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Los agradecimientos

Dar gracias a Dios Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias (Colosenses 4:2).

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Meditar la Palabra de Dios

Ciertamente, la lectura y la meditación de la Escritura es uno de los recursos más grandes dados al cristiano para su vida de oración. Leer la Biblia y orar son dos acciones que van juntas, como la inspiración y la espiración de nuestros pulmones (Jacob: Génesis 31:13; 32:9. Moisés: Éxodo 33:12-13; Números 7:89. David: 2 Samuel 7:27. Daniel: Daniel 9:2-3. Habacuc: Habacuc 3:2.

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Moisés

Se acordó de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, diciendo: ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en medio de él su santo espíritu; el que los guio por la diestra de Moisés con el brazo de su gloria…? (Isaías 63:11-12).

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Obedecer y complacer al Señor Jesús

El apóstol Juan relaciona claramente la respuesta a la oración con el hecho de guardar los mandamientos del Señor (1 Juan 3:22). Para tener una respuesta, es verdad que no debemos apoyarnos en nuestra obediencia sino únicamente en la gracia de Dios. Sin embargo, si no buscamos agradar al Señor, si nos negamos a obedecerlo, Dios no responderá a nuestras oraciones (Isaías 59:1-2).

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Orientar nuestro corazón hacia Dios

A veces, cuando oramos, la presencia de Dios se hace real y llega a ser una fuente de paz, de ánimo y de gozo. Pero otras veces nuestras oraciones nos parecen rutinarias, frías, sin vida. Dios nos parece lejano. Los fieles del Antiguo Testamento vivieron las mismas experiencias. Pero no por ello cesaron de orar, sino que se lo dijeron al Señor (Salmo 10:1; 13:1). Ahí está el remedio.

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Pablo

El apóstol Pablo tuvo el privilegio de exponer las verdades acerca de la Iglesia. Antes del día de Pentecostés, la Iglesia no existía. Israel era el pueblo que Dios tenía en la tierra. A ellos les pertenecía todo el sistema de leyes y sacrificios, así como el templo.

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¿Para qué y para quién ofrendar?

Preguntemos al Señor cuándo, a quién y cuánto debemos dar. ¿Consideramos como un privilegio el compartir con otros las riquezas que el Señor nos ha prestado? En la Biblia vemos que en los primeros tiempos de la Iglesia, los creyentes daban a los siervos del Señor, a los necesitados, a las viudas, y para otros aspectos de la obra del Señor, según las necesidades.

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Permanecer en la dependencia del Señor

Otro obstáculo para nuestra vida de oración es esa profunda tendencia a ser independientes. Cuando todo va bien, fácilmente nos volvemos negligentes para orar. Nos alejamos de Dios, queremos vivir por nuestra cuenta, y en consecuencia llega el fracaso, un fracaso que durará hasta que nos volvamos nuevamente al Señor. ¡Tenemos necesidad de él para todo!

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Pertenecemos al Señor

¿Ignoráis… que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).

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¿Qué es el servicio pastoral?

El pastor es alguien a quien el Señor ha llamado. En Su sabiduría el Señor ha preparado y encomendado la tarea de cuidar a Sus ovejas. Por lo tanto, al pastor no le incumbe realmente la misión de predicar (esta es más bien la función de los que tienen el don de maestro o profeta), aunque debe tener la capacidad para enseñar, pero no tanto desde el púlpito.

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Resumen

Hemos visto que hay muchas necesidades que cubrir. Usted y yo podemos y debemos dar para ayudar a satisfacer estas necesidades. ¡Qué bendición y privilegio es poder participar en su obra de esta manera! Pero no por obligación, como era el caso del diezmo. Esto nos sujetaría a la ley. Por lo tanto, no podemos dictar ningún porcentaje fijo para ofrendar.

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Su objetivo

Oramos primeramente para que Dios sea glorificado. Cuando por la fe nos acercamos verdaderamente a Dios, el deseo de honrarlo crece en nosotros. Entonces, ligados a ese deseo, oramos para discernir y cumplir la voluntad de Dios. Orando aprendemos, no a imponer nuestro pensamiento a Dios, sino a someternos a él. Por medio de la oración buscamos lo que Dios desea y lo aceptamos para hacerlo.

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Sus resultados

Dios responde de dos maneras a la oración de sus hijos. Primero les da su paz y los libra de la angustia (Filipenses 4:7; 1 Samuel 1:15, 18; Salmo 34:17). Podemos echar sobre él toda nuestra carga porque él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7). Luego, Dios nos concede lo que le pedimos si nuestra petición es conforme a su voluntad (1 Juan 5:14).

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Tomarse tiempo para orar

Orar, y hacerlo regularmente, es algo difícil, tenemos que reconocerlo. “¿No habéis podido velar conmigo una hora?” (Mateo 26:40). Cuanto más pesada se nos haga la oración, más negligentes somos en cuanto a ella. El resultado es una decadencia de nuestra vida espiritual.

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Vencer las dudas y las incertidumbres

La fe en Dios es primordial en las oraciones (Hebreos 11:6). ¿Entonces qué hacer en caso de duda? Una distinción se impone: existen dos tipos de duda. Una aleja de Dios, la otra conduce hacia él. El primer tipo es la duda por incredulidad, que rehúsa creer, ver su propia necesidad e ir hacia Jesús (Juan 5:40). Es un pecado que debe ser confesado y abandonado.

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