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Pregunta 2

¿Cómo debe entenderse la expresión de Efesios 1:14: “la redención de la posesión adquirida”? Primeramente hay que hacer distingo entre adquisición y redención. Podemos decir que la redención comprende la adquisición, mientras que frecuentemente la adquisición no comprende la redención.

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Pregunta 2

¿Es verdad que un hombre que se arrepiente y cree recibe el perdón una vez para siempre?

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Pregunta 3

“Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo” (Mateo 24:13). A la luz de esta declaración ¿podemos estar seguros de nuestra salvación antes del término de nuestra vida en la tierra?

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Pregunta 3

El libro de Rut muestra que, en Israel, solamente ciertos parientes tenían derecho a redimir (o rescatar). ¿Tiene eso una significación para nosotros?

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Pregunta 3

Si se enseña al creyente que obtiene el perdón de sus pecados pasados, presentes y futuros, en el mismo momento de su conversión, ¿no corre el riesgo de sentirse impulsado a la despreocupación y al pecado?

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Pregunta 4

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9). ¿Por qué la confesión de la boca está relacionada con la salvación en este pasaje?

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¿Puede la nueva naturaleza mejorar a la vieja?

Sólo existe una respuesta: Nada puede mejorar a la carne. Se ha intentado hacerlo de todas las maneras posibles, desde la caída de Adán en el Edén hasta la cruz de Cristo en el Calvario. Pero, ¿cuál ha sido el resultado? El hombre desobedeció voluntariamente la santa ley de Dios, cuando Dios, por ser justo, le pedía que le obedeciese.

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Puesto aparte para Dios

Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, la santificación significa en su sentido inicial: separación, puesta aparte para Dios (véase, por ejemplo, 1 Crónicas 23:13; Jeremías 1:5). Eso sugiere un desapego a la vida ordinaria a fin de que el creyente pertenezca a Dios para servirle y satisfacerle. En contraste con el vocablo “santificación” tenemos el de “profanación”.

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¿Qué diferencia hay entre los dos casos?

Ahora bien, ¿cuál de estas dos familias le parece que estaba más salva? Tal vez diga que la segunda, cuyos miembros gozaban de la tranquilidad que les daba la confianza en Dios.

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¿Qué naturaleza satisfacer?

Hemos visto la convivencia de dos naturalezas que, debido a su diferencia de origen, tienen gustos completamente distintos; existen, pues, “las cosas de la carne” y “las cosas del “Espíritu” (v. 5). No olvidemos que estas dos naturalezas reclaman a diario ser satisfechas, conforme a sus respectivas necesidades.

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Regenerado (o renacido) por medio de la Palabra de Dios

El apóstol Pedro insiste sobre la acción de la Palabra: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad… siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:22-23). Puesto que hace falta la obediencia, nuestra responsabilidad está implícita en tal purificación.

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“Si alguno está en Cristo, nueva creación es”

La primera mención de la nueva creación en el Nuevo Testamento es categórica: cada uno de aquellos que están “en Cristo” es una “nueva creación” (2 Corintios 5:17, traducción literal del texto original griego). No una nueva criatura, sino una nueva creación. El estilo del apóstol es muy vigoroso.

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Su objetivo

Oramos primeramente para que Dios sea glorificado. Cuando por la fe nos acercamos verdaderamente a Dios, el deseo de honrarlo crece en nosotros. Entonces, ligados a ese deseo, oramos para discernir y cumplir la voluntad de Dios. Orando aprendemos, no a imponer nuestro pensamiento a Dios, sino a someternos a él. Por medio de la oración buscamos lo que Dios desea y lo aceptamos para hacerlo.

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Sus resultados

Dios responde de dos maneras a la oración de sus hijos. Primero les da su paz y los libra de la angustia (Filipenses 4:7; 1 Samuel 1:15, 18; Salmo 34:17). Podemos echar sobre él toda nuestra carga porque él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7). Luego, Dios nos concede lo que le pedimos si nuestra petición es conforme a su voluntad (1 Juan 5:14).

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Todas las cosas son hechas nuevas

La nueva creación no es un «remiendo» de la vieja. Las cosas viejas desaparecen y hacen lugar a las nuevas, las que son enteramente de Dios. Esto es verdad incluso respecto de Cristo. Él se humilló una vez en las circunstancias de la vieja creación, estando entre nosotros “según la carne” (Romanos 9:5).

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“Todo aquel que es nacido de Dios… no puede pecar”

Observemos que con el “no puede pecar” no se trata de una cosa extraordinaria que sólo se realiza en unas pocas personas que, como se dice, «tienen fe por ello». Esta afirmación abarca a todos los que han nacido de nuevo: “Todo aquel que es nacido de Dios…”

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Todos culpables ante Dios

Escuchemos primeramente lo que la epístola a los Romanos dice respecto al perdón de los pecados, pues en esta epístola están expuestos los primeros principios del Evangelio. Después de haber declarado, desde la introducción, que el Evangelio es

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Tomarse tiempo para orar

Orar, y hacerlo regularmente, es algo difícil, tenemos que reconocerlo. “¿No habéis podido velar conmigo una hora?” (Mateo 26:40). Cuanto más pesada se nos haga la oración, más negligentes somos en cuanto a ella. El resultado es una decadencia de nuestra vida espiritual.

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Un cielo nuevo y una tierra nueva

La consumación de la nueva creación tendrá lugar en el estado eterno (Apocalipsis 21:1-8). Entonces “no habrá muerte, ni… llanto, ni clamor, ni dolor”. El pecado, el sufrimiento y la muerte no existirán más en la nueva creación. Todo el mal se encontrará bajo el juicio de Dios, en su lugar designado, por siempre separado y alejado de los rescatados.

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Un joven que se apoya en sus sentimientos

Veamos otro ejemplo. Un joven debe recibir una gran fortuna; para ello la única condición que se le exige es ser mayor de edad. Una mañana el padre le dice:

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Una fe verdadera

Tal vez el lector diga: «¿Cómo puedo estar seguro de que tengo la verdadera fe?». A esta pregunta solo cabe responder de la siguiente manera: ¿Confía usted en el verdadero Salvador, es decir, en el bendito Hijo de Dios?

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Una ilustración doméstica

La siguiente historia nos podrá servir de ilustración: Una campesina que deseaba tener patitos, puso a una gallina a empollar huevos de pata; después de una semana se dio cuenta de que un enemigo de la clueca había destruido la mayor parte de los huevos. Entonces decidió reemplazarlos por huevos de gallina.

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Una joven y su problema

–Creo verdaderamente en él –me dijo con cierta tristeza una joven–; sin embargo, no me atrevo a decir que soy salva por temor a mentir. Esta joven era hija de un carnicero y su padre había ido aquel día a la feria.

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Vencer las dudas y las incertidumbres

La fe en Dios es primordial en las oraciones (Hebreos 11:6). ¿Entonces qué hacer en caso de duda? Una distinción se impone: existen dos tipos de duda. Una aleja de Dios, la otra conduce hacia él. El primer tipo es la duda por incredulidad, que rehúsa creer, ver su propia necesidad e ir hacia Jesús (Juan 5:40). Es un pecado que debe ser confesado y abandonado.

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