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El ministerio de las mujeres

En el Nuevo Testamento, se lo tiene por un ministerio preciosísimo en su lugar, sea para la enseñanza en la familia –en pláticas privadas, como vemos a Priscila al lado de Aquila para enseñar a Apolos (Hechos 18:26), o a las cuatro hijas de Felipe profetizando (Hechos 21:9)–, sea en todos los “servicios” –como el de Febe, “diaconisa de la iglesia en Cencrea” (Romanos 16:1)–, en los cuales la mu

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El propósito de Dios a su respecto

No temamos extendernos más sobre este asunto. No podremos tener una idea justa de todo lo que concierne a la Iglesia si no fijamos nuestra atención en lo que la Escritura revela acerca del propósito de Dios respecto a ella, en vista de Su propia gloria.

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El retorno de la cristiandad a su estado primitivo: Una quimera

¿Qué hacer? No se trata de reedificar la Iglesia tal como la vemos en los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles. Ello es imposible. En toda la Escritura se comprueba que Dios no restaura integralmente lo que el hombre ha arruinado. Da algo mejor para sustituir el estado de cosas que ha sido dejado de lado, después de haber soportado la infidelidad con suma paciencia.

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El Tabernáculo de reunión fuera del campamento

El campamento del pueblo conducido por Moisés había estado bajo los cuidados de la gracia divina desde la salida de Egipto hasta el Sinaí. A continuación ese pueblo había recibido la ley moral (Éxodo 19 al 24) y se había comprometido a cumplirla.

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El valor universal de las decisiones de asamblea

Las decisiones de asamblea, tomadas bajo la mirada del Señor, son selladas con su autoridad, de suerte que lo que es hecho en una asamblea local tiene validez para la Iglesia o Asamblea entera, o sea para todas las asambleas locales.

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¿Esto no acarrea desorden?

“Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33). Los creyentes que son conscientes de su debilidad y se ponen bajo la dirección del Espíritu Santo experimentan cuán fiel es el Señor a su promesa: “Allí estoy yo en medio de ellos”.

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Hebreos 13:13-14

En el principio, la Iglesia estaba constituida por un pequeño número de creyentes que tenía la belleza moral de la misma. Y, si queremos percatarnos realmente de lo que es la situación actual y sacar las consecuencias de ello, precisamos nada menos que volver a ese principio de la Historia de la Iglesia tal como nos lo describen los primeros capítulos del libro de los Hechos.

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Introducción

El tema propuesto hoy para nuestra meditación interesa en alto grado a nuestra 

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Jeremías 15

Podremos ser útiles a alguien que se halle en un lugar como Tiatira y que verdaderamente posea la vida de Dios, pero podría ser que fuésemos en contra del pensamiento de Dios si le constriñésemos a dejar ese lugar; no sabemos cuál sea el propósito de Dios respecto a eso.

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La admisión a la Mesa del Señor

La solicitud por la gloria del Señor debe presidir en la admisión de alguien a la Mesa del Señor. Se reconoce a una persona como hijo de Dios por lo que demuestran, no solamente sus palabras –“si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos” (Romanos 10:9)–, sino también por su conducta.

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La disciplina

La “disciplina” de la asamblea para con “los que están dentro”, como dice el apóstol, también es indispensable (1 Corintios 5:12). Consiste en aconsejar, advertir, reprender si es necesario, antes de llegar a la triste obligación de “juzgar”.

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La esfera de administración de la asamblea

La asamblea tiene el derecho de velar sobre las relaciones entre los individuos. Mateo 18 nos la indica como siendo la más alta instancia en la tierra a la cual pueda recurrir un hermano ofendido por otro. Ella no podría desinteresarse de la buena armonía entre miembros del Cuerpo de Cristo.

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La excelencia de sus prerrogativas

Cuando hablamos de funciones, y de los deberes que dimanan de ellas, deberíamos decir más bien «privilegios». Los santos del Antiguo Testamento no los conocieron, porque, para que fuese manifestado este tesoro, era menester que Cristo hubiese sido ya glorificado.

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La iglesia dirigiéndose a Dios

En el ejercicio de esas funciones colectivas, entre las preciosas prerrogativas de la Asamblea de Dios que hemos considerado precedentemente, la oración colectiva y la adoración colectiva representan las actividades por las cuales la asamblea se dirige a Dios, le habla a Dios.

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La libertad y la dependencia

Séanos aun permitido insistir sobre este punto. La ausencia de clero y de ministerio oficial no significa, de ninguna manera, una especie de democracia religiosa donde cada uno tiene todos los derechos. Nadie tiene derechos sobre sus hermanos, pero cada uno tiene deberes que el Señor le asigna.

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La oración

Es la oración en común o colectiva la que, en Mateo 18, se halla asociada a la promesa de la presencia de Jesús, y esto le da su valor. Por eso es inconcebible que una asamblea local no tenga reuniones de oración, lo mismo que un creyente no ore individualmente. Sería negarse a venir a la fuente.

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Las divisiones

Nada hay más sencillo, en verdad, que el principio del funcionamiento de una asamblea fundada sobre la unidad del Cuerpo de Cristo. Su aplicación, en cambio, ha llegado a ser de las más delicadas en la actual confusión eclesiástica.

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Las reuniones de edificación

Cuando la asamblea se halla reunida para la edificación, el Señor es quien da. Obra por medio de los “dones” calificados para ello. Estos son llamados a ser, no la boca de la asamblea, con igual privilegio que los demás, para hablar a Dios, sino la de Dios para hablar a la asamblea (1 Pedro 4:11). Esta acción puede ejercerse en todas las reuniones.

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Lo que permanece

Lo que tienen que hacer los creyentes de hoy es obedecer a la Palabra tal como hicieron los primeros cristianos, aquella Palabra que los apóstoles, ya desaparecidos desde hace mucho tiempo, dejaron transmitida fielmente según la inspiración divina que habían recibido.

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Los cargos

El Nuevo Testamento habla repetidas veces de hermanos llamados a ocuparse de la iglesia o asamblea local como “ancianos” u “obispos” (vigilantes, supervisores, sobreveedores), y como servidores o “diáconos” (Hechos 11:30; 14:23; 20:17, 28; Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3; Tito 1; 1 Pedro 5:1; Santiago 5:14, y también Hebreos 13:17).

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Los comienzos

La formación de la Iglesia empezó el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo, descendiendo sobre la tierra, llenó de sí mismo a los apóstoles. Pedro fue el primero que recibió la potencia para anunciar el Evangelio que proclama la resurrección y la gloria de Jesús.

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Los dones espirítuales

La Iglesia o Asamblea no podría, en efecto, vivir sin el ejercicio de lo que la Palabra llama los “dones espirituales” (o de gracia).

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¿No forman estos cristianos una nueva denominación?

Al volver a lo que se ha oído desde el principio, estos creyentes no forman una nueva denominación, sino que desean llevar a cabo en obediencia a la Palabra y a la voluntad de Dios, la unidad de los hijos de Dios en el vínculo de la paz (véase Efesios 4:3).

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Para resumir

1. Si no queremos ser una secta, jamás debemos perder de vista la «unidad del Cuerpo» de Cristo, proclamada en la Mesa del Señor. Al mismo tiempo, sintiendo con dolor el estado actual de la cristiandad –a la cual pertenecemos, no lo olvidemos nunca– debemos aprovechar con reconocimiento de las prerrogativas que hasta el fin quedan unidas a la Iglesia según Dios.

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