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Hacia una meta celestial y gloriosa

Dios nos ha predestinado para esto, a saber, para que fuésemos “hechos conformes a la imagen de su Hijo”, no para que nuestra expectativa sea la de ser semejantes a Él cuando nuestro cuerpo esté en la tumba y nosotros en el paraíso.

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Interceder en la unidad del Espíritu

Orar por los santos da a aquel que lo hace el poder de ver todo lo bueno que hay en ellos. Las epístolas lo testimonian, salvo la dirigida a los gálatas, en la cual el apóstol no habla de lo que podía alabar, sino que, sin preámbulo, comienza por el mal, pues los gálatas abandonaban el fundamento.

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Introducción

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. (Juan 10:27-28)

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Introducción

Escribir una introducción a la Biblia es una empresa ciertamente difícil y extremadamente seria. No podría ser de otro modo, tratándose de presentar   ~  un libro que encierra el conjunto de todos los pensamientos de Dios y de todos sus designios relativos al hombre, así como su determinado propósito en cuanto a Cristo y al hombre en Él;

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Juzgar el mal

Es muy importante para el cristiano vivir habitualmente en lo que es bueno en este mundo, en el cual necesariamente tenemos que enfrentarnos con lo malo. Nosotros mismos antes fuimos malos y solo moraba el mal en nuestros corazones, en nuestra mente y en nuestro espíritu.

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La Biblia, semejante a un arco

Para comenzar (me dirijo a aquellos que confían en nuestro Señor Jesucristo para la salvación de sus almas) diré que no avanzaremos ni un solo paso en lo que se refiere a nuestras almas si no creemos firmemente que este Libro, la Biblia, es el Libro de Dios, divinamente inspirado desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

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La clase de confesión que agrada a Dios

Cierto amigo mío me contó la historia de un cristiano que, por desgracia, contrajo el vicio de emborracharse; este hombre le pidió consejo a otro cristiano, quien le contestó de la siguiente manera: —Amigo mío, debe usted confesar su pecado. El culpable se arrodilló diciendo: — Dios mío, he cometido un delito! El amigo le dijo: —No hable usted así; confiese a Dios lo que ha hecho.

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La confianza de Pablo

Ahora Pablo nos muestra cómo era superior a todas las circunstancias por las que atravesaba: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (v. 11-13). Se oye decir que todo lo podemos en Cristo, como una especie de verdad absoluta. Pero pregunto: ¿Lo puede usted todo? No, no lo puede.

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La cruz y el pecado

Aquellos que solo piensan en las cosas terrenales son enemigos de la cruz de Cristo, decía el apóstol llorando. ¿Qué era la cruz? Ella había juzgado todas esas cosas. El Hijo de Dios –la fuente, la raíz, la planta que despliega toda gloria, Cristo– no encontró más que la cruz en este mundo. “El mundo no me verá más” (Juan 14:19).

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La escuela de la humildad

No diga: Pablo era un apóstol, era un hombre extraordinario, un vaso elegido que estaba muy por encima del mal que me atormenta. No, Pablo tenía un aguijón en la carne mientras escribía y, si bien el aguijón no fue el poder, le infundía el sentimiento de su nulidad cuando la potencia podía actuar. El Señor no quiso quitar el aguijón cuando Pablo le suplicó que lo hiciera.

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La fe aplicada a la paz del alma; y la fe como poder para caminar

Cuando hablamos de fe, podemos considerarla como la fe en un testimonio; por ejemplo, cuando alguien me cuenta algo y creo lo que esa persona me dice. Pero también puedo tener fe en esa persona de otra manera: poniendo mi confianza en ella; a menudo confundimos estas dos cosas.

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La fe, el principio vital

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve… Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía (Hebreos 11:1-3).

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La gracia y el amor del Modelo

Él era sencillamente siempre el mismo, perfectamente sensible a todas las cosas, pero nunca gobernado por ellas, siempre en medio de ellas con el poder de su propia gracia. Nunca le vemos insensible. Cuando vio a las multitudes, fue movido a compasión hacia ellas, y, cuando vio el ataúd en el que era llevado el hijo único de la mujer viuda, “se compadeció de cella” (Lucas 7:13).

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La humildad, fruto de la gracia

Pero abordemos ahora el segundo capítulo. La gracia que nos asocia a Cristo es maravillosa: se nos exhorta a tener el mismo sentimiento que hubo en Él (v. 5). La Escritura nos presenta aquí la humildad de la vida cristiana, así como en el capítulo siguiente nos muestra la energía de tal vida.

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La mala naturaleza continúa existiendo

Según la Escritura, la mala naturaleza no se desarraiga después de la conversión; sigue existiendo. Sin embargo, también es cierto que no seremos juzgados. Somos justificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una sola vez. Entonces ¿podemos pecar a nuestro capricho?

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La puerca lavada

Otro puede decirme: «¿Cómo se compagina esto con lo que se halla escrito en 2 Pedro 2:22?» (“Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”). No está dicho que la oveja vuelva a revolcarse en el cieno, sino la puerca lavada.

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La resurrección de entre los muertos

La expresión “la resurrección de entre los muertos” es, en el texto original, una frase muy particular que no se encuentra en ninguna otra parte en el Nuevo Testamento. Esta resurrección –la resurrección de entre los muertos– es una verdad de un alcance inmenso. Cristo es “las primicias”, no de los malvados muertos, por supuesto. ¿Qué fue la resurrección de Cristo?

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La salvación sin obras

Examinemos ahora el otro lado de la cuestión. Algunos preguntan: «¿No hay un versículo en Filipenses que dice: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”? (cap. 2:12); ¿cómo se explica esto?». En primer lugar, debemos observar que estas palabras se encuentran en la epístola a los Filipenses. ¿A quiénes va dirigida?

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La tumba abierta: una puerta a la felicidad eterna

El Señor salió del sepulcro a pesar del sello que había puesto el gobernador romano. La piedra fue quitada para que pudiésemos mirar, y mirando, se desvanecieran nuestras dudas y recelos; de modo que ahora podemos exclamar triunfantes: «¡El Señor ha resucitado verdaderamente!».

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La vieja naturaleza no puede ser cambiada

Sale nuestro amigo guiando a sus animales, pero, al pasar cerca de un charco, la puerca da un resoplido de satisfacción y se hunde en el cieno. Y es que, a pesar de su estado de limpieza y de las cintas que luce, su naturaleza es la misma, no ha cambiado en nada. De un salto se echa en el charco y da a la vez un empujón a la oveja, la que queda igualmente cubierta de barro.

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Las asechanzas de Satanás

Satanás se atraviesa en nuestro camino aun hoy. Ustedes no darán dos pasos –después de haber oído la Palabra de Dios– sin que el diablo intente arrebatarles el fruto que hayan logrado. Hará lo posible para despertar en ustedes el orgullo e impedirles así que manifiesten ese carácter de Cristo que ocupa nuestra atención en este momento.

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Las Escrituras no pueden contradecirse

Así sentados estos principios, damos por aceptado que las Escrituras no se contradicen a sí mismas; que es completamente imposible que un versículo contradiga a otro; aunque, si se juzga con ligereza, así lo parezca en algunos casos. Los incrédulos buscan contradicciones en la Biblia y a menudo encuentran un punto en el que creen que existe una.

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Las obras de la ley y el fruto del espíritu

Alguien dirá: «¿No le parece que debemos guardar los diez mandamientos?». Yo opino que debemos hacer más que esto. Supongamos que tengo dos medidas, una de un metro y medio de altura y otra de dos metros. Si llego a la que tiene dos metros, es natural que llego también a la que tiene un metro y medio. Cristo es la medida del cristiano.

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Libres de un diluvio judicial

Voy a presentar otro caso que ilustra la enseñanza que me propongo dar. Dice la Biblia que, cuando Noé y su familia estuvieron dentro del arca, Jehová cerró la puerta (Génesis 7:16).

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