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Es un acto unido a la asamblea local

Vayamos directamente a la respuesta: el partimiento del pan está unido a la asamblea local y no puede separarse de ella, según el pensamiento de Dios.

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La Cena no es un medio para obtener la gracia

Para comenzar afirmamos que, contrario a una idea muy generalizada, comer el pan y beber la copa no confiere ninguna gracia, es decir, no es un sacramento. El acto mismo de partir el pan no tiene ningún efecto directo sobre la persona que participa en él; no se produce ningún cambio en la persona. Partir el pan no es algo místico o misterioso, no cambia nada en el interior de una persona.

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La costumbre de los primeros cristianos

Si nos fijamos en la costumbre de los primeros cristianos, vemos que al principio del testimonio cristiano en este mundo –al menos en Jerusalén– el pan se partía diariamente (Hechos 2:42, 46). Podemos entenderlo bien.

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La fiesta de los Tabernáculos a través de los tiempos

Al llegar a Canaán, muy pronto Israel olvidó que había sido extranjero en Egipto y peregrino en el desierto. En realidad, solo tres veces encontramos la fiesta de los Tabernáculos celebrada según la ordenanza.

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La gravedad del pecado

Dios no deja pasar nada por alto. Puede perdonar y purificar todo, pero no puede dejar pasar nada. El pecado, escondido a los ojos de aquel que lo ha cometido, no está oculto a los ojos de Dios. Moisés declara a las dos tribus y media que si no van a la conquista del país de Canaán:

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La levadura y la miel

Ambas estaban excluidas de la ofrenda vegetal.

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La Mesa del Señor

La expresión “Mesa del Señor” solo aparece en 1 Corintios 10. Por supuesto, no se trata de un mueble (aunque, por comodidad, el pan y la copa se ponen sobre una mesa), sino de principios unidos a los privilegios comunes que disfrutamos y que nos animan a asumir nuestra responsabilidad común.

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La necesidad del sacrificio

En el Antiguo Testamento, numerosas figuras nos hablan de la muerte de Cristo. Todas tienen algo en común. Ante todo no son un ejemplo de amor o de devoción, sino que presentan una vida ofrecida en lugar de otra.

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La ofrenda de aves

Ésta es una ofrenda más humilde todavía. No obstante, el adorador ha querido acercarse. Trae lo que puede según sus recursos, una ofrenda que tenía algunos defectos, de la cual hacía falta quitar “el buche y las plumas”, “con la suciedad que contenga” (v. 16, V. M.). No era el adorador quien degollaba y desollaba; el sacerdote lo hacía todo.

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La ofrenda del rebaño

No todos los israelitas llevaban un becerro; aquellos que eran demasiado pobres se contentaban con una oveja o una cabra. Muchos detalles de los versículos 10 a 13 corresponden al párrafo precedente, pero algunos rasgos faltan.

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La parte de Dios

Como siempre, la ofrenda debía ser sin defecto. La sangre era rociada alrededor del altar. Incluso cuando no se trata de perdón ni de aceptación, la sangre de Cristo guarda todo su valor ante Dios, sea cual fuere el aspecto bajo el cual se considere la obra de su Hijo. Él es la eterna base de nuestra relación con Dios.

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La parte de Dios en la ofrenda

“Tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina y del aceite, con todo el incienso” (Levítico 2:2). Durante toda su vida, Cristo era una ofrenda a Dios. Adán, en su inocencia, había gozado de los favores de Dios. Le daba o debería haberle dado gracias, pero en sí mismo él no era una ofrenda a Dios.

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La parte de los sacerdotes

El pecho, ofrecido junto con la grosura, mecido ante Dios, era comido después por Aarón y sus hijos. El pecho nos habla del amor de Cristo que excede a todo conocimiento, según la oración de Efesios 3:19.

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La parte de los sacerdotes

Todo lo que quedaba era para ellos. Podían nutrirse de esta perfecta ofrenda, pero debían hacerlo en un lugar santo, aparte de los pensamientos y de los ruidos del mundo, siempre recordando que “es cosa santísima” (v. 3, 10).

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La parte del adorador

¿Por qué motivo un israelita ofrecía una ofrenda de paz? Como acción de gracias o en cumplimiento de un voto, nos dice Levítico 7:12, 16. Lo hace en respuesta a bendiciones recibidas, como resultado del apego espiritual a Dios. No se trataba de obtener algo, de ser perdonado o aceptado, sino de traer el agradecimiento de corazones que ya habían recibido la bendición divina.

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La Pascua como alimento

El cordero fue introducido en una familia sobre la cual se cernía la muerte; todo cambió y hubo seguridad y paz. La noche en que el destructor pasó, la familia se alimentó de la víctima asada al fuego, de panes sin levadura y de hierbas amargas.

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La Pascua como memorial

La salida de Egipto tuvo lugar de una vez para siempre. La primera Pascua no se debía repetir; la sangre tampoco sería puesta nuevamente sobre las puertas; pero enseguida Dios había declarado: “Este día os será en memoria… fiesta solemne para Jehová… estatuto perpetuo” (Éxodo 12:14).

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La responsabilidad es proporcional a los privilegios recibidos

En efecto, si el sacerdote ungido o toda la congregación habían pecado, era necesario llevar un becerro. Un jefe presentaba un macho cabrío; una persona del pueblo llevaba una cabra; en otros casos, si los medios no alcanzaban para adquirir un cordero, se llevaban dos aves o incluso la décima parte de un efa de flor de harina.

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La restauración

“Cuando alguna persona pecare…”, hemos visto en el Levítico. Casi la misma expresión se encuentra en 1 Juan 2:1-2, seguida por estas palabras: “… abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados”. Así, el “sacrificio” siempre está a nuestra disposición.

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La sal del pacto

La sal representa ante todo la fuerza preservadora de lo que es divino, el poder santificador que nos mantiene separados de la corrupción. La sal no faltaba en la vida de Cristo. También exhorta a sus discípulos a tener sal en sí mismos.

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La vida de resurrección del creyente

Antes de ofrecer la gavilla no se permitía comer pan de trigo nuevo, ni grano tostado, ni en espiga. El mismo día de su resurrección, Jesús se acercó a dos de sus discípulos que iban a Emaús y les explicó “en todas las Escrituras lo que de él decían”. ¡Cuántas maravillas hicieron arder el corazón de Cleofás y de su compañero aquel día!

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Los sacrificios de levítico 1 a 7

Encontramos en estos capítulos cuatro sacrificios principales (según Hebreos 10:8).

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Los sufrimientos de Cristo

Levítico 16 nos presenta dos categorías de sacrificios: los que Aarón ofrecía por sí mismo y por su casa, a saber, un novillo por el pecado y un carnero como holocausto, y los que ofrecía por el pueblo: dos machos cabríos por el pecado y un carnero como holocausto.

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No hay liturgia

En primer lugar, recordemos que la Biblia no nos da ninguna indicación directa y explícita sobre cómo debe desarrollarse dicha reunión. Podemos alegrarnos por ello. Dios no quiere encerrarnos en un reglamento, sino que nos da la libertad del Espíritu.

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