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Si uno sufre, los demás sufren con él

“Por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia” (v. 7). Poco sentimos cuán real es la unidad del Espíritu; hemos perdido grandemente la realidad de ella, aunque reconozcamos el hecho como una verdad.

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Siervo para siempre

Cristo no solo tomó la forma de siervo, sino que también tomó ese lugar para siempre, así como no dejará nunca de ser hombre ni abandonará el verdadero lugar de este ante Dios. Cristo tomó la forma de hombre y cumplió sus años de servicio en la tierra según la figura del siervo hebreo del capítulo 21 del Éxodo.

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Siguiendo la verdad en amor

La vida de la asamblea no queda limitada a las reuniones, aunque sea en estas, y por encima de todo en la Mesa del Señor, donde ella se manifiesta. En realidad, su funcionamiento comprende enteramente la vida cristiana de todos los creyentes. Nos demos cuenta o no, todos los detalles de la vida espiritual de cada uno de ellos repercuten sobre el conjunto del Cuerpo, e inversamente.

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Su composición

En efecto, la Iglesia está integrada por los que poseen la nueva vida en Cristo, la vida de Dios, y únicamente por aquellos. Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu (1 Corintios 12:13).

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Su precio

Por mucho que sea nuestro recogimiento, este no será tan hondo como debería al considerar lo que la Palabra nos dice acerca del precio que la Iglesia tiene para Cristo y para Dios.

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Su responsabilidad

La grandeza de tales privilegios, la realidad de esos recursos, que exceden a los que tenían los testigos de la fe que vivieron en las dispensaciones anteriores, hacen pesar sobre la Iglesia una responsabilidad más grande que ninguna otra.

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Su sitio distinto

De ello deriva el sitio distinto que le es asignado aquí abajo a la Iglesia. Así como el creyente no es del mundo porque Cristo no es del mundo (Juan 17:14), ella tampoco.

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Tener un mismo sentimiento

Pablo dice: “Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios” (v. 15). ¿Puede ser que alguno haya dado el primer paso y el lector esté más adelantado? Si lo está, una cosa debe hacer: mostrar mayor gracia para con aquel que aún no lo esté, pues de todas maneras Cristo lo ha hecho suyo y le ha perdonado sus pecados.

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Tener un mismo sentimiento

Los filipenses, en su preocupación por Pablo, habían manifestado esas cosas de las que el apóstol habla en el versículo 1. Sin embargo, ellos no estaban perfectamente unidos en Cristo. Pero el apóstol no quería hacerles un reproche al ver todo el amor que sentían por él.

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Un orden de cosas completo

¿Puede haber sistema más admirable y completo? Lo abarca todo. La satisfacción y el pretendido gozo que contiene son suficientes para que la gran e inconstante masa de la humanidad se halle siempre en actividad y goce de una relativa alegría. Los corazones se apresuran a buscar lo que los pueda satisfacer, los espíritus se hallan atareados.

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Una posición clara

Así son las cosas: cuando un alma ha llegado realmente al conocimiento de Dios, o más bien, a ser conocida por Dios, se siente atraída hacia las cosas celestiales por su unión con Cristo. No tiene ningún deseo de participar en el sistema u orden de cosas del mundo, y bien puede pensar: ¿cómo podría yo retornar a tan débiles y miserables principios?

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Una tienda y un altar

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios

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Una toma de posición que deriva de tales caracteres

Esos caracteres implican tomar una posición que a menudo es mal comprendida y mal juzgada, aun por los otros cristianos. Ella no tiene valor si no es dictada por la obediencia, en humildad, y en un profundo amor por la Iglesia entera.

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