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La inteligencia de la mujer sirofenicia
Esto, sin embargo, no hará mella en el hombre, como ya lo dijimos. Él se sentirá bien mientras se ocupe en sí mismo, sin importarle en absoluto la gloria de Dios. Tal es el hombre. Pero qué bello cuadro tenemos cuando, a través de la fe, el corazón de un pobre pecador es transformado, pudiendo así regocijarse en la gloria de Dios.
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La justificación
El pecador debe ser declarado justo; de lo contrario, será condenado.
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La medida de la acción de Cristo por nosotros y en nosotros
Por último, diremos algunas palabras sobre la medida de la acción presente de Cristo por nosotros y en nosotros. Este es un punto de inestimable valor e importancia.
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La meta de Cristo es glorificar a Dios
La plenitud de la obra de Cristo supera nuestros pensamientos y, sin embargo, ésa es ciertamente su gloria. Él nos asiste en todas nuestras necesidades, pero al mismo tiempo nos presenta a Dios y su verdad. Él curaba a los enfermos, pero también predicaba el reino.
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La obra de Cristo como el único lugar de reposo para la conciencia
Al considerar este gran tema, dos cosas reclaman nuestra atención: Primero: Lo que Cristo hizo por nosotros, o sea, su obra en la cruz. Segundo: Lo que Cristo está haciendo por nosotros, o sea, su obra presente.
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La obra presente de Cristo por nosotros
Jesús vive por nosotros a la diestra de Dios. Su intervención activa a favor nuestro no cesa nunca ni por un momento. Él traspasó los cielos en virtud de la expiación consumada, y allí continúa siempre intercediendo eficazmente por nosotros delante de nuestro Dios.
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La omnisciencia del Señor
Notemos, además, que el Señor no juzgaba a los demás en relación consigo mismo (falta muy común en la que todos incurrimos). Nosotros naturalmente juzgamos a los demás según cómo nos tratan y el beneficio que podemos sacar de ellos es la medida con la que medimos su carácter y su valor. Mas el Señor no actuaba así. Dios es un Dios de conocimiento, y pesa las acciones.
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La palabra de Cristo como guía plenamente suficiente para nuestro camino
Si la obra de Cristo es suficiente para la conciencia, y su adorable Persona es suficiente para el corazón, entonces, con toda seguridad, su Palabra preciosa es suficiente para el camino.
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La primera aparición de Cristo: “Se presentó una vez para siempre por (lit.: para) el sacrificio de sí mismo”
Primero, pues, fijémonos por unos momentos en la Expiación, que nos es presentada aquí en sus dos grandes aspectos: uno, hacia Dios; el otro, hacia nosotros. El apóstol declara que Cristo apareció Para quitar de en medio el pecado (Hebreos 9:26)
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La reconciliación y la propiciación
La reconciliación es una de las bendiciones que nos concede la obra de Cristo; la propiciación es el lado de Dios. a) La reconciliación
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La redención
Éramos esclavos del pecado y de Satanás. Por lo tanto, teníamos que ser libertados.
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La relación del Señor con Dios
El ministerio del Señor, al igual que su carácter, nos presenta una combinación notable de las mismas glorias morales. Hay tres aspectos en lo que toca al ministerio, según este se relacione con Dios, con Satanás o con los hombres.
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La remisión de los pecados y la purificación
El pecado es presentado de dos maneras distintas: como deuda, por ejemplo en las parábolas; y como contaminación, representada por la lepra. Al aspecto de la deuda, le corresponde la remisión de las culpas, el perdón; al de la contaminación, le corresponde la purificación. a) Remisión – perdón
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La salvación
“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).
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La vida eterna
“Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo…, y juntamente con él nos resucitó” (Efesios 2:5-6; véase también Colosenses 2:13 y 3:1). El nuevo nacimiento nos ha hecho empezar una nueva vida. Somos hechos “participantes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4). Podemos, entonces, andar “en vida nueva” (Romanos 6:4).
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Las pescas milagrosas
En Lucas 5 Pedro, quien ya se había encontrado con Jesús a orillas del Jordán, conoce su poder y encuentra en él a su Salvador. Ante el milagro, exclama: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador”. Pero Jesús no se apartó. No rechazó al pecador que estaba de rodillas ante él; al contrario, le dijo: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.
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Las travesías
Al atardecer de una jornada, después de que el Señor enseñó a la multitud anunciando la Palabra “conforme a lo que podían oír”, dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado”. Iban a cruzar el mar, símbolo de toda la agitación de las circunstancias de la vida, pero Jesús estaba con los suyos. ¿Por qué temieron ante el viento y las olas, y no tenían fe?
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Los dos estremecimientos del Señor
Conmueve hondamente notar los dos estremecimientos de nuestro Señor cuando iba hacia la tumba de su amigo. El primer estremecimiento fue causado al ver llorando a los enlutados que le rodeaban: “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió”.
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Maneras de hablar
Gran variedad de tono y de manera de proceder se manifiesta en las diversas circunstancias de la vida del Señor. Y toda esta variedad, por minúscula o grande que fuese, constituía una parte de la fragancia que subía ante Dios.
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Mi Señor
María Magdalena lloraba por la desaparición de su Señor (Juan 20:13). Cuando por fin, Tomás cree que ha resucitado, dice: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28). Pablo habla de “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Filipenses 3:8). Conocerle como Salvador da la paz con Dios, pero nos obliga en la práctica a decirle “Señor mío”, y a obedecerle en todo.
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Necesidades del Señor
Mas aquel que así se sustentaba con el cumplimiento de la voluntad divina, también conocía el cansancio, el hambre y la sed. Esto lo vemos en el capítulo 4 de Juan, al que acabamos de aludir, como también en el capítulo 4 de Marcos, con la diferencia de que, mientras en el segundo el Señor halla alivio y descanso por medio del sueño, en el primero prescinde de este natural restablecimiento.
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Nuestra seguridad del perdón de los pecados
Hasta aquí, hemos considerado el aspecto de la obra de Cristo que tiene que ver con el perdón de los pecados, y esperamos sinceramente que el lector tenga ya una idea muy clara y definida de este tan importante punto. Seguramente será un feliz privilegio para él si solo toma lo que Dios dice en su palabra:
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Objetos
En primer lugar, el arca del Lugar Santísimo nos habla de Su persona. Era de madera y oro, lo que recuerda su humanidad y su divinidad. En ella estaba el maná, figura del que descendió del cielo (Juan 6:32-38); las tablas de la ley, su perfecta obediencia; la vara de Aarón, símbolo de vida y resurrección.
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Ocasiones de reprender
Pero, además, en su ministerio con relación al hombre, le vemos frecuentemente asumiendo el carácter de reprensor, algo muy necesario en medio de una familia humana caída. Mas su manera de reprender brilla con una excelencia tal que es digna de nuestra admiración.
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