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El Señor se despojó y se humilló
Hay dos pasos en la humillación del Señor: el primero consiste en que, siendo en forma de Dios, se despojó a sí mismo; el segundo en que, estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente (nada hay más humilde que la obediencia, pues aquel que obedece no tiene voluntad propia en absoluto); y no solo fue obediente, sino obediente hasta la muerte (no solo renunciando a
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En mi ausencia obra Dios
Llegamos ahora a un pasaje que a menudo turba a las almas, aunque erróneamente, como lo veremos. “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido… ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (v. 12-13).
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En presencia del sacerdote
“Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca… será traído a Aarón el sacerdote”. Quisiera llamar la atención sobre la orden dada en este texto: “Será traído a Aarón el sacerdote”. Es terminante y formal; la encontramos nuevamente en el capítulo 14:2.
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Enoc
Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios (Hebreos 11:5).
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¿Es Cristo todo para mí?
Eso es lo que Pablo quería y lo que nos expone en mayor detalle. Nótese que no dice: Cuando fui convertido tuve todo como pérdida. Cuando una persona es convertida, Cristo es todo para ella; el mundo no es más que un engaño, una vanidad, una nulidad que se desvanece en el pensamiento, en tanto que las cosas que no se ven llenan el corazón.
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Extranjeros y peregrinos
Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.
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Fuera de su tienda
Limpio, rasurado, lavado, el leproso puede volver al campamento; ¡qué hermoso día para él! ¿No nos recuerda esto la declaración apostólica: Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo? (Efesios 2:13).
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Ganar y conocer a Cristo
Dos cosas están aquí ante el espíritu del apóstol (v. 8-9): primeramente, “ganar a Cristo”; luego, “no teniendo mi propia justicia”. Un hombre que usara una vestimenta raída y recibiera una nueva tendría vergüenza de usar la vieja. Así sucedía con Pablo en cuanto a la clase de justicia que había tenido anteriormente. No se puede poseer la propia justicia y la de Dios.
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“Gozaos… regocijaos”
“Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor”. El apóstol señala eso como punto de partida: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”. El efecto de haber terminado conmigo mismo es poder regocijarme siempre, y, si lo hago, lo hago en el Señor.
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Gravedad del mal
“Si… pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne…” (Levítico 13:3). No es, pues, solamente un mal superficial el que ha atacado. Es mucho más hondo: su raíz está en nuestro corazón. Y a ese corazón el Sumo Sacerdote lo ha declarado: “Engañoso… más que todas las cosas, y perverso”; (Jeremías 17:9).
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Hacia una meta celestial y gloriosa
Dios nos ha predestinado para esto, a saber, para que fuésemos “hechos conformes a la imagen de su Hijo”, no para que nuestra expectativa sea la de ser semejantes a Él cuando nuestro cuerpo esté en la tumba y nosotros en el paraíso.
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¡Inmundo, inmundo!
Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada (v. 45-46).
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Interceder en la unidad del Espíritu
Orar por los santos da a aquel que lo hace el poder de ver todo lo bueno que hay en ellos. Las epístolas lo testimonian, salvo la dirigida a los gálatas, en la cual el apóstol no habla de lo que podía alabar, sino que, sin preámbulo, comienza por el mal, pues los gálatas abandonaban el fundamento.
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Introducción
Escribir una introducción a la Biblia es una empresa ciertamente difícil y extremadamente seria. No podría ser de otro modo, tratándose de presentar ~ un libro que encierra el conjunto de todos los pensamientos de Dios y de todos sus designios relativos al hombre, así como su determinado propósito en cuanto a Cristo y al hombre en Él;
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Juzgar el mal
Es muy importante para el cristiano vivir habitualmente en lo que es bueno en este mundo, en el cual necesariamente tenemos que enfrentarnos con lo malo. Nosotros mismos antes fuimos malos y solo moraba el mal en nuestros corazones, en nuestra mente y en nuestro espíritu.
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La confianza de Pablo
Ahora Pablo nos muestra cómo era superior a todas las circunstancias por las que atravesaba: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (v. 11-13). Se oye decir que todo lo podemos en Cristo, como una especie de verdad absoluta. Pero pregunto: ¿Lo puede usted todo? No, no lo puede.
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La cruz y el pecado
Aquellos que solo piensan en las cosas terrenales son enemigos de la cruz de Cristo, decía el apóstol llorando. ¿Qué era la cruz? Ella había juzgado todas esas cosas. El Hijo de Dios –la fuente, la raíz, la planta que despliega toda gloria, Cristo– no encontró más que la cruz en este mundo. “El mundo no me verá más” (Juan 14:19).
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La escuela de la humildad
No diga: Pablo era un apóstol, era un hombre extraordinario, un vaso elegido que estaba muy por encima del mal que me atormenta. No, Pablo tenía un aguijón en la carne mientras escribía y, si bien el aguijón no fue el poder, le infundía el sentimiento de su nulidad cuando la potencia podía actuar. El Señor no quiso quitar el aguijón cuando Pablo le suplicó que lo hiciera.
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La fe aplicada a la paz del alma; y la fe como poder para caminar
Cuando hablamos de fe, podemos considerarla como la fe en un testimonio; por ejemplo, cuando alguien me cuenta algo y creo lo que esa persona me dice. Pero también puedo tener fe en esa persona de otra manera: poniendo mi confianza en ella; a menudo confundimos estas dos cosas.
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La fe, el principio vital
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve… Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía (Hebreos 11:1-3).
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La gracia y el amor del Modelo
Él era sencillamente siempre el mismo, perfectamente sensible a todas las cosas, pero nunca gobernado por ellas, siempre en medio de ellas con el poder de su propia gracia. Nunca le vemos insensible. Cuando vio a las multitudes, fue movido a compasión hacia ellas, y, cuando vio el ataúd en el que era llevado el hijo único de la mujer viuda, “se compadeció de cella” (Lucas 7:13).
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La humildad, fruto de la gracia
Pero abordemos ahora el segundo capítulo. La gracia que nos asocia a Cristo es maravillosa: se nos exhorta a tener el mismo sentimiento que hubo en Él (v. 5). La Escritura nos presenta aquí la humildad de la vida cristiana, así como en el capítulo siguiente nos muestra la energía de tal vida.
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La llaga de lepra
Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes (Levítico 13:1-2).
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La resurrección de entre los muertos
La expresión “la resurrección de entre los muertos” es, en el texto original, una frase muy particular que no se encuentra en ninguna otra parte en el Nuevo Testamento. Esta resurrección –la resurrección de entre los muertos– es una verdad de un alcance inmenso. Cristo es “las primicias”, no de los malvados muertos, por supuesto. ¿Qué fue la resurrección de Cristo?
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