Capítulo 29
Dar espontáneamente y con alegría
David consagró toda su fuerza en preparar un palacio para Jehová.
Preguntémonos, de paso, si en realidad el palacio de nuestro corazón “no es para hombre” (generalmente el yo), mientras que debería ser para el Señor (v. 1).
El “afecto” del rey por esta casa (v. 3) lo condujo a dar para ella grandes riquezas de su propiedad. ¡Cuánto más grande es el amor de Jesús! El evangelio nos habla de un mercader que vendió todo lo que tenía para comprar una perla de gran precio (Mateo 13:45-46). Efesios 5:25 nos da la interpretación de esta parábola:
Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella
(véase también 2 Corintios 8:9).
Solo Jesús tuvo el poder para hacer esto. Pero, en cuanto al servicio de amor, él nos dice, como a sus discípulos: “Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15).
El ejemplo de David dio frutos. Todos los hombres que lo oyeron ofrecieron voluntariamente oro, plata y piedras preciosas para edificar la Casa de Dios (véase 1 Corintios 3:12). Fue un gran gozo para David… y lo es para el Señor, cuando nuestro corazón está al unísono con el suyo.
Reconocer que todo procede de Dios
Después de dirigirse al pueblo, David se vuelve hacia Jehová. ¿Va a enaltecerse por lo que los jefes y él mismo donaron? ¡Al contrario! Da gloria a Dios, a quien todo pertenece, y se humilla ante él. Estos sentimientos siempre van juntos.
"De lo recibido de tu mano te damos”, declara el rey (v. 14). Al confiarnos bienes, el Señor nos otorga el gozo de ofrecerle algo de ellos. Y si bien no necesita nada (Salmo 50:10-12), lo que se le trae voluntariamente, con gozo, tiene un precio para su corazón. Dar por obligación o con un espíritu legalista no ejercita ni el amor ni la fe. Así es como lo hacían los fariseos pagando los diezmos (Mateo 23:23). Por el contrario, los macedonios, de los cuales habla Pablo, habían obrado espontáneamente, abundando
En riquezas de su generosidad
(2 Corintios 8:1-3).
¿No es magnífica la alabanza de David? (v. 10-13). Vale la pena leerla en voz alta, pensando a quien nos dirigimos. “Tuya es… la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo… es el reino, y tú eres excelso sobre todos”. Todas las cosas, ¡incluso el corazón de los que le pertenecen!
Adoración del pueblo – Resumen del reinado de David
¡Día de fiesta e hito en la historia de Israel! Se ofrecen sacrificios; el pueblo come, bebe y se regocija en la presencia de Dios. Por segunda vez se establece a Salomón como rey y se le unge ante Jehová. Él se sienta en “el trono de Jehová” (v. 23). La majestad y el dominio conferidos al hijo de David prefiguran el período de mil años en que Cristo reinará para Dios sobre toda la tierra.
La muerte de David,
En buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria
(v. 28),
cierra el primer libro de Crónicas, al cual nos gustaría dar como título una expresión de Isaías 55:3: “Las misericordias firmes a David”. El hecho de que Pablo la cita en Hechos 13:34, muestra que se trata particularmente de la resurrección que este hombre de fe aguarda con la multitud de los santos dormidos. Pero, ¿no fue él en toda su vida un objeto de misericordias afirmadas por Dios mismo?
Queridos amigos creyentes, nosotros también gozamos, hoy y siempre, de las misericordias firmes en Cristo. “Porque de su plenitud tomamos todos (y no solo David), y gracia sobre gracia” (Juan 1:16).
