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Versículo 3

El amor que se consagra para el bien de los demás, excluirá la impureza que satisface a la carne en detrimento de otros y la codicia que busca el beneficio propio. Nuestro andar debe ser el que conviene a los santos. El modelo de nuestra conducta moral no es simplemente un andar que es propio de un hombre honesto, sino el que conviene a santos.

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Versículo 3

Inmediatamente después de los versículos introductorios, el apóstol se explaya acerca de la bendición de los creyentes conforme al propósito de Dios y, por consiguiente, de sus más elevadas bendiciones.

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Versículo 33

Por lo demás, dice el apóstol a cada uno individualmente –mientras tratamos de penetrar en estas verdades eternas del gran misterio de Cristo y de la Iglesia–, que el marido ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.

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Versículo 4

Los padres no deben educar a sus hijos según el principio de la ley, que podría conducirlos a decirles: «Si no te comportas bien, Dios te castigará». Tampoco deben educarlos según los principios del mundo, que no tienen en cuenta a Dios.

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Versículo 4

Además, la satisfacción pasajera que el mundo encuentra en la inmundicia, las palabras deshonestas y las truhanerías son inconvenientes para los santos. Lo que les conviene es el gozo apacible y profundo de las acciones de gracias, no “la risa del necio” (Eclesiastés 7:6).

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Versículo 4

Si para Dios, el mundo está totalmente muerto, el hombre no tiene posibilidad de liberarse por sí mismo de tal condición. Un muerto no puede hacer nada en cuanto a Aquel ante quien está muerto. Para un muerto, toda bendición tiene que depender enteramente de Dios. Esto le abre el camino a las actividades del amor de Dios.

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Versículo 4

A continuación, no solamente aprendemos acerca de la fuente y el carácter de nuestras bendiciones, las cuales vienen del corazón de nuestro Dios y Padre, sino que también encontramos que ellas tuvieron su origen “antes de la fundación del mundo”. Desde entonces, desde la eternidad pasada, fuimos escogidos en Cristo.

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Versículo 5

Los que se caracterizan por la impureza, la codicia y la idolatría, no solo serán privados de las bendiciones del reino venidero de Cristo y de Dios, sino que, por ser desobedientes al Evangelio, caerán bajo la ira de Dios. En contraste con el presente mundo malo, el reino de Dios será una escena en la que prevalecerá el amor y quedará excluida la concupiscencia.

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Versículo 5

Pablo habla de esta gran verdad que recibió mediante revelación y la menciona como “el misterio”; asimismo, en el versículo 4 se refiere a ella como “el misterio de Cristo”. Al usar la palabra “misterio”, el apóstol no lo hace en el sentido puramente humano con que habitualmente se utiliza esta palabra para expresar el pensamiento de algo oculto o misterioso.

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Versículo 5

Dicho amor se expresa hacia nosotros primeramente en las actividades de la gracia que, individualmente, nos vivifica con Cristo. Si estamos muertos, no puede haber ningún movimiento de nuestra parte hacia a Dios. El primer movimiento debe provenir de Dios. La nueva vida nos ha sido impartida, pero es una vida en asociación con Cristo.

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Versículo 5

Además, existen bendiciones especiales a las cuales los creyentes están predestinados. Parece ser que la predestinación siempre tiene como objetivo esas bendiciones especiales. Según la elección soberana, los creyentes, en común con los ángeles, permanecerán delante de Dios, santos y sin mancha.

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Versículo 6

Se nos advierte que no nos dejemos engañar con palabras vanas. Es evidente que los hombres quieren excusar la codicia mediante la filosofía y la ciencia; y que para darle al pecado una apariencia atractiva tratan de encubrirlo con un manto de encanto poético y romántico. A pesar de ello, por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.

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Versículo 6

Después de haber demostrado que la verdad que concierne a la Iglesia se dio a conocer por revelación, el apóstol resume esta verdad en un breve pasaje y explica porqué a la Iglesia se la llama “el misterio”.

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Versículo 6

Pero no solo ha cambiado nuestra condición, sino también nuestra posición. La vivificación es la comunicación de la vida; la resurrección introduce al que es vivificado en la posición de los vivientes. Aquí se nos enseña que tenemos esta posición en Cristo.

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Versículo 6

La manera en que Dios obró predestinándonos a este elevado lugar de bendición redundará en “alabanza de la gloria de su gracia”. Las riquezas de la gracia de Dios nos dan la condición adecuada para estar delante de Él; la gloria de su gracia nos pone en relación con Él, haciéndonos gozar gratuitamente de su favor en el Amado.

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Versículo 7

Por lo tanto, no debemos ser partícipes con tales personas. Los hijos de Dios y los hijos de desobediencia no pueden tener nada en común.

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Versículo 7

Después de haber colocado, por medio de estos versículos introductorios, el fundamento para un andar digno del llamamiento, el apóstol comienza a hablar de los recursos con que cuenta el creyente para que su andar sea fiel en relación con el primer círculo, es decir, con el solo cuerpo, y para crecer a la semejanza de Cristo, la Cabeza.

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Versículo 7

Pablo no solo recibió la revelación del misterio, sino que además fue hecho ministro de la verdad. El misterio también había sido revelado a los otros apóstoles (v. 5), pero a Pablo le fue confiado el servicio especial de ministrar esta verdad a los santos. Por eso la presentación del misterio se halla solo en las epístolas de Pablo.

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Versículo 7

Habiendo alcanzado la altura de la posición cristiana, pasamos ahora a conocer el glorioso objetivo que Dios se propuso al obrar así para con nosotros en amor. Esto es “para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”.

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Versículo 7

Los versículos precedentes nos han presentado el propósito de Dios para los creyentes; en este versículo se nos recuerda el medio que Dios empleó para que pudiésemos participar de estas bendiciones. Hemos sido redimidos por la sangre de Cristo, y nuestros pecados han sido perdonados según las riquezas de su gracia.

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Versículo 8

En segundo lugar, para promover el progreso y el crecimiento espiritual, el apóstol menciona los diferentes dones. Introduce el tema presentando a Cristo elevado en lo alto, porque estos dones provienen del Cristo triunfante y exaltado. Parece que para ilustrar el soberano poder de Cristo dando los dones, se hace una alusión a la historia de Barac (Jueces 5:12).

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Versículo 8

Además, el apóstol nos habla del efecto que esta gran verdad produjo en él. Frente a la grandeza de la gracia de Dios, se ve como el primero de los pecadores (1 Timoteo 1:15); frente a la inmensa extensión de bendiciones declaradas por el misterio revelado se siente menos que el más pequeño de todos los santos.

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Versículos 10

El apóstol nos conduce a considerar en primer lugar el poder que obra para con nosotros, y describe en segundo lugar el poder que obra contra nosotros. Para enfrentar esta lucha, siempre debemos recordar que toda nuestra fuerza está en el Señor; por eso Pablo dice: “Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”.

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Versículos 10-12

Los versículos siguientes nos declaran el misterio de Dios. Por medio de ellos aprendemos que este misterio consta de dos partes: primero, el propósito de Dios para Cristo; segundo, lo que Dios se propone para la Iglesia asociada con Cristo.

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