Capítulo 12
Guerreros dedicados a David antes de su reinado
Los flecheros filisteos habían provocado la derrota de Saúl, quien no había estado en condiciones de vencerlos (cap. 10:3). Sin embargo, aquí descubrimos que pudo haber hallado hábiles hombres de guerra entre sus propios hermanos de la tribu de Benjamín, que manejaban admirablemente el arco y la fronda. Desgraciadamente para Saúl, a diferencia de los hombres del capítulo 12, versículo 29, estos lo dejan para juntarse con David en Siclag. Van a poner su capacidad a disposición de aquel a quien reconocen por la fe como su verdadero señor. ¿Qué hacemos con los talentos que Dios nos confía? ¿Al servicio de qué amo los empleamos? ¿Para Cristo o para el príncipe de este mundo?
Igualmente de entre los gaditas, once guerreros poco comunes se adhieren a David, quien les confía responsabilidades.
Llegan a él todavía hombres de Judá y de Benjamín. El rey sondea su disposición (v. 17). ¿No es magnífica la respuesta que Amasai, jefe de los principales capitanes, da por medio del Espíritu?
Por ti, oh David, y contigo, oh hijo de Isaí
(v. 18).
¡Ojalá cada uno de nosotros pueda confesar, mediante el mismo Espíritu: Soy tuyo, Jesús!… ¡Tuyo soy y contigo estoy! Cosa triste de decir, cierto número de redimidos pertenecen en verdad al Señor, pero su compañía no parece complacerles.
Lista de los que vinieron a coronarlo en Hebrón
David, como centro de atracción, ve acercarse a él de todas las tribus, hombres fieles, que le reconocen como jefe. De aquí y de allá llegan las tropas, unas más apresuradas que otras, hasta que un inmenso campamento se halla reunido. Sadoc, joven valiente y esforzado, es nombrado especialmente. Hoy en día, ¿a quién podría designar así el Señor en medio de su pueblo?
Cada soldado que se alista posee una característica particular: algunos tienen más fuerza y valentía, otros más discernimiento y sabiduría, otros más orden o más rectitud… Así ocurre con los hijos de Dios. Diferentes unos de otros, cada uno brillará especialmente por algún rasgo de su carácter: energía, sabiduría, paciencia, fe, amor o perseverancia… Y cada una de estas virtudes es conocida y resaltada por el Señor, el único que las manifestó todas.
La escena final de este capítulo nos hace pensar en Lucas 12:37. Pero el incomparable Señor no dejará a nadie más el cuidado de sus fieles siervos y de sus cansados combatientes. Él se ceñirá y “hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles”.
