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El estado intermedio

El estado del alma después de la muerte no es más que un estado intermedio, digno del mayor aprecio, desde luego, para el cristiano, pero que no deja de ser transitorio, no definitivo. Por esto, la Escritura habla relativamente poco de dicho estado, aunque nos informa acerca de las bendiciones que se desprenden de él.

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El gobierno del Padre

El gobierno del Padre incluye todos los hechos y los designios de amor y disciplina del Padre para con sus hijos: “Porque el Señor al que ama disciplina... Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

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El pan y la copa

La Cena del Señor consta de dos elementos, el pan y la copa. Así lo instituyó el Señor Jesús. Estos dos elementos también se encuentran en 1 Corintios 10 y 11. Son símbolos sencillos, pero tienen un significado profundo. El Señor Jesús mismo explica lo que significan:

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El paraíso

“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Estas palabras, dirigidas al ladrón que se convirtió en la cruz, nos llevan a hablar del lugar donde se hallan las almas después de la muerte.

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El paraíso es el tercer cielo

En la cruz, donde el Señor llevó a cabo la expiación o perdón, él ya no presenta el lugar invisible bajo la forma de una parábola o un símil. Lo abrió en todo su esplendor a los ojos del pobre ladrón convertido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

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El partimiento del pan en el Nuevo Testamento

Lo que vimos sobre el bautismo cristiano también se aplica al partimiento del pan. Los evangelios nos muestran la institución de la Cena. Los Hechos de los apóstoles nos muestran a los primeros cristianos reuniéndose para partir el pan, y en 1 Corintios hallamos la explicación doctrinal de este hecho:

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El sufrimiento

Entre los medios utilizados para ocupar a los cristianos de sí mismos, el del sufrimiento es de los más explotados. Como el sufrimiento es penoso para nuestra naturaleza humana, creada al principio para vivir en esta tierra y para gozar, se entiende que los hombres presten fácilmente atención a todo lo que se les proponga para verse librados de las pruebas.

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En su memoria

“Haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). Estas fueron las palabras del Señor a sus discípulos. Jesús mismo, aquel que se ofreció voluntariamente en sacrificio como Cordero de Dios dispuesto a morir, ocupa así el centro de nuestros pensamientos. No pensamos tanto en nuestra salvación y en nuestras bendiciones, aunque no las descartamos. Pero nuestras bendiciones no son el punto principal.

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Enseñanzas del Antiguo Testamento

El principio de la contaminación por asociación presentado en el Nuevo Testamento es confirmado en el Antiguo Testamento. Los tiempos cambian, es cierto, pero los pensamientos y los principios de Dios sobre su casa son inmutables. El gran principio es:

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Enseñanzas del Nuevo Testamento

Volvamos a 1 Corintios 10. Los corintios se habían vuelto de los ídolos a Dios. Sin embargo, creían que podían participar en los sacrificios ofrecidos a los demonios sin que esto afectara su comunión en la Mesa del Señor. No querían tener comunión con los demonios, pero pensaban que, como parte de su libertad cristiana, tenían derecho a asistir al culto pagano donde se ofrecían sacrificios.

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Es un acto unido a la asamblea local

Vayamos directamente a la respuesta: el partimiento del pan está unido a la asamblea local y no puede separarse de ella, según el pensamiento de Dios.

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Está dicho que el creyente duerme

No se dice que el creyente muere, sino que duerme: 1 Tesalonicenses 4:13-15; Mateo 27:52; Juan 11:11-12; 1 Corintios 11:30; 15:20, 51. No se puede hablar de la muerte de un hombre que, tal vez en el momento de ser depositado en la fosa, podría volver a la vida.

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Está dicho que el incrédulo muere

El estado intermedio del cual hablamos está compuesto de dos elementos. El cuerpo muere y el alma vive. Para el cristiano, la muerte del cuerpo se llama sueño. El Antiguo Testamento usa constantemente esta palabra para referirse a la muerte. “Durmió con sus padres”, tal era el término acostumbrado para definir la muerte, fuera de los buenos o fuera de los reyes malvados de Israel.

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¿Existe un poder milagroso hoy?

Los que pretenden hoy día tener el poder milagroso, no se refieren solamente a las enseñanzas de Santiago 5:13-18; piensan que se hallan beneficiados por un movimiento del Espíritu de Dios que reproduce lo que tuvo lugar en Pentecostés como si se tratara de una especie de “lluvia en la estación tardía” (Zacarías 10:1).

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Falsas enseñanzas

Se entiende así cómo los partidarios de las sanidades están alejados de los pensamientos de Dios cuando nos dicen: «Ustedes no deben estar enfermos; pueden sanar enseguida si tienen fe». Este lenguaje equivale a decir: «Dios se equivoca respecto a vosotros; nosotros queremos restituiros la salud».

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Han surgido muchas ideas falsas

No nos extrañemos de los errores que cometen estos hombres cuando nos hablan del «sueño del alma» después de la muerte, o de su «desarrollo gradual» después de salir del cuerpo, o de su «paso de esfera en esfera hasta su perfección final».

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Introducción

El Enemigo siempre ha realizado múltiples esfuerzos para distraer a los creyentes del objeto que las Escrituras ponen ante ellos, a saber, la persona del Señor.

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La Cena no es un medio para obtener la gracia

Para comenzar afirmamos que, contrario a una idea muy generalizada, comer el pan y beber la copa no confiere ninguna gracia, es decir, no es un sacramento. El acto mismo de partir el pan no tiene ningún efecto directo sobre la persona que participa en él; no se produce ningún cambio en la persona. Partir el pan no es algo místico o misterioso, no cambia nada en el interior de una persona.

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La costumbre de los primeros cristianos

Si nos fijamos en la costumbre de los primeros cristianos, vemos que al principio del testimonio cristiano en este mundo –al menos en Jerusalén– el pan se partía diariamente (Hechos 2:42, 46). Podemos entenderlo bien.

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La esperanza del creyente a través del duelo

En 1 Tesalonicenses 4:13-18 el apóstol Pablo dice: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

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La incredulidad es la base de tales errores

La incredulidad acerca de la divina inspiración de las Escrituras es, como ya lo dijimos, la base de todos esos errores. Éstos forman parte de la apostasía predicha por la misma Palabra de Dios, cuyo desenlace final va acercándose.

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La Mesa del Señor

La expresión “Mesa del Señor” solo aparece en 1 Corintios 10. Por supuesto, no se trata de un mueble (aunque, por comodidad, el pan y la copa se ponen sobre una mesa), sino de principios unidos a los privilegios comunes que disfrutamos y que nos animan a asumir nuestra responsabilidad común.

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La oración eficaz

No olvidemos, por otra parte, que la oración y su otorgamiento están en relación:

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La oración incesante

La Palabra de Dios está llena de exhortaciones a la oración y ciertamente no debemos despreciarlas. Se ha dicho que la oración es la incesante respiración del nuevo hombre. “Orad sin cesar” dice el apóstol a los tesalonicenses en la primera epístola, capítulo 5:17.

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