando clavaron a Cristo en la cruz.
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Versículos 20-24
En contraste con la vana e ignorante vida del mundo gentil, el apóstol presenta la vida que proviene del conocimiento “conforme a la verdad que está en Jesús”. Se ha señalado que el apóstol no dice: “Conforme a la verdad que está en Cristo”, porque esto significaría presentar delante de Dios a los creyentes y su posición en Cristo.
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Versículos 22-25
A la mujer creyente se la exhorta a permanecer sujeta en todo a su marido, y al marido creyente a amar a su mujer. Las exhortaciones especiales siempre tienen por objeto señalarle al individuo que las recibe la cualidad particular que no debe olvidar y que suele flaquear en él.
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Versículos 2-3
En estos versículos, el apóstol habla en resumen de lo que es el andar digno de nuestro llamamiento. Si cuando andamos lo hacemos conscientes de nuestros privilegios, como representantes de Cristo y manteniéndonos en la presencia del Espíritu, manifestaremos estos siete caracteres: humildad, mansedumbre, longanimidad, la cualidad de soportar, amor, unidad y paz.
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Versículos 26-27
Él obra, en su amor, a fin de presentarse a sí mismo, muy pronto, “una iglesia que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”.
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Versículos 27-32
Se nos previene que si obramos según la carne, ya sea al airarnos o de alguna otra manera, damos lugar al diablo. Pedro, a causa de su confianza en sí mismo, dio lugar para que el diablo lo hiciera negar al Señor.
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Versículos 28-30
Después de haber presentado de manera tan bendita la verdad referente a Cristo y la Iglesia, el apóstol vuelve a dar exhortaciones prácticas. Los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos, porque ambos están unidos en uno de manera tan real, que el marido puede considerar a su mujer como si fuera él mismo.
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Versículos 31-32
El marido que ama a su mujer se ama a sí mismo y dejará otras relaciones para unirse a su mujer. El apóstol cita el Génesis, pero establece expresamente que es un gran misterio “respecto de Cristo y de la iglesia”. Cristo, como Hombre, abandonó toda clase de relación con Israel según la carne para adquirir a su Iglesia.
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Versículos 3-4
Para que pudiésemos recibir la gran verdad que concierne a la Iglesia, basados en la autoridad divina, el apóstol explica cuidadosamente que adquirió el conocimiento del “misterio” de la Iglesia no mediante comunicaciones de hombres, sino por directa revelación de Dios, por lo cual dice: “Por revelación me fue declarado el misterio”.
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Versículos 4-6
Naturalmente surge una importante pregunta: ¿cuál es el pensamiento del Espíritu, que debemos esforzarnos en guardar? Tenemos la respuesta en los versículos 4 a 6. El pensamiento del Espíritu se nos presenta en estas siete unidades: un cuerpo, un Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo y un Dios y Padre de todos.
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Versículos 5-9
Para que el siervo cristiano obedezca a un amo terrenal, es necesario que tenga un corazón recto para con Cristo. Podrá servir “de buena voluntad” a su amo terrenal, únicamente si lo hace como siervo de Cristo, buscando de corazón hacer la voluntad de Dios. Lo que haga de buena voluntad para el Señor, tendrá su recompensa.
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Versículos 8-10
En segundo lugar, en otro tiempo éramos tinieblas, mientras que ahora somos luz en el Señor. Esto no significa simplemente que estábamos en la oscuridad, sin conocer a Dios, sino que nos caracterizábamos por tener una naturaleza que es tinieblas, la cual se complace en todo lo que es contrario a Dios.
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