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La iglesia dirigiéndose a Dios

En el ejercicio de esas funciones colectivas, entre las preciosas prerrogativas de la Asamblea de Dios que hemos considerado precedentemente, la oración colectiva y la adoración colectiva representan las actividades por las cuales la asamblea se dirige a Dios, le habla a Dios.

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La libertad y la dependencia

Séanos aun permitido insistir sobre este punto. La ausencia de clero y de ministerio oficial no significa, de ninguna manera, una especie de democracia religiosa donde cada uno tiene todos los derechos. Nadie tiene derechos sobre sus hermanos, pero cada uno tiene deberes que el Señor le asigna.

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La oración

Es la oración en común o colectiva la que, en Mateo 18, se halla asociada a la promesa de la presencia de Jesús, y esto le da su valor. Por eso es inconcebible que una asamblea local no tenga reuniones de oración, lo mismo que un creyente no ore individualmente. Sería negarse a venir a la fuente.

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Las divisiones

Nada hay más sencillo, en verdad, que el principio del funcionamiento de una asamblea fundada sobre la unidad del Cuerpo de Cristo. Su aplicación, en cambio, ha llegado a ser de las más delicadas en la actual confusión eclesiástica.

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Las reuniones de edificación

Cuando la asamblea se halla reunida para la edificación, el Señor es quien da. Obra por medio de los “dones” calificados para ello. Estos son llamados a ser, no la boca de la asamblea, con igual privilegio que los demás, para hablar a Dios, sino la de Dios para hablar a la asamblea (1 Pedro 4:11). Esta acción puede ejercerse en todas las reuniones.

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Le daré la vuelta a la página y empezaré de nuevo

Aunque tan solo pudiera doblar la página y empezar otra vez, ¿qué de los pecados de antes? A un niño en la escuela se le regó la tinta en la página de un libro. Rápidamente pasó a una página limpia y decidió tener más cuidado en el futuro. Pero la mancha quedó ahí y cuando la maestra la vio, lo castigó.

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Lo que permanece

Lo que tienen que hacer los creyentes de hoy es obedecer a la Palabra tal como hicieron los primeros cristianos, aquella Palabra que los apóstoles, ya desaparecidos desde hace mucho tiempo, dejaron transmitida fielmente según la inspiración divina que habían recibido.

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Los cargos

El Nuevo Testamento habla repetidas veces de hermanos llamados a ocuparse de la iglesia o asamblea local como “ancianos” u “obispos” (vigilantes, supervisores, sobreveedores), y como servidores o “diáconos” (Hechos 11:30; 14:23; 20:17, 28; Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3; Tito 1; 1 Pedro 5:1; Santiago 5:14, y también Hebreos 13:17).

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Los comienzos

La formación de la Iglesia empezó el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo, descendiendo sobre la tierra, llenó de sí mismo a los apóstoles. Pedro fue el primero que recibió la potencia para anunciar el Evangelio que proclama la resurrección y la gloria de Jesús.

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Los dones espirítuales

La Iglesia o Asamblea no podría, en efecto, vivir sin el ejercicio de lo que la Palabra llama los “dones espirituales” (o de gracia).

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Mis pecados no me preocupan lo suficiente

Muchas personas, cuando ven que son culpables delante de Dios, se ocupan de lo que sienten. Sin embargo, la salvación no depende de lo que uno sienta. No tenemos que «sentir» nada para ser salvos. Deje de pensar en su inquietud. Más bien pregúntese: ¿Quiere Dios salvarme ahora?

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No creo que me haya arrepentido lo suficiente

La Biblia dice que, a no ser que nos arrepintamos, pereceremos (Lucas 13:3). ¿Significa esto que usted debe alcanzar cierto grado de arrepentimiento para ser perdonado?

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¿No es un atrevimiento decir que uno es salvo?

¿Cree a Dios? Él dice por medio del apóstol Juan: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios (Jesús), para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

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No importa lo que crea, siempre que sea sincero

He aquí lo siguiente: un hombre, al sentirse mal, fue a buscar medicamento. Pero, por equivocación, tomó un frasco de veneno e ingirió algo de su contenido. Una hora más tarde murió sufriendo terribles dolores. ¿Se salvó porque creía que era medicamento? Estaba realmente equivocado y, como consecuencia, murió.

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No me siento salvo

Nunca se nos pide que «nos sintamos salvos», sino solo que creamos en la Palabra de Dios. Nuestros pecados serán perdonados una vez que confiemos en Cristo como nuestro Salvador. En el ejemplo anterior del hombre por el que alguien pagó una gran suma de dinero, aquél no sintió que se había pagado la deuda. Lo sabía porque tenía el recibo y eso le alegraba.

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No puedo amar a Dios

Para lograr el perdón de sus pecados, algunas personas se esfuerzan mucho en amar a Dios. Sin embargo, se dan cuenta de que realmente no pueden.

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No puedo dejar los placeres del mundo

Hasta que usted sea salvo, Dios no le pide que deje los placeres del mundo. El deseo de Dios es que reciba por fe a Cristo en su corazón, y luego Él le salvará tanto del castigo como del poder del pecado. Dios quiere salvarle ahora mismo, tal como es. No tiene que dejar el mundo antes de convertirse.

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No quiero ser triste y melancólico

Algunas personas piensan que los cristianos tienen caras largas y vidas tristes. Esta es una de las mentiras más grandes de Satanás. La verdadera y duradera felicidad es la parte de todo cristiano. ¿Puede entristecerme saber que mis pecados están perdonados y que voy a pasar la eternidad con el Señor Jesús en el cielo?

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¿No son suficientes las buenas obras?

Cuando se dice que Dios salva por gracia, “por medio de la fe… y no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8, 9), la gente piensa que los cristianos no creen en las buenas obras. Esto es un error. La Biblia nos muestra que una persona que no ha sido salvada no puede agradar a Dios con sus buenas obras.

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¿No tengo que orar para ser salvo?

En ninguna parte de la Biblia se nos dice que la gente se salva por orar mucho, sino simplemente por tener fe en la obra que el Señor Jesucristo cumplió. Usted no necesita suplicarle al Señor que lo salve. Él es quien está rogándole que acepte la salvación (2 Corintios 5:20; Apocalipsis 3:20).

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Nunca en mi vida le he hecho mal a nadie

¿Quiere usted decir que nunca ha tenido un mal pensamiento, ni ha mentido, ni ha tratado de engañar a nadie? ¿Ha amado a Dios con todo el corazón, alma, fuerza y mente? ¿Ha amado a otros como a usted mismo? Esta es la perfección que Dios requiere (Lucas 10:26-37). Por supuesto, nadie puede vivir una vida tan perfecta.

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Para resumir

1. Si no queremos ser una secta, jamás debemos perder de vista la «unidad del Cuerpo» de Cristo, proclamada en la Mesa del Señor. Al mismo tiempo, sintiendo con dolor el estado actual de la cristiandad –a la cual pertenecemos, no lo olvidemos nunca– debemos aprovechar con reconocimiento de las prerrogativas que hasta el fin quedan unidas a la Iglesia según Dios.

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¿Por qué la Iglesia está en la tierra?

Nos sentimos llevados a interrogarnos por qué ella ha sido dejada aquí abajo, y qué funciones es llamada a ejercer en la tierra.

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¿Puedo estar completamente seguro de que tengo la vida eterna?

Es posible que una persona salva no sienta que tiene la vida eterna. Aun después de ser salvos, debemos cuidar que no nos desvíen nuestros sentimientos y pensamientos. Satanás es quien provoca dudas en nosotros. Pero podemos confiar en la realidad de la salvación de Dios.

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