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El sacrificio por el pecado, el holocausto y el presente de flor de harina

Agregar algo quizá podría estropear este cuadro que nos parece perfecto; pero descubrimos que faltan aún algunas pinceladas para completar su perfección. He aquí una: “Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia” (v. 19). ¡Qué obra completa y perfecta realizó nuestro Salvador en la cruz del Calvario!

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El servicio pastoral

Como lo vemos en Ezequiel 34, el rebaño del Señor no está compuesto solamente por ovejas sanas y fuertes que asimilan rápidamente las enseñanzas de la Palabra. Muchas están enfermas, heridas o extraviadas. Los pastores son llamados a imitar el ejemplo del Pastor:

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Elementos de la ofrenda vegetal

La flor de harina

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En presencia del sacerdote

“Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca… será traído a Aarón el sacerdote”. Quisiera llamar la atención sobre la orden dada en este texto: “Será traído a Aarón el sacerdote”. Es terminante y formal; la encontramos nuevamente en el capítulo 14:2.

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Fuera de su tienda

Limpio, rasurado, lavado, el leproso puede volver al campamento; ¡qué hermoso día para él! ¿No nos recuerda esto la declaración apostólica: Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo? (Efesios 2:13).

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Gravedad del mal

“Si… pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne…” (Levítico 13:3). No es, pues, solamente un mal superficial el que ha atacado. Es mucho más hondo: su raíz está en nuestro corazón. Y a ese corazón el Sumo Sacerdote lo ha declarado: “Engañoso… más que todas las cosas, y perverso”; (Jeremías 17:9).

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Guardar

1 Timoteo 1:19 hace énfasis sobre guardar la fe y una buena conciencia. En el capítulo 6:13-14 el apóstol dice: “Te mando... que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo”. Con toda la seriedad de la autoridad apostólica, Pablo da una orden. La revelación divina que nos es confiada es, bajo este aspecto, un “mandamiento”.

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Huye y sigue

En 1 Timoteo 6:11 encontramos la exhortación: “Huye de estas cosas”. ¿De qué cosas se trata? En ese contexto son las cuestiones y contiendas de palabras, las vanas discusiones, el peligro de hacer de la piedad una fuente de ganancias y, sobre todo, el amor al dinero, raíz de toda clase de males. Luego viene el correlativo:

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¡Inmundo, inmundo!

Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada (v. 45-46).

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La conversión

Que el trabajo de Dios se haya hecho en Timoteo es una consecuencia de 2 Timoteo 3:14-15: desde la infancia había “conocido” las Sagradas Escrituras, las cuales tenían el poder de hacerlo sabio para la salvación mediante “la fe que es en Cristo Jesús”. Luego había “aprendido”, quizás de la misma boca de Pablo, todo lo concerniente al Evangelio y a las verdades relacionadas con él.

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La corona

Para gozar de la gloria, primeramente Cristo tuvo que sufrir. “Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Timoteo 2:12). Pablo ya había dicho a los romanos: “Si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17). Se pasa por el sufrimiento en el servicio del Señor, pero también en las diversas circunstancias de la vida.

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La enseñanza

Esta se ejerce esencialmente hacia los creyentes. El mensaje del Evangelio es dirigido a los incrédulos; pero la enseñanza doctrinal de la Palabra solo puede ser comprendida por aquellos que tienen el Espíritu de Dios. “El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

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La familia

Nos es dicho claramente que la madre de Timoteo, Eunice, era una “judía creyente”. La misma “fe no fingida” ya habitaba en su abuela Loida. Dos mujeres criadas en el judaísmo, las cuales tenían la misma fe en Dios que Pablo, quien servía a Dios desde sus “mayores” (2 Timoteo 1:3), es decir, la fe de un judío piadoso según las Escrituras del Antiguo Testamento.

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La fiesta de los Tabernáculos a través de los tiempos

Al llegar a Canaán, muy pronto Israel olvidó que había sido extranjero en Egipto y peregrino en el desierto. En realidad, solo tres veces encontramos la fiesta de los Tabernáculos celebrada según la ordenanza.

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La gravedad del pecado

Dios no deja pasar nada por alto. Puede perdonar y purificar todo, pero no puede dejar pasar nada. El pecado, escondido a los ojos de aquel que lo ha cometido, no está oculto a los ojos de Dios. Moisés declara a las dos tribus y media que si no van a la conquista del país de Canaán:

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La levadura y la miel

Ambas estaban excluidas de la ofrenda vegetal.

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La llaga de lepra

Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes (Levítico 13:1-2).

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La necesidad del sacrificio

En el Antiguo Testamento, numerosas figuras nos hablan de la muerte de Cristo. Todas tienen algo en común. Ante todo no son un ejemplo de amor o de devoción, sino que presentan una vida ofrecida en lugar de otra.

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La ofrenda de aves

Ésta es una ofrenda más humilde todavía. No obstante, el adorador ha querido acercarse. Trae lo que puede según sus recursos, una ofrenda que tenía algunos defectos, de la cual hacía falta quitar “el buche y las plumas”, “con la suciedad que contenga” (v. 16, V. M.). No era el adorador quien degollaba y desollaba; el sacerdote lo hacía todo.

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La ofrenda del rebaño

No todos los israelitas llevaban un becerro; aquellos que eran demasiado pobres se contentaban con una oveja o una cabra. Muchos detalles de los versículos 10 a 13 corresponden al párrafo precedente, pero algunos rasgos faltan.

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La parte de Dios

Como siempre, la ofrenda debía ser sin defecto. La sangre era rociada alrededor del altar. Incluso cuando no se trata de perdón ni de aceptación, la sangre de Cristo guarda todo su valor ante Dios, sea cual fuere el aspecto bajo el cual se considere la obra de su Hijo. Él es la eterna base de nuestra relación con Dios.

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La parte de Dios en la ofrenda

“Tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso” (Levítico 2:2). Durante toda su vida, Cristo era una ofrenda a Dios. Adán, en su inocencia, había gozado de los favores de Dios. Le daba o debería haberle dado gracias, pero en sí mismo él no era una ofrenda a Dios.

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La parte de los sacerdotes

El pecho, ofrecido junto con la grosura, mecido ante Dios, era comido después por Aarón y sus hijos. El pecho nos habla del amor de Cristo que excede a todo conocimiento, según la oración de Efesios 3:19.

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La parte de los sacerdotes

Todo lo que quedaba era para ellos. Podían nutrirse de esta perfecta ofrenda, pero debían hacerlo en un lugar santo, aparte de los pensamientos y de los ruidos del mundo, siempre recordando que “es cosa santísima” (v. 3, 10).

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