Capítulo 28
El pueblo congregado para recibir las instrucciones divinas
En el capítulo 22:17, David ya había reunido a los jefes del pueblo. Ahora junta con ellos a todos los que tienen un cargo o una responsabilidad en Israel. Sin duda, todos los hombres mencionados en los capítulos 23 a 27 se encuentran allí para escuchar a su señor. Ninguno habrá faltado a esta cita.
El Señor también nos invita a reuniones en las cuales quiere instruirnos. ¿No somos culpables si nos abstenemos de ir por una trivialidad? (Hebreos 10:25).
A todos estos hombres reunidos alrededor de él, les comunica sus más íntimos y preciosos pensamientos; los exhorta a buscar y guardar los mandamientos de Jehová. Les habla de la gloriosa casa que debe ser construida. Y sobre todo, les habla de su hijo, en quien y por quien se cumplirá su propósito. Son los temas en los que el Espíritu nos ocupa en las reuniones de edificación.
David se dirige luego a Salomón. ¡Escuchemos bien estas palabras de un padre a su hijo! También son para nosotros:
Hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario… Si tú le buscares, lo hallarás
(v. 9).
Los planos del templo
Solemnemente David entrega a su hijo Salomón todo lo que preparó para la casa de Dios. Pensamos en esta insondable declaración del evangelio:
El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano
(Juan 3:35).
Desde el pórtico hasta la más pequeña copa, todo es objeto de precisas y detalladas instrucciones. La inteligencia de esas cosas fue dada a David por escrito, por la mano de Jehová puesta sobre él (v. 19).
Para comunicar sus pensamientos, Dios se valió de escritores inspirados. Los sesenta y seis libros de la Biblia fueron redactados por unos cuarenta autores muy diferentes, durante un período de alrededor de 1600 años. Pero un solo y mismo Espíritu dictó todas las páginas del Santo Libro. Por eso, cuando lo leemos, nunca olvidemos que en él Dios nos habla.
El capítulo termina con unas palabras más del padre al hijo. Salomón recibió todo lo que le era necesario. En adelante, debe obrar, contando con el socorro de Jehová. Para nosotros también, que hemos recibido mucho, ¡llega un momento en nuestra vida en que debemos obrar según lo que el Señor aguarda de cada uno! Tendremos que dar cuenta de lo que, por timidez o pereza, hayamos dejado de hacer.
