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La profesión de Orfa
No obstante, el hecho de apartarse de una posición errónea y proponerse volver a una posición correcta no implica necesariamente un ejercicio real en el corazón de todos los que dan ese paso.
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La prueba por el hambre
Desde el punto de vista individual, un período de hambre es un período de prueba para el creyente. El hambre es una prueba de nuestra fe. Elimelec vivía en el país que Dios había asignado a Israel. Allí se encontraban el tabernáculo, los sacerdotes y el altar, pero en los caminos gubernamentales de Dios, el hambre también.
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La restauración de Noemí
Esta parte de la historia de Rut termina naturalmente con el recibimiento del alma restaurada.
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La santificación
Esta presencia del Espíritu Santo en el creyente impone una separación práctica del mal. ¿“Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:19-20).
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La unción
Dios nos ha ungido con el Espíritu como con un aceite de consagración para servirle, para conocer las cosas profundas de Dios, para recibir y comunicar sus pensamientos (2 Corintios 1:21; 1 Corintios 2:10-15; 1 Juan 2:20, 27).
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Las arras
Dios “nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”. “Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu” (2 Corintios 1:22; 5:5). El Espíritu Santo de la promesa “que es las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:14). El Espíritu Santo, en nuestros corazones, es a la vez una garantía y un anticipo de nuestras futuras bendiciones en la gloria.
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Los caminos de gracia y de verdad
En Booz vemos no solo una imagen de las glorias de nuestro gran Redentor, sino también una exposición magnífica de sus caminos de gracia hacia cada uno de nosotros. Es nuestro privilegio, además de aprender a conocer la verdad concerniente a su persona y su obra, experimentar sus cuidados llenos de gracia, que nos hacen profundizar este conocimiento.
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Los siervos del Señor
Los segadores y los criados también son útiles para Rut. Son mencionados en los versículos 4, 5-7 y 9 de nuestro capítulo. Estos siervos de Booz ofrecen una imagen real de las cualidades requeridas de los siervos del Señor que se dedican al ministerio para ayudar a los hijos de Dios.
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Nacido de nuevo
En efecto, Dios no se contenta con borrar los pecados cometidos por nuestra vieja naturaleza –a la que su Palabra llama “la carne”, y que no puede producir otra cosa que el mal– sino que nos da otra vida, otra naturaleza. Hay un nuevo nacimiento operado por la Palabra –simbolizada por el agua– y por el Espíritu Santo.
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¿No forman estos cristianos una nueva denominación?
Al volver a lo que se ha oído desde el principio, estos creyentes no forman una nueva denominación, sino que desean llevar a cabo en obediencia a la Palabra y a la voluntad de Dios, la unidad de los hijos de Dios en el vínculo de la paz (véase Efesios 4:3).
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¿Por qué no tienen un nombre distintivo?
Una designación particular es absolutamente condenada por la Biblia: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído” (1 Corintios 3:4-5). “Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26).
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¿Qué doctrina tienen estos cristianos?
Ellos tienen única y exclusivamente la doctrina de la Palabra de Dios. Reconocen que la Biblia (el Antiguo y el Nuevo Testamento) es en su totalidad la Revelación dada por Dios. Esta Palabra debe ser la única base de sus enseñanzas y la única guía para todos los asuntos de su vida.
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¿Qué había en el principio?
Los primeros cristianos se reunían en el nombre de Jesús según Su palabra: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos "(Mateo 18:20). En el transcurso de los siglos esta cita a menudo ha sido interpretada de una manera no conforme a la Palabra de Dios.
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¿Quiénes son esos cristianos?
Son hombres y mujeres que han venido a la cruz con sus pecados; personas que han encontrado en Jesús el perdón, la paz y la vida eterna. En ellas el Espíritu de Dios ha producido una vida nueva, la vida de Dios, por medio de su Palabra. No sólo llevan el nombre de cristianos, sino que verdaderamente han nacido de nuevo.
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Salgamos, pues, a él, fuera del campamento
En realidad no hemos sido llevados a cosas visibles, terrenales, ni a valores mundanos. El tiempo de servir en el Tabernáculo erigido por el hombre ha pasado. Las figuras han cedido su lugar a la realidad.
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Solo Cristo satisface el corazón
Espigar en los campos de Booz y recibir las bendiciones de sus propias manos, por más justo y feliz que sea, no puede dar entera satisfacción ni perfecto reposo al corazón de Booz ni al de Rut. Nada puede dar reposo al corazón excepto la posesión del ser amado. Por tal razón, en el capítulo 3, Rut busca granjearse el afecto de Booz, y Booz no ahorra esfuerzos para hacer suya a la joven.
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¿Son mejores que otros?
No, estos cristianos en sí no son mejores. Alaban a Dios, quien por gracia los ha salvado, los guarda y restaura cuando han pecado. Saben que “la carne”, la vieja e incorregible mala naturaleza, todavía mora en ellos y que pueden deshonrar mucho a su Señor por falta de vigilancia.
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Una vida nueva
La fe en el Señor Jesús, “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25), nos asegura no solamente que estamos al abrigo del juicio, que no pereceremos, sino también que desde ahora tenemos la vida eterna.
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Versículo 1
En esta parte de la epístola, los creyentes son contemplados no solo como aquellos que reconocen que hay un solo Dios, sino como aquellos que están en relación con Él, como hijos suyos. Todo el pasaje nos exhorta a andar como es propio que lo hagan los hijos. La conjunción “pues” del primer versículo vincula este pasaje con el último versículo del capítulo anterior.
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Versículo 1
El apóstol había sufrido persecución y prisiones a causa del testimonio que daba acerca de la gracia de Dios para con los gentiles y la gran verdad del misterio de la Iglesia, compuesta por creyentes de origen judío y de origen gentil constituidos en un solo cuerpo y unidos a Cristo como Cabeza.
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Versículo 10
Esto nos conduce a otra verdad. No solo que nuestras obras están excluidas –porque Dios lo ha hecho todo– sino que también nosotros somos hechura suya y, como tales, formamos parte de una nueva creación en Cristo Jesús. Las obras de la ley están excluidas como medio de salvación; sin embargo, ello no debe hacernos inferir que las obras no tienen lugar en la vida cristiana.
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Versículo 11
Como Cristo destruyó el poder del enemigo que nos mantenía en la esclavitud, y llevó cautiva la cautividad, obra con poder y se sirve de los hombres como instrumentos de Su poder. Esto no quiere decir simplemente que Él da los dones y nos deje repartirlos entre nosotros, sino que da ciertos hombres para ejercer los dones.
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Versículo 12
Después de haber hablado de los dones, el apóstol coloca ante nosotros los tres grandes objetos para los que fueron dados estos dones. En primer lugar, son concedidos para “perfeccionar a los santos”, es decir, para que cada creyente individualmente sea establecido en la verdad. En segundo lugar, son dados “para la obra del ministerio”, lo que abarca toda forma de servicio.
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Versículo 13
En esta lucha, una armadura humana no sirve para nada. Sólo “la armadura de Dios” hará que podamos resistir al diablo. En esta lucha no sirven ni los recursos humanos, ni las capacidades naturales, ni la fuerza del carácter natural. La confianza en tal armadura puede conducirnos a reñir combate al enemigo, pero solamente para sufrir una derrota.
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