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El error de David

El breve comentario del Espíritu de Dios, en cuanto al error de David al no disciplinar a su hijo Adonías, contiene una lección que sirve de advertencia para todos los padres. En 1 Reyes 1:6 se lee acerca de Adonías: “Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así?”.

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El hogar de Betania

Cuando el bendito Salvador estaba aquí en la tierra como un extranjero sin hogar, sin lugar donde reclinar su cabeza, Marta lo recibía en su casa (Lucas 10:38). Quizás su hogar fue el único en la ciudad de Betania abierto para Él. Allí siempre era bienvenido. A menudo recurrió a este hogar.

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El lugar preeminente de la Palabra de Dios

En Deuteronomio 11:18-21 Dios nos da una bella descripción de lo que Él desea ver en cada hogar. Él desea que su Palabra sea puesta en el corazón de los padres y atada como señal sobre sus manos. Ellos han de enseñar esa Palabra a sus hijos continuamente y escribirla sobre los postes de su casa y en sus puertas.

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Enseñar a obedecer

Dios ha dicho: Obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros (1 Samuel 15:22).

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Esposas

Para una mujer es natural amar; el afecto está profundo y fuertemente implantado en su corazón, motivo por el cual no necesita que se le ordene de un modo especial que ame a su marido. Pero ella no ha de olvidar su sumisión a él como al Señor, en lugar de pretender gobernar. Como Eva, tiene inclinación a olvidar su lugar y asumir el mando y caer en pecado y desobediencia.

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Esposos

Aquello que el Espíritu Santo ha registrado como el deber más necesario del esposo para mantener una feliz vida hogareña es amar a su esposa, sustentarla y cuidarla, como Cristo ama, sustenta y cuida a la Iglesia.

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Fracaso en la familia

Mucho fracaso y confusión se manifiestan en los hogares y familias cristianas, debido a que el esposo y padre no ha tomado su propio lugar como cabeza de la casa ni ha reconocido como tal su responsabilidad ante Dios. Dios espera del padre especialmente que vele por su familia y que ordene su casa de acuerdo con su Palabra y para Su gloria.

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Ganar a un hijo rebelde

Cierto padre tenía un hijo inmanejable e ingobernable en el hogar, al punto de poner en peligro las vidas de los miembros de la familia. Después de haber empleado sin éxito todos los métodos de amor, recompensas, amenazas y castigos, el padre decidió enviarlo a una escuela correccional, de modo que fue a ver al director de dicho centro, un simpático cristiano, y le contó sus preocupaciones.

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Instituido por Dios

El hogar fue establecido por Dios, y fue Su designio para la humanidad. Cuando Dios hizo a Adán y a Eva y los unió en santo matrimonio, mandándoles que fructificaran y se multiplicaran y que llenaran la tierra, instituyó la primera familia y el primer hogar (Génesis 1:27-28).

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Instituido por Dios en Edén

El matrimonio es la más antigua y la más noble de las instituciones que Dios dio a la humanidad. El vínculo matrimonial fue la intención de Dios para el hombre desde el comienzo de su historia. En el huerto de Edén, Él mismo efectuó la primera boda, y su Palabra declara que “honroso sea en todos el matrimonio” (Hebreos 13:4).

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La educación

Ciertamente la tendencia a llenar la mente de los niños con toda clase de cuentos de hadas y ficciones no puede conducir a formar en ellos el concepto de la verdad. Tales libros deben ser alejados de ellos tanto como sea posible y reemplazados por los que se refieran a hechos reales y vivientes.

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La falta de hospitalidad

Uno de los rasgos admirables del patriarca Job era el de abrir sus puertas al “caminante”. “El forastero no pasaba fuera la noche” (Job 31:32). En cambio, los días de decadencia y alejamiento del pueblo de Dios se caracterizan por la falta de ese gesto. Esto se nota en los días de los jueces (Jueces 19:15-18), cuando el pueblo de Dios había caído muy bajo.

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La familia cristiana

Pero la familia cristiana, en la cual uno o ambos esposos pertenecen al Señor, es infinitamente más que un bendito refugio contra el mal. Es, en medio de un mundo sin Dios y sin Cristo, un santuario en el cual las preciosas almas de los hijos son guardadas de la contaminante influencia de ese mundo.

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La hospitalidad

Ejercer la hospitalidad es una hermosa virtud cristiana. Las Escrituras nos exhortan constantemente, por preceptos y por medio de ejemplos, a practicarla. Esa bondadosa y generosa recepción del prójimo al abrigo y cuidado de nuestro hogar ha sido llamada: «la gloria del hogar y la flor de la vida hogareña». Es un justo y adecuado adorno de “la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10).

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La sunamita

En hermoso contraste con los días de Jueces 19 están los hechos encomiables y hospitalarios de la mujer “importante” de Sunem, según se leemos en 2 Reyes 4:8-17. Cuando el profeta Eliseo pasó por aquel camino, ella insistió para que entrase a comer. Al verse tan cordialmente bienvenido, él volvía a comer pan allí cada vez que pasaba por aquel camino.

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La tarea asignada por Dios a la madre

En un normal estado de cosas, la mayor parte de la vida de un niño –estos años en que es más moldeable– la pasa en compañía de la madre. La responsabilidad del padre, como quien tiene que ganar el pan para la familia, por lo general le lleva lejos de su hogar durante muchas horas del día.

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La variedad en los elementos educativos

Terminaremos el tema de la crianza de los niños con algunas observaciones acerca de la necesidad de diversificar los elementos educativos. La educación cristiana no implica meramente la alimentación de las almas de los niños con la Palabra de Dios, aunque esto sea de primordial importancia. Según lo expresa Von Poseck: «Las mentes y los corazones jóvenes desean variedad.

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Las necesidades espirituales son las más importantes

Muchos padres y madres están tan ocupados con sus ocupaciones y las cosas materiales que dedican poco o ningún tiempo a la lectura y meditación de las Escrituras para satisfacer sus propias necesidades espirituales y las de sus hijos. En consecuencia, a sus hijos les da la impresión de que las cosas materiales son de mayor importancia y que las cosas espirituales no cuentan mucho.

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Lo que significa «educar»

«Educar» no es meramente enseñar o instruir, sino también «conducir por un curso particular o llevar a lo largo de cierto paso». Se requiere continua vigilancia, constante atención y persistente cuidado para producir el efecto y objeto deseados.

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Mantener los afectos

Un estimado hermano con mucha razón ha escrito respecto a Colosenses 3:21: «Los padres deben ser benévolos para que los afectos de sus hijos no se enfríen y sean inducidos a buscar en el mundo la felicidad que normalmente deberían hallar en el círculo doméstico que Dios ha formado como una salvaguardia para aquellos que están en pleno desarrollo».

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“No provoquéis a ira a vuestros hijos”

Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4).

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¿No quemó la planta de tulasi?

El pequeño Music, alegre y regordete, empezaba a correr por toda la casa, cuando una tarde al crepúsculo, mientras Mimosa preparaba la cena, se sobresaltó al oír gritar a su marido. Corrió hacia la galería. –¡Mira, mira! ¡se me clavó una espina en el tobillo del pie derecho!

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Nutrir los corazones

¡Cuán bueno es llenar los tiernos corazones y las mentes de los niños con las verdades de la preciosa Palabra de Dios! Es de gran valor instruir en las Escrituras a los niños cuando aún lo son y adiestrarlos en un conocimiento profundizado de la Palabra de Dios. Es como preparar bien los elementos de una fogata, de modo que baste una chispa para convertirla en llama.

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Obligar a obedecer

Para ser obedecidos, los padres deben atenerse a su palabra y cumplir sus advertencias de castigo en caso de desobediencia. Los niños son vivos observadores y pronto saben si lo que decimos, lo decimos seriamente o no, si castigaremos la desobediencia y recompensaremos la obediencia. Los padres deben insistir, aun apelando al castigo si fuese necesario, en ser obedecidos.

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