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Ofrendas

A lo largo del Antiguo Testamento, se ofrecieron sacrificios. No eran más que imágenes de “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). La primera alusión se halla en Génesis 3:21, cuando Dios, tras la caída, viste a Adán y Eva con pieles, para lo cual tuvo que morir una víctima.

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Paz a vosotros

Ya sea la voz de Jesús o la voz de sus ángeles la que nos dice: “No temáis” (Mateo 14:27; Marcos 5:36; Lucas 5:10, etc.), estas palabras mantienen su vigor tanto después de la resurrección de Jesús como antes de la cruz. Previamente a morir, él había hablado a sus discípulos de darles su paz; y, tras su muerte, vemos que hizo efectiva su palabra de la manera más enfática.

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Pedro censurado

Todo esto tiene para nosotros una aplicación personal, individual. Esto nos concierne personalmente. Pedro por sí mismo conoce a su Maestro: es el mismo para él antes y después de su resurrección. Jesús, en el capítulo 16 de Mateo, le reprende, pero pocos días después le lleva consigo al monte santo, con plena libertad de corazón, como si nada hubiese pasado.

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Pedro restaurado

Ahora bien, al principio del capítulo 21 de Juan hallamos a Pedro en la condición moral en que le habían dejado la oración y la mirada del Señor. La fe de Pedro no había desfallecido.

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Perfecta harmonización

Es la conjunción o combinación de virtudes lo que constituye la gloria moral. Jesús sabía –según la expresión del apóstol– “vivir humildemente” y “tener abundancia”; sabía cómo emplear mejor los momentos de prosperidad, por decirlo así, y también las ocasiones de depresión, pues, en su tránsito por este mundo, supo lo que eran esas experiencias.

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Personajes

Hay tres hombres que son, de un modo particular, figuras del Señor Jesús: José, Moisés y David.

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Pobreza material del Señor

Las expresiones del apóstol: “como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”, expresiones elevadas y maravillosas, se manifestaron en el Señor de una manera muy particular y personal.

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Reacción del hombre natural

La fe, sin embargo, se siente cómoda en su presencia. El dios de este mundo ciega los pensamientos de los incrédulos para que no les resplandezca esta gloria ni puedan gozar de ella, en tanto que la fe la recibe con felicidad. Tal es la historia de la gloria aquí en la tierra, entre los hombres.

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Renunciamientos

Renunciar a Egipto no es ociosidad; tampoco es un desperdicio quebrar un frasco de perfume sobre la cabeza de Jesús, aunque vemos que entre los hijos de los hombres –e incluso muy a menudo entre los santos de Dios– se juzga estas cosas de tal manera.

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Respuestas a las necesidades

Todo esto es muy peculiar y característico; sin embargo, no es sino parte de la gloria moral del hombre, del hombre perfecto, Jesús, en sus relaciones con el mundo. Él fue vencedor, hombre de dolores y bienhechor, estuvo en el mundo sin ser del mundo.

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Rey de reyes y Señor de señores

La imagen del sueño de Nabucodonosor representaba los cuatro imperios de las naciones. Bastó “una piedra” para desmenuzarla. Entonces, dominio, gloria y reino son dados al “hijo de hombre”, y “su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 2:44-45; 7:13-14).

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Se apartó

Ezequiel había visto la nube dejar lentamente el santuario, detenerse a la entrada del templo, después a la puerta de la ciudad, para luego desvanecerse en el monte de los Olivos. Jesús se apartó. “Salió Jesús de la casa” (Mateo 13:1); se fue “a un lugar desierto y apartado” (Mateo 14:13); “de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón” (Mateo 15:21).

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The Mackintosh Treasury

Su aparición delante de Dios por nosotros: “Entró Cristo… en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios”

Muchísimas personas se inclinan a confundir dos cosas que, aunque conectadas inseparablemente, son totalmente distintas: la intercesión y la expiación. Como no ven la perfección divina de la expiación, buscan de alguna manera en la intercesión lo que la expiación ya ha consumado.

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Su concepción

En Isaías 7:14 ya se había anunciado que la virgen concebiría y daría a luz un hijo. Hay que acudir a los evangelios para entender el alcance de esta profecía.

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The Mackintosh Treasury

Su futura aparición por los suyos: “Y aparecerá por segunda vez… para salvar a los que le esperan”

Hasta aquí, en cuanto a la expiación y la intercesión. Solo nos resta tratar el Advenimiento, la segunda venida del Señor. Deseamos especialmente recordarle al lector que, al tratar la muerte de Cristo, hemos dejado completamente sin tocar un punto importante que está relacionado con ella, a saber, nuestra muerte en él.

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Su humanidad

Del Señor Jesús se ha dicho que «su humanidad fue perfectamente natural en su desarrollo». Es esta una declaración muy hermosa y verdadera. Si fuera preciso lo demostraría el versículo 52 del capítulo 2 de Lucas.

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Su ministerio

Es hermoso ver a Jesús de lugar en lugar en sus idas y venidas, su compasión, sus enseñanzas, su perfecta humanidad. A veces su divinidad brilla como un relámpago, cuando calma la tempestad o resucita a Lázaro, o cuando hace tantos milagros. Como alguien dijo: «Escondía la forma de Dios bajo la de un esclavo, su divinidad bajo el espeso velo de un Galileo despreciado».

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Su muerte

Han pasado los años. Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua, en la cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. “Cuando era la hora, se sentó a la mesa” (Lucas 22:14). Había llegado la hora “para que pasase de este mundo al Padre” (Juan 13:1). ¿Va a retroceder ante el sufrimiento? ¿Obedecerá hasta la muerte?

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Su nacimiento

Miqueas 5:2 había anunciado que el Cristo nacería en Belén. José y María vivían en Nazaret. ¿Qué iba a hacer Dios para que María fuera a la ciudad de David y diera a luz allí? Dios está por encima de todo. El emperador promulgó un edicto para que todos se empadronaran (de hecho el censo se hizo más tarde).

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Su persona, nuestro todo

«El privilegio de nuestra fe cristiana» –ha escrito alguien– «el secreto de su poder, consiste en esto: todo lo que ella posee, todo lo que ella ofrece, se halla resumido en una persona.

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Su resurrección

En 1 Corintios 15:4 se nos dice que “fue sepultado”, para que nadie diga que sufrió un desvanecimiento temporario al clamar a gran voz y expirar en la cruz. Murió realmente y resucitó realmente. Algunos negaban la resurrección, pero “si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es… vuestra fe” (v. 13-14).

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Subo a mi Padre y a vuestro Padre

Como un testimonio más humilde aun de su plena fidelidad a todas sus promesas, el Salvador se encuentra con los suyos en Galilea, tal como les había prometido; y, como una expresión más completa de la misma fidelidad, los lleva al Padre, al cielo, como también les había prometido, enviándoles este mensaje: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).

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Sugerencia de Pedro

También en el capítulo 16 de Mateo vemos a Pedro manifestando un tierno afecto y un fuerte apego por su maestro: “Señor” –le dice– “ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”, pero Jesús juzgó las palabras de Pedro solamente según su valor moral. Cuán duro, por cierto, es para nosotros actuar así cuando se nos trata de una manera tan agradable.

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Tiempo de guardar y tiempo de desechar

He aquí cómo nuestro Señor observaba la divina regla que dice “Hay tiempo de guardar, y tiempo de desechar”. Si la prodigalidad en el servicio para Dios y en la adoración a él no es estimada como desperdicio, las migajas mismas del alimento humano tampoco lo serán.

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