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¿Fue revelada la Iglesia en el Antiguo Testamento?

No. El misterio de Cristo y la Iglesia “no se dio a conocer” (Efesios 3:5) en el Antiguo Testamento. Al apóstol Pablo le fue encomendada la tarea de comunicar este misterio (v. 2, 7-8). El Antiguo Testamento solo presenta tipos de la Iglesia (por ejemplo, Rebeca). Pero sin la luz del Nuevo Testamento nadie podría reconocer en estas figuras la verdad de la Iglesia.

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¿Hay alguna solución?

Sí, la hay. Para comprender cuál es exactamente la solución, debemos tener en cuenta que Dios es un juez justo, es santo y aborrece el pecado. Conoce a cada uno de nosotros y nuestros pecados. Solo hay dos opciones. Dios tiene que condenarlo, o usted tiene que llegar a ser “justo” delante de Él. Para ver cómo puede ser posible esto, lea las siguientes respuestas.

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¿Hay contradicciones en la Biblia?

La Biblia pone al hombre en la luz de Dios. Esta es la razón por la cual el hombre natural aborrece este libro y trata de hallar contradicciones en él. Sin embargo, el 90 % de las supuestas contradicciones surgen a causa de la ignorancia, de malas intenciones o de ambas cosas.

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¿Hay otras referencias bíblicas que demuestren que Cristo es Dios?

¡Sí, muchas! La Biblia no deja lugar a dudas en cuanto a que Cristo es Dios. Por ejemplo, consideremos lo siguiente:

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Hebreos 13:13-14

En el principio, la Iglesia estaba constituida por un pequeño número de creyentes que tenía la belleza moral de la misma. Y, si queremos percatarnos realmente de lo que es la situación actual y sacar las consecuencias de ello, precisamos nada menos que volver a ese principio de la Historia de la Iglesia tal como nos lo describen los primeros capítulos del libro de los Hechos.

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¿Inspiró Dios las palabras o simplemente los conceptos?

Dios dio las palabras. Pablo afirma que los apóstoles hablaron “palabras” enseñadas por el Espíritu (1 Corintios 2:13). Este principio regía en los primeros tiempos: Dios dijo del verdadero profeta: “Pondré mis palabras en su boca” (Deuteronomio 18:18-20). Moisés, al final del Deuteronomio, dice: “Estas son las palabras del pacto que Jehová mandó a Moisés” (cap. 29:1).

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Introducción

El tema propuesto hoy para nuestra meditación interesa en alto grado a nuestra 

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Jeremías 15

Podremos ser útiles a alguien que se halle en un lugar como Tiatira y que verdaderamente posea la vida de Dios, pero podría ser que fuésemos en contra del pensamiento de Dios si le constriñésemos a dejar ese lugar; no sabemos cuál sea el propósito de Dios respecto a eso.

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Jesús nos libera de la culpabilidad

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).

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Jesús nos libera de la ley como medio de ser justificado

El fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree (Romanos 10:4).

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Jesús nos libera de nosotros mismos

Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallar (Mateo 16:24-25).

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Jesús nos libera del mal

La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:2).

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Jesús nos libera del mundo y de Satanás

Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4). “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

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Jesús nos libera para conocer a Dios como nuestro Padre y a Jesús como nuestro Señor

Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios… (Gálatas 4:6-7).

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Jesús nos libera para estar al servicio de los demás

A libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros (Gálatas 5:13).

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Jesús nos libera para hacer el bien

El Dios de paz… os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos (Hebreos 13:20-21).

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Jesús nos libera para ser conducidos por el Espíritu

Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (2 Corintios 3:17)

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Justificado, hijo muy amado

El creyente, lavado de sus pecados, nacido de nuevo, se encuentra a partir de entonces en una posición muy segura. Es liberado de la culpabilidad que pesaba sobre él, pero, más aún, es justificado positivamente, declarado justo.

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La alabanza y la adoración

Centrarse sólo en Dios Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15).

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¿La Biblia es verdaderamente inspirada por Dios?

Sí. Un solo pasaje, entre muchos, basta para confirmar esta verdad (seguiremos tratando el tema más adelante): “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16).

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La caída, la muerte, el juicio

La criatura sólo puede estar en una relación de dependencia respecto a su creador. La Biblia nos dice que al primer hombre Dios sólo le prohibió una cosa. Puesto en Edén, un jardín de delicias, Adán disponía libremente de todo, salvo del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, del cual no debía comer bajo pena de muerte.

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La confesión y la humillación

Hablar a Dios de nuestros pecados Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).

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La espera en Dios

Abrir nuestro corazón a Dios Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová (Lamentaciones 3:25-26).

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La expiación

Durante tres horas las tinieblas envolvieron la tierra y, en el aislamiento de esta obscuridad, el Salvador padeció todo lo que merecían los pecados de los cuales voluntariamente se había hecho cargo. Dice proféticamente:

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