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El diezmo, ¿se puede aplicar a la Iglesia?

Hoy en día muchas congregaciones cristianas han tomado como principio, ordenanza y práctica esta ley del diezmo, como que si tuviera una aplicación para la Iglesia de hoy. Ellas defienden su punto de vista con los versículos del Antiguo Testamento.

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El motivo para dar: ¿Temor y recompensa o amor y obediencia?

Hagámonos la pregunta: «¿Cuál es mi motivo para ofrendar?». El Nuevo Testamento nos enseña que debemos dar alegremente, motivados por el amor, no por obligación, sino voluntariamente y de corazón.

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En el estado moral conveniente

Para ser escuchado por Dios, la oración debe estar acompañada del estado moral conveniente. La conciencia de su gracia nos guardará en la humildad (1 Pedro 5:5), que no presume de sus fuerzas sino que cuenta con Dios.

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En el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu Santo

Debemos orar en el nombre del Señor Jesús (Juan 14:14). Dios nos es favorable a causa del Señor Jesús. Pedir en el nombre de Jesús significa identificarse con él, con su pensamiento, sus deseos, su voluntad, e implica que aceptamos su señorío sobre nuestros sentimientos, pensamientos, decisiones, es decir, sobre toda nuestra vida. Sólo por medio de Jesús podemos orar al Padre.

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Instrucciones del Nuevo Testamento

En la vida del Señor, mientras estuvo aquí en la tierra, en muchas ocasiones registradas en los Evangelios para nuestra enseñanza, Él no actuó según las prescripciones de la ley. Más bien obró conforme a su gracia, amor, compasión y justicia, y de acuerdo a las necesidades que se le presentaban. Él habló con una mujer samaritana; no condenó a una mujer sorprendida en pecado.

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Jacob

Considerando a Jacob en su vida de pastor, veremos que este trabajo no es para los cobardes, no es un trabajo fácil, no ofrece una vida cómoda; esta labor requiere una entrega incondicional, estar más dispuesto a dar que a recibir, estar pronto a sacrificarse. El pastor no puede esperar ser servido, sino todo lo contrario; debe servir y dar su vida por las ovejas.

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Jesús nos libera de la culpabilidad

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).

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Jesús nos libera de la ley como medio de ser justificado

El fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree (Romanos 10:4).

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Jesús nos libera de nosotros mismos

Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallar (Mateo 16:24-25).

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Jesús nos libera del mal

La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:2).

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Jesús nos libera del mundo y de Satanás

Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4). “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

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Jesús nos libera para conocer a Dios como nuestro Padre y a Jesús como nuestro Señor

Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios… (Gálatas 4:6-7).

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Jesús nos libera para estar al servicio de los demás

A libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros (Gálatas 5:13).

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Jesús nos libera para hacer el bien

El Dios de paz… os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos (Hebreos 13:20-21).

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Jesús nos libera para ser conducidos por el Espíritu

Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (2 Corintios 3:17)

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La alabanza y la adoración

Centrarse sólo en Dios Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15).

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La confesión y la humillación

Hablar a Dios de nuestros pecados Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).

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La espera en Dios

Abrir nuestro corazón a Dios Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová (Lamentaciones 3:25-26).

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La Iglesia tiene una norma mucho más elevada

Aquellas personas que debían dar el diezmo en el Antiguo Testamento además podían presentar una ofrenda voluntaria, la cual era de olor grato a Dios y le complacía (Levítico 1:3, 9). Algunos israelitas así lo hicieron.

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La intercesión

Hablar a Dios de los demás Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres (1 Timoteo 2:1).

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La petición

Hablar a Dios de nuestras necesidades

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La respuesta es: ¡Sí, lo soy!

Bendito sea el Señor Jesucristo. Él ha dado el don de pastor a Su Iglesia para cuidar a los suyos con el fin de que haya creyentes sanos, cuyas vidas sean agradables a él, para Su honra. Si Jesucristo le ha dado el don de pastor, ponga en práctica este don, según la manera que él nos enseña en su Palabra.

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Lo que a Dios le complace

¿Realmente crees que Dios estableció una ley obligatoria, la cual exige un diezmo? ¿Realmente piensas que, hoy, en el tiempo de gracia, el diezmo del Antiguo Testamento es lo que a Dios le agrada? ¿Piensas que Dios se complace cuando nuestro motivo para ofrendar es el de recibir más de lo que hemos dado? Las respuestas a estas preguntas son un resonante ¡No!

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Lo que Dios requiere

Dios es un Dios de amor y así requiere el amor. Dios es un Dios de misericordia, entonces requiere la misericordia. Dios es un Dios de justicia, entonces requiere la justicia. Dios es un Dios de reconciliación, entonces requiere la reconciliación. Y, Dios busca la obediencia.

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