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Versículos 1-2
El apóstol está a punto de revelar los grandes secretos de la voluntad y del propósito de Dios, y por ello puntualiza y les recuerda a los santos que él es “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios”. No es enviado por el hombre, como siervo del hombre, para exponer la voluntad del hombre.
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Versículos 12-13
Ahora, el apóstol deja de lado la revelación del misterio para describir en breves palabras el resultado práctico de dicha revelación. Estas maravillas, realmente admirables, aparecen ante nuestros ojos no con el simple objeto de ser admiradas. El misterio también produce resultados altamente prácticos cuando se lo comprende y aplica rectamente.
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Versículos 1-3
El capítulo comienza presentándonos un solemne cuadro de la posición y de la condición en la que el hombre había caído bajo la antigua creación. Los dos primeros versículos presentan la condición del mundo gentil; el versículo 3 introduce a los judíos en este solemne cuadro. “Nosotros”, judíos, dice el apóstol, “éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.
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Versículos 15-17
En tercer lugar, se nos exhorta a andar sabiamente. Después de haber aprendido, mediante los catorce primeros versículos, que la verdadera medida para un andar recto es la naturaleza de Dios, es decir, luz y amor, debemos sacar provecho de esta enseñanza y andar cuidadosamente “no como necios sino como sabios”.
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Versículos 17-19
Ahora el apóstol nos exhorta a que también nuestro andar individual se manifieste como conviene a aquellos que confiesan al Señor en un mundo malo. Él nos amonesta en el Señor, cuyo nombre confesamos, a que ya no andemos como los otros gentiles. Esto lo lleva a dar un cuadro sumario, pero vigoroso, de la condición del mundo gentil inconverso.
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Versículos 18-20
Después de describir la armadura y habernos advertido que nos revistamos de ella, el apóstol concluye exhortándonos a orar. Aunque la armadura es perfecta, no se nos ofrece para que seamos independientes de Dios. Puede usarse correctamente solo si lo hacemos con un espíritu de dependencia hacia Aquel que la proveyó.
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Versículos 18-21
La sabiduría dada por Dios conducirá a la sobriedad, en contraste con la excitación de la naturaleza. El mundo puede elaborar alguna estimulación pasajera que termina en excesos del mal, en disolución, pero el creyente tiene una fuente de gozo en su interior: el Espíritu Santo; y como tenemos el Espíritu, se nos exhorta a ser llenos de él.
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Versículos 19-22
Hasta aquí hemos contemplado a la Iglesia como Cuerpo de Cristo, pero en los caminos de Dios en la tierra también se la considera bajo otros aspectos, dos de los cuales se nos presentan en los últimos versículos de este capítulo. En primer lugar, la Iglesia es vista como un edificio que va creciendo para ser “un templo santo en el Señor”; seguidamente como “morada de Dios”.
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Versículos 20-21
Además, es un poder que no solo nos ha sido revelado en una declaración, sino que se puso de manifiesto en la resurrección de Cristo. El mundo y Satanás pudieron exhibir el más grande despliegue de su poder –el poder de la muerte– cuando clavaron a Cristo en la cruz.
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Versículos 20-24
En contraste con la vana e ignorante vida del mundo gentil, el apóstol presenta la vida que proviene del conocimiento “conforme a la verdad que está en Jesús”. Se ha señalado que el apóstol no dice: “Conforme a la verdad que está en Cristo”, porque esto significaría presentar delante de Dios a los creyentes y su posición en Cristo.
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Versículos 22-25
A la mujer creyente se la exhorta a permanecer sujeta en todo a su marido, y al marido creyente a amar a su mujer. Las exhortaciones especiales siempre tienen por objeto señalarle al individuo que las recibe la cualidad particular que no debe olvidar y que suele flaquear en él.
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Versículos 2-3
En estos versículos, el apóstol habla en resumen de lo que es el andar digno de nuestro llamamiento. Si cuando andamos lo hacemos conscientes de nuestros privilegios, como representantes de Cristo y manteniéndonos en la presencia del Espíritu, manifestaremos estos siete caracteres: humildad, mansedumbre, longanimidad, la cualidad de soportar, amor, unidad y paz.
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Versículos 26-27
Él obra, en su amor, a fin de presentarse a sí mismo, muy pronto, “una iglesia que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”.
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Versículos 27-32
Se nos previene que si obramos según la carne, ya sea al airarnos o de alguna otra manera, damos lugar al diablo. Pedro, a causa de su confianza en sí mismo, dio lugar para que el diablo lo hiciera negar al Señor.
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Versículos 28-30
Después de haber presentado de manera tan bendita la verdad referente a Cristo y la Iglesia, el apóstol vuelve a dar exhortaciones prácticas. Los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos, porque ambos están unidos en uno de manera tan real, que el marido puede considerar a su mujer como si fuera él mismo.
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Versículos 31-32
El marido que ama a su mujer se ama a sí mismo y dejará otras relaciones para unirse a su mujer. El apóstol cita el Génesis, pero establece expresamente que es un gran misterio “respecto de Cristo y de la iglesia”. Cristo, como Hombre, abandonó toda clase de relación con Israel según la carne para adquirir a su Iglesia.
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Versículos 3-4
Para que pudiésemos recibir la gran verdad que concierne a la Iglesia, basados en la autoridad divina, el apóstol explica cuidadosamente que adquirió el conocimiento del “misterio” de la Iglesia no mediante comunicaciones de hombres, sino por directa revelación de Dios, por lo cual dice: “Por revelación me fue declarado el misterio”.
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Versículos 4-6
Naturalmente surge una importante pregunta: ¿cuál es el pensamiento del Espíritu, que debemos esforzarnos en guardar? Tenemos la respuesta en los versículos 4 a 6. El pensamiento del Espíritu se nos presenta en estas siete unidades: un cuerpo, un Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo y un Dios y Padre de todos.
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Versículos 5-9
Para que el siervo cristiano obedezca a un amo terrenal, es necesario que tenga un corazón recto para con Cristo. Podrá servir “de buena voluntad” a su amo terrenal, únicamente si lo hace como siervo de Cristo, buscando de corazón hacer la voluntad de Dios. Lo que haga de buena voluntad para el Señor, tendrá su recompensa.
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Versículos 8-10
En segundo lugar, en otro tiempo éramos tinieblas, mientras que ahora somos luz en el Señor. Esto no significa simplemente que estábamos en la oscuridad, sin conocer a Dios, sino que nos caracterizábamos por tener una naturaleza que es tinieblas, la cual se complace en todo lo que es contrario a Dios.
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Versículos 8-9
Todo se llevará a cabo por la gracia de Dios, y toda bendición que gozamos es don de Dios. Incluso la fe por medio de la cual recibimos la salvación es don de Dios. Las obras del hombre no hallan cabida para asegurarse esta bendición; todo es de Dios y, por consecuencia, no hay lugar para la vanagloria del hombre.
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Versículos 8-9
Aquí vemos no solamente que Dios nos ha destinado para la bendición en la que seremos introducidos en el futuro; y no solamente que poseemos la redención de nuestras almas y el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia, sino también que esta misma gracia abundó para con nosotros a fin de que en el presente podamos tener el conocimiento de Su propósito.
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Versículos 9-10
Estos dos versículos son parentéticos y se introducen para demostrar la grandeza de la victoria de Cristo. En la cruz Él descendió hasta el lugar más bajo en que el pecado puede colocar a un hombre. Y desde ese abismo donde, como Sustituto, fue hecho pecado, subió al lugar más elevado en el que un hombre puede ser colocado: la diestra de Dios.
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Versículos 9-11
La predicación del Evangelio daba lugar a la segunda parte del servicio de Pablo, el cual consistía en aclarar a todos el misterio, en dar a conocer a todos los hombres de qué manera, de eternidad a eternidad, se lleva a cabo el designio de Dios en el curso del tiempo mediante la formación de la Iglesia en la tierra, y así revelar lo que hasta entonces había permanecido escondido en Dios desde
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