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The Mackintosh Treasury

El camino preparado por Dios

Qué gracia inefable para aquel que realmente desea andar con Dios, saber que hay un camino en el cual puede andar! Dios ha preparado una senda para sus redimidos en la cual pueden caminar con la mayor certeza, serenidad y firmeza posibles. Todo hijo de Dios –así como todo siervo de Cristo– tiene el privilegio de estar tan seguro de que está en el camino de Dios como salva es su alma.

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El engañador

“Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.

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El estado de la conciencia

En cuanto a la plena y completa restauración de la conciencia de Pedro después de su terrible caída, tenemos la prueba más incuestionable proporcionada por su vida posterior.

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El estado del corazón

Es de vital importancia en todos los casos. Ninguna restauración puede ser considerada divinamente completa si no llega a lo más profundo del corazón. Por eso, cuando consideramos nuevamente las escenas que se desarrollan a orillas del mar de Tiberias, hallamos al Señor ocupado en tratar muy atenta y poderosamente con el estado del corazón de Pedro.

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El hombre de Dios

Habiéndonos referido a temas tan profundamente interesantes como el hombre natural y un hombre en Cristo, nos queda ahora por considerar, en tercer y último lugar, un tema sumamente práctico, sugerido por el título de este escrito: el hombre de Dios.

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El hombre natural

El término «hombre natural» es un término de amplísimo contenido. Bajo este título podemos encontrar todos los matices posibles de carácter, temperamento y disposición.

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El juicio de sí mismo

Finalmente, en cuanto a la diferencia que existe entre la oración y la confesión, respecto al estado del corazón ante Dios y al sentimiento moral que tiene de la odiosidad del pecado, digamos que esta diferencia no podría ser apreciada en demasía. Es mucho más fácil pedir, de manera general, el perdón de nuestros pecados que confesar estos pecados.

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El medio que contribuyó a la restauración de Simón Pedro

Para esto también estamos en deuda con el evangelista Lucas. Por medio de él el Espíritu que lo inspiró nos dio más que ningún otro lo que es exquisitamente humano –lo que va directamente al corazón con irresistible poder–, Dios manifestado en la más bella forma humana.

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El pecador endurecido

Era muy improbable que el carcelero tuviese abierto el camino hasta la reunión de oración junto al río. No le importaban esas cosas. No era uno de los que buscan sinceramente, ni tampoco un engañador. Era un pecador endurecido, con una profesión que lo volvía aún más insensible. Por la propia exigencia de su trabajo, los carceleros son generalmente hombres duros y severos.

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El que busca con sinceridad

Cuando el laborioso apóstol, en el curso de sus viajes misioneros, llegó a Troas, se le mostró “una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.

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El resultado es la consagración de un corazón entero al servicio de Dios

Vimos la completa ruina del pecador, y su cura completa en Cristo. Observemos ahora el resultado, tal como se muestra en la consagración de un corazón entero al servicio de Dios.

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En el Dios vivo están todos los recursos

Cuanto más nos fijamos en 1 Tesalonicenses 1:9, más resalta su profundidad, su plenitud y su poder maravilloso. Es semejante a penetrar con pico y pala en una mina inagotable. Nos hemos detenido por unos momentos en aquella cláusula tan fructífera y sugestiva: “Os volvisteis a Dios desde los ídolos” (NT interlineal griego-español). ¡Cuánto hay envuelto ahí!

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En el estado moral conveniente

Para ser escuchado por Dios, la oración debe estar acompañada del estado moral conveniente. La conciencia de su gracia nos guardará en la humildad (1 Pedro 5:5), que no presume de sus fuerzas sino que cuenta con Dios.

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En el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu Santo

Debemos orar en el nombre del Señor Jesús (Juan 14:14). Dios nos es favorable a causa del Señor Jesús. Pedir en el nombre de Jesús significa identificarse con él, con su pensamiento, sus deseos, su voluntad, e implica que aceptamos su señorío sobre nuestros sentimientos, pensamientos, decisiones, es decir, sobre toda nuestra vida. Sólo por medio de Jesús podemos orar al Padre.

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En un lugar del corazón del Padre

Pero hay otro punto sumamente importante.

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Entonces, ¿qué es el nuevo nacimiento?

Claramente vemos, pues, que la regeneración es un nuevo nacimiento; la comunicación de una nueva vida; la implantación de una nueva naturaleza; la formación de un nuevo hombre. La vieja naturaleza permanece con todas sus características, pero la nueva es introducida también con todas sus cualidades y tendencias.

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Éxodo 34:6-7

No quisiera terminar este artículo sin citar un pasaje que a menudo se cita erróneamente como la expresión de la gracia, y que en realidad es la manifestación del divino gobierno: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová!

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Falsas ideas acerca de la conversión

Hemos procurado poner de relieve la absoluta necesidad que todos los seres humanos tienen de convertirse. La Biblia lo declara de tal forma que no queda ninguna duda para el que se somete a su santa autoridad. Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mateo 18:3).

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Jacob

Solo citaremos un ejemplo más del libro del Génesis, de carácter sumamente práctico, en el cual se ven reunidas en el mismo individuo la acción conjunta de la gracia y el gobierno de una manera solemne e importante. Me refiero al patriarca Jacob. Toda la historia de este hombre –por demás instructiva– presenta una serie de eventos que ilustran nuestro tema.

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Jesús nos libera de la culpabilidad

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).

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Jesús nos libera de la ley como medio de ser justificado

El fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree (Romanos 10:4).

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Jesús nos libera de nosotros mismos

Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallar (Mateo 16:24-25).

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Jesús nos libera del mal

La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:2).

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Jesús nos libera del mundo y de Satanás

Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4). “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

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