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Fracaso en la familia

Mucho fracaso y confusión se manifiestan en los hogares y familias cristianas, debido a que el esposo y padre no ha tomado su propio lugar como cabeza de la casa ni ha reconocido como tal su responsabilidad ante Dios. Dios espera del padre especialmente que vele por su familia y que ordene su casa de acuerdo con su Palabra y para Su gloria.

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Ganar a un hijo rebelde

Cierto padre tenía un hijo inmanejable e ingobernable en el hogar, al punto de poner en peligro las vidas de los miembros de la familia. Después de haber empleado sin éxito todos los métodos de amor, recompensas, amenazas y castigos, el padre decidió enviarlo a una escuela correccional, de modo que fue a ver al director de dicho centro, un simpático cristiano, y le contó sus preocupaciones.

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Instituido por Dios

El hogar fue establecido por Dios, y fue Su designio para la humanidad. Cuando Dios hizo a Adán y a Eva y los unió en santo matrimonio, mandándoles que fructificaran y se multiplicaran y que llenaran la tierra, instituyó la primera familia y el primer hogar (Génesis 1:27-28).

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Instituido por Dios en Edén

El matrimonio es la más antigua y la más noble de las instituciones que Dios dio a la humanidad. El vínculo matrimonial fue la intención de Dios para el hombre desde el comienzo de su historia. En el huerto de Edén, Él mismo efectuó la primera boda, y su Palabra declara que “honroso sea en todos el matrimonio” (Hebreos 13:4).

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La educación

Ciertamente la tendencia a llenar la mente de los niños con toda clase de cuentos de hadas y ficciones no puede conducir a formar en ellos el concepto de la verdad. Tales libros deben ser alejados de ellos tanto como sea posible y reemplazados por los que se refieran a hechos reales y vivientes.

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La falta de hospitalidad

Uno de los rasgos admirables del patriarca Job era el de abrir sus puertas al “caminante”. “El forastero no pasaba fuera la noche” (Job 31:32). En cambio, los días de decadencia y alejamiento del pueblo de Dios se caracterizan por la falta de ese gesto. Esto se nota en los días de los jueces (Jueces 19:15-18), cuando el pueblo de Dios había caído muy bajo.

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La familia cristiana

Pero la familia cristiana, en la cual uno o ambos esposos pertenecen al Señor, es infinitamente más que un bendito refugio contra el mal. Es, en medio de un mundo sin Dios y sin Cristo, un santuario en el cual las preciosas almas de los hijos son guardadas de la contaminante influencia de ese mundo.

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La hospitalidad

Ejercer la hospitalidad es una hermosa virtud cristiana. Las Escrituras nos exhortan constantemente, por preceptos y por medio de ejemplos, a practicarla. Esa bondadosa y generosa recepción del prójimo al abrigo y cuidado de nuestro hogar ha sido llamada: «la gloria del hogar y la flor de la vida hogareña». Es un justo y adecuado adorno de “la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10).

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La sunamita

En hermoso contraste con los días de Jueces 19 están los hechos encomiables y hospitalarios de la mujer “importante” de Sunem, según se leemos en 2 Reyes 4:8-17. Cuando el profeta Eliseo pasó por aquel camino, ella insistió para que entrase a comer. Al verse tan cordialmente bienvenido, él volvía a comer pan allí cada vez que pasaba por aquel camino.

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La tarea asignada por Dios a la madre

En un normal estado de cosas, la mayor parte de la vida de un niño –estos años en que es más moldeable– la pasa en compañía de la madre. La responsabilidad del padre, como quien tiene que ganar el pan para la familia, por lo general le lleva lejos de su hogar durante muchas horas del día.

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La variedad en los elementos educativos

Terminaremos el tema de la crianza de los niños con algunas observaciones acerca de la necesidad de diversificar los elementos educativos. La educación cristiana no implica meramente la alimentación de las almas de los niños con la Palabra de Dios, aunque esto sea de primordial importancia. Según lo expresa Von Poseck: «Las mentes y los corazones jóvenes desean variedad.

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Las necesidades espirituales son las más importantes

Muchos padres y madres están tan ocupados con sus ocupaciones y las cosas materiales que dedican poco o ningún tiempo a la lectura y meditación de las Escrituras para satisfacer sus propias necesidades espirituales y las de sus hijos. En consecuencia, a sus hijos les da la impresión de que las cosas materiales son de mayor importancia y que las cosas espirituales no cuentan mucho.

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Lo que significa «educar»

«Educar» no es meramente enseñar o instruir, sino también «conducir por un curso particular o llevar a lo largo de cierto paso». Se requiere continua vigilancia, constante atención y persistente cuidado para producir el efecto y objeto deseados.

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Mantener los afectos

Un estimado hermano con mucha razón ha escrito respecto a Colosenses 3:21: «Los padres deben ser benévolos para que los afectos de sus hijos no se enfríen y sean inducidos a buscar en el mundo la felicidad que normalmente deberían hallar en el círculo doméstico que Dios ha formado como una salvaguardia para aquellos que están en pleno desarrollo».

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“No provoquéis a ira a vuestros hijos”

Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4).

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Nutrir los corazones

¡Cuán bueno es llenar los tiernos corazones y las mentes de los niños con las verdades de la preciosa Palabra de Dios! Es de gran valor instruir en las Escrituras a los niños cuando aún lo son y adiestrarlos en un conocimiento profundizado de la Palabra de Dios. Es como preparar bien los elementos de una fogata, de modo que baste una chispa para convertirla en llama.

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Obligar a obedecer

Para ser obedecidos, los padres deben atenerse a su palabra y cumplir sus advertencias de castigo en caso de desobediencia. Los niños son vivos observadores y pronto saben si lo que decimos, lo decimos seriamente o no, si castigaremos la desobediencia y recompensaremos la obediencia. Los padres deben insistir, aun apelando al castigo si fuese necesario, en ser obedecidos.

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“Para que vuestras oraciones no tengan estorbo”

En 1 Pedro 3:7 los esposos son exhortados a habitar con sus esposas “sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia y de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

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Privilegio y responsabilidad

El principio implícito en la expresión “tú y tu casa” es sin duda una gran bendición y privilegio. Si aquel que es la cabeza de la casa es salvo y hecho un hijo de Dios, objeto de la bendición y del favor de Dios, entonces toda su casa, por virtud de la conexión con él, es traída con él a una posición de asombroso privilegio.

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¿Qué es el hogar?

El hogar no es sólo un sitio donde comemos y dormimos, sino la atractiva morada donde el amor doméstico, la feliz y dulce vida familiar, el descanso, la paz, y la protección de un mundo malo son conocidos y donde participamos de ellos. No es el hermoso edificio ni el mobiliario rico que tiene dentro, lo que hace el hogar.

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Recibirle hoy

Si bien el amante Salvador no está ya corporalmente en la tierra como en tiempos de Marta, el Espíritu Santo está aquí, trabajando por Sus intereses; habita en Su pueblo redimido, y actúa por ellos y en ellos. Por tanto, nosotros también podemos recibir al Señor en nuestros hogares como Marta lo hizo en otro tiempo.

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Reflejar al Padre celestial

El Padre de padres es nuestro Dios y Padre celestial, y de Él cada padre terrenal debe aprender cómo ser un verdadero padre de familia. Por gracia prodigiosa todo creyente en Cristo entra en la más íntima y preciosa relación con Dios y le conoce como su propio Padre. Tenemos al Espíritu de adopción dentro de nosotros que clama: “Abba Padre”.

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Siervos

Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.

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Sumisión como al Señor

Esta sumisión de la esposa a su esposo ha de ser “como al Señor”. El Señor es introducido como Aquel de quien se deriva la autoridad de su esposo. Ella ha de reconocer, detrás de su esposo, al Señor como la autoridad directiva y gobernante en la vida familiar, y recordar que, como “Cristo es la cabeza de todo varón, el varón es la cabeza de la mujer” (1 Corintios 11:3).

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