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Pláticas sencillas
Aquellos por quienes Jesús ora
Todo lo que Jesús dice de los discípulos en los versículos precedentes da las razones por las cuales ora por ellos. Son objetos exclusivos de los cuidados del Padre; puesto que el mundo despreció lo que le había traído, el Señor ya no tiene nada que hacer con este y no formula peticiones a su favor.
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Pláticas sencillas
Cómo hacer la obra de Dios
La muchedumbre, al ver que los discípulos se marcharon en una barca sin el Señor, también cruzó el mar para buscarle (v. 22-24). Cuando lo encontraron, le dijeron: “Rabí, ¿cuándo llegaste acá?”. Era bueno buscar a Jesús, pero el valor de esta búsqueda dependía de los motivos que inducían a obrar; fue esto lo que el Señor sacó a relucir.
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Pláticas sencillas
Consecuencias de la incredulidad
Jesús repite a los judíos lo que ya les había dicho en el capítulo 7:33-34: “Yo me voy, y me buscaréis”; mas añade: En vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir (v. 21).
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De la presencia del Espíritu Santo en cuanto al mundo
“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”. Jesús había dicho en el capítulo 15:22:
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Doble testimonio rendido a Cristo
“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio”. El mundo, habiendo rechazado al Hijo de Dios, podía creer que había acabado con él.
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El amigo del Esposo
Jesús y sus discípulos bautizaban en la región de Judea al mismo tiempo que Juan el Bautista seguía con su servicio por algún tiempo más, aunque Jesús estaba allí. Ello dio ocasión a algunos discípulos de Juan para hacer notar a su maestro que todos iban a Jesús y se bautizaban allí. Sin duda veían con cierto celo cómo aumentaba la importancia de Jesús a expensas de la de su maestro.
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El buen Pastor
En el versículo 11 el Señor se llama el buen Pastor, en contraste con los mercenarios, otro carácter de aquellos que pretendían apacentar las ovejas judías. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.
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El camino
Jesús dijo también a los discípulos: “Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino”. Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” (v. 4-5).
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El ciego sanado comparece ante los fariseos
Llevaron al hombre sanado a los fariseos. ¿Con qué propósito? Lo ignoramos, pero sí sabemos el motivo por el cual Dios lo permitió. Era para manifestar el estado de estos jefes religiosos en presencia de las obras de Dios, tal como había sido manifestado en presencia de las palabras de Jesús en el capítulo precedente.
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El ciego sanado se encuentra con el Hijo de Dios
Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró (v. 35-38).
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El Consolador
El Señor no podía conducir a sus discípulos más adelante en el conocimiento de la nueva posición en la cual los introduciría en virtud de su muerte, es decir, en una posición celestial con él, en contraste con la posición terrenal, aunque gloriosa, en donde habrían compartido su gloria si él hubiese sido recibido como rey.
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El cuádruple testimonio dado a Jesús
Jesús siguió afirmando que toda la realidad de su ministerio dimanaba de su absoluta dependencia de su Padre, cuya voluntad siempre hacía. De esta forma, rechazándole a él, se rechazaba al Padre quien le había enviado.
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El endurecimiento del pueblo
El versículo 37 dice: A pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él.
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El gozo del mundo y el gozo de los discípulos
Para que los discípulos pudieran gozar del ministerio del Espíritu Santo era necesario que el Señor los dejara y volviera a la presencia de su Padre. Sin embargo, lo volverían a ver poco después. “Todavía un poco” –dice– “y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre” (v. 16).
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El hermoso testimonio del ciego sanado
Los fariseos volvieron a llamar al ciego de nacimiento. Seguros de su curación, estaban dispuestos a atribuir el hecho a Dios, pero procuraban obligar a este hombre a pensar de Jesús como ellos. Él les había dicho: “Es profeta”. Esto ya era demasiado para ellos; querían que Jesús fuese considerado pecador.
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El Hijo del Hombre glorificado
Cuando Judas hubo salido, Jesús dijo: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará.
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El hombre esclavo del pecado
Cuando oyeron hablar de ser hechos libres, los judíos respondieron a Jesús: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” (v. 33). Estos desdichados, cegados por un odio implacable, afirmaban dos cosas insensatas para hombres que poseyesen un mínimo de inteligencia, pues decían que nunca habían sido esclavos de nadie.
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El hombre hijo del diablo
Jesús dice a los judíos: “Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre” (v. 37-38). El origen de una naturaleza se revela por las acciones.
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El lavado de los pies
El servicio del Señor entre los judíos había terminado; había cumplido a la perfección todo lo que debía hacerse para llevarles a creer en él. A partir de ese momento pensaría en los que habían creído; solo de ellos se ocuparía hasta la hora de su muerte, además de la gloria en la que iba a entrar.
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El lugar donde se debe adorar
Al comprender que se encuentra en presencia de alguien que le habla de parte de Dios, la mujer procura informarse respecto al lugar donde se debe adorar. “Nuestros padres adoraron en este monte”, dice ella señalando el monte Gerizim, “y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (v. 20).
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El nuevo nacimiento
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (v. 1-2).
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El pan de Dios
“De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan” (v. 32-34).
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El pastor, las ovejas y el portero
Jesús empieza las enseñanzas de este maravilloso capítulo diciendo: De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es (v. 1-2).
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El porqué del pecado del mundo
Hasta la venida de Jesús a la tierra, sabemos que Dios había procurado obtener, por todos los medios posibles, algún bien del hombre antes de ponerle de lado como irremediablemente malo. Esperó cuatro mil años. La presentación de Jesús al pueblo judío constituía la última prueba a la que el mundo fue sometido; al rechazarle, establecía plenamente su irremediable estado de pecado.
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