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La levadura y la miel
Ambas estaban excluidas de la ofrenda vegetal.
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La necesidad del sacrificio
En el Antiguo Testamento, numerosas figuras nos hablan de la muerte de Cristo. Todas tienen algo en común. Ante todo no son un ejemplo de amor o de devoción, sino que presentan una vida ofrecida en lugar de otra.
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La ofrenda de aves
Ésta es una ofrenda más humilde todavía. No obstante, el adorador ha querido acercarse. Trae lo que puede según sus recursos, una ofrenda que tenía algunos defectos, de la cual hacía falta quitar “el buche y las plumas”, “con la suciedad que contenga” (v. 16, V. M.). No era el adorador quien degollaba y desollaba; el sacerdote lo hacía todo.
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La ofrenda del rebaño
No todos los israelitas llevaban un becerro; aquellos que eran demasiado pobres se contentaban con una oveja o una cabra. Muchos detalles de los versículos 10 a 13 corresponden al párrafo precedente, pero algunos rasgos faltan.
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La parte de Dios
Como siempre, la ofrenda debía ser sin defecto. La sangre era rociada alrededor del altar. Incluso cuando no se trata de perdón ni de aceptación, la sangre de Cristo guarda todo su valor ante Dios, sea cual fuere el aspecto bajo el cual se considere la obra de su Hijo. Él es la eterna base de nuestra relación con Dios.
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La parte de Dios en la ofrenda
“Tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso” (Levítico 2:2). Durante toda su vida, Cristo era una ofrenda a Dios. Adán, en su inocencia, había gozado de los favores de Dios. Le daba o debería haberle dado gracias, pero en sí mismo él no era una ofrenda a Dios.
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La parte de los sacerdotes
El pecho, ofrecido junto con la grosura, mecido ante Dios, era comido después por Aarón y sus hijos. El pecho nos habla del amor de Cristo que excede a todo conocimiento, según la oración de Efesios 3:19.
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La parte de los sacerdotes
Todo lo que quedaba era para ellos. Podían nutrirse de esta perfecta ofrenda, pero debían hacerlo en un lugar santo, aparte de los pensamientos y de los ruidos del mundo, siempre recordando que “es cosa santísima” (v. 3, 10).
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La parte del adorador
¿Por qué motivo un israelita ofrecía una ofrenda de paz? Como acción de gracias o en cumplimiento de un voto, nos dice Levítico 7:12, 16. Lo hace en respuesta a bendiciones recibidas, como resultado del apego espiritual a Dios. No se trataba de obtener algo, de ser perdonado o aceptado, sino de traer el agradecimiento de corazones que ya habían recibido la bendición divina.
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La Pascua como alimento
El cordero fue introducido en una familia sobre la cual se cernía la muerte; todo cambió y hubo seguridad y paz. La noche en que el destructor pasó, la familia se alimentó de la víctima asada al fuego, de panes sin levadura y de hierbas amargas.
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La Pascua como memorial
La salida de Egipto tuvo lugar de una vez para siempre. La primera Pascua no se debía repetir; la sangre tampoco sería puesta nuevamente sobre las puertas; pero enseguida Dios había declarado: “Este día os será en memoria… fiesta solemne para Jehová… estatuto perpetuo” (Éxodo 12:14).
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La piedad
“Ejercítate para la piedad”, dice el apóstol a Timoteo (1 Timoteo 4:7). Antes de estar atento a las enseñanzas, “ten cuidado de ti mismo” (v. 16).
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La responsabilidad es proporcional a los privilegios recibidos
En efecto, si el sacerdote ungido o toda la congregación habían pecado, era necesario llevar un becerro. Un jefe presentaba un macho cabrío; una persona del pueblo llevaba una cabra; en otros casos, si los medios no alcanzaban para adquirir un cordero, se llevaban dos aves o incluso la décima parte de un efa de flor de harina.
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La restauración
“Cuando alguna persona pecare…”, hemos visto en el Levítico. Casi la misma expresión se encuentra en 1 Juan 2:1-2, seguida por estas palabras: “… abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados”. Así, el “sacrificio” siempre está a nuestra disposición.
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La sal del pacto
La sal representa ante todo la fuerza preservadora de lo que es divino, el poder santificador que nos mantiene separados de la corrupción. La sal no faltaba en la vida de Cristo. También exhorta a sus discípulos a tener sal en sí mismos.
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La vida de resurrección del creyente
Antes de ofrecer la gavilla no se permitía comer pan de trigo nuevo, ni grano tostado, ni en espiga. El mismo día de su resurrección, Jesús se acercó a dos de sus discípulos que iban a Emaús y les explicó “en todas las Escrituras lo que de él decían”. ¡Cuántas maravillas hicieron arder el corazón de Cleofás y de su compañero aquel día!
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Las dificultades en el servicio
El desánimo
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Los recursos
Mientras tantos motivos de desánimo lo rodeaban, el apóstol indicó especialmente a Timoteo, tres recursos siempre actuales:
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Los sacrificios de levítico 1 a 7
Encontramos en estos capítulos cuatro sacrificios principales (según Hebreos 10:8).
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Los sufrimientos de Cristo
Levítico 16 nos presenta dos categorías de sacrificios: los que Aarón ofrecía por sí mismo y por su casa, a saber, un novillo por el pecado y un carnero como holocausto, y los que ofrecía por el pueblo: dos machos cabríos por el pecado y un carnero como holocausto.
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Pecados específicos
El pasaje de Levítico 5:1 nos presenta la falta del testigo. Podemos callar un mal que a la verdad debería ser puesto en conocimiento de los demás. No se trata de denigrar ni de relatar las faltas de nuestros hermanos, pero hay casos particulares en los cuales, habiendo “sido llamado a testificar”, es necesario hablar.
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Pecados y culpas
Levítico 4 nos habla de los pecados contra uno de los mandamientos de Dios. Podía tratarse del sacerdote ungido (v. 3-12), de toda la congregación (v. 13-21), de un jefe (v. 22-26) o de alguna persona del pueblo (v. 27-35).
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Procura venir pronto (2 Timoteo 4:9-16, 22)
El apóstol ya era un “anciano” y estaba solo; la mayoría de sus compañeros de milicia se habían ido a diversos lugares para cumplir la obra del Señor. Uno de ellos lo había abandonado, “amando este mundo”. En su primera defensa nadie estuvo con él; ninguno quiso arriesgarse a ser testigo de descargo ante el tribunal imperial. Alejandro mostró mucha maldad hacia el apóstol.
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Sacrificios espirituales
Los sacrificios espirituales de hoy son el “fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15): oraciones de acciones de gracias y cánticos de alabanza. Varias estrofas de cánticos corresponden a uno u otro de estos sacrificios. El carácter del holocausto se expresa, por ejemplo, con estas palabras:
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