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La puerca lavada
Otro puede decirme: «¿Cómo se compagina esto con lo que se halla escrito en 2 Pedro 2:22?» (“Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”). No está dicho que la oveja vuelva a revolcarse en el cieno, sino la puerca lavada.
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La respuesta es: ¡Sí, lo soy!
Bendito sea el Señor Jesucristo. Él ha dado el don de pastor a Su Iglesia para cuidar a los suyos con el fin de que haya creyentes sanos, cuyas vidas sean agradables a él, para Su honra. Si Jesucristo le ha dado el don de pastor, ponga en práctica este don, según la manera que él nos enseña en su Palabra.
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La salvación sin obras
Examinemos ahora el otro lado de la cuestión. Algunos preguntan: «¿No hay un versículo en Filipenses que dice: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”? (cap. 2:12); ¿cómo se explica esto?». En primer lugar, debemos observar que estas palabras se encuentran en la epístola a los Filipenses. ¿A quiénes va dirigida?
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La tumba abierta: una puerta a la felicidad eterna
El Señor salió del sepulcro a pesar del sello que había puesto el gobernador romano. La piedra fue quitada para que pudiésemos mirar, y mirando, se desvanecieran nuestras dudas y recelos; de modo que ahora podemos exclamar triunfantes: «¡El Señor ha resucitado verdaderamente!».
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La vieja naturaleza no puede ser cambiada
Sale nuestro amigo guiando a sus animales, pero, al pasar cerca de un charco, la puerca da un resoplido de satisfacción y se hunde en el cieno. Y es que, a pesar de su estado de limpieza y de las cintas que luce, su naturaleza es la misma, no ha cambiado en nada. De un salto se echa en el charco y da a la vez un empujón a la oveja, la que queda igualmente cubierta de barro.
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Las Escrituras no pueden contradecirse
Así sentados estos principios, damos por aceptado que las Escrituras no se contradicen a sí mismas; que es completamente imposible que un versículo contradiga a otro; aunque, si se juzga con ligereza, así lo parezca en algunos casos. Los incrédulos buscan contradicciones en la Biblia y a menudo encuentran un punto en el que creen que existe una.
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Las obras de la ley y el fruto del espíritu
Alguien dirá: «¿No le parece que debemos guardar los diez mandamientos?». Yo opino que debemos hacer más que esto. Supongamos que tengo dos medidas, una de un metro y medio de altura y otra de dos metros. Si llego a la que tiene dos metros, es natural que llego también a la que tiene un metro y medio. Cristo es la medida del cristiano.
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Lazos familiares
Veamos el siguiente ejemplo: Su hijo le ha desobedecido. El semblante del niño manifiesta que ha hecho algo que no debía. Media hora antes disfrutaba paseando con usted en el jardín, admirando lo que usted admiraba, alegrándose con aquello con que usted se alegraba. En otras palabras, estaba en comunión con usted; sus sentimientos y gustos eran iguales a los suyos.
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Liberación de la antigua posición en Adán
En las epístolas de Pablo, el Espíritu Santo nos presenta la completa liberación del creyente de su antigua posición en Adán, y nos da a conocer su nueva posición: completamente justificado y perfectamente aceptado en Cristo.
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Libres de un diluvio judicial
Voy a presentar otro caso que ilustra la enseñanza que me propongo dar. Dice la Biblia que, cuando Noé y su familia estuvieron dentro del arca, Jehová cerró la puerta (Génesis 7:16).
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Lo que a Dios le complace
¿Realmente crees que Dios estableció una ley obligatoria, la cual exige un diezmo? ¿Realmente piensas que, hoy, en el tiempo de gracia, el diezmo del Antiguo Testamento es lo que a Dios le agrada? ¿Piensas que Dios se complace cuando nuestro motivo para ofrendar es el de recibir más de lo que hemos dado? Las respuestas a estas preguntas son un resonante ¡No!
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Lo que Dios establece y nuestras experiencias
Muchos creyentes pasan por grandes angustias porque continuamente están escudriñando sus propios corazones, pensando encontrar en él la evidencia de su conversión a Dios. Se puede que tal persona diga:
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Lo que Dios ha hecho
Examinemos ahora los cuatro hechos de Juan 3:35-36 mencionados anteriormente:
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Lo que Dios requiere
Dios es un Dios de amor y así requiere el amor. Dios es un Dios de misericordia, entonces requiere la misericordia. Dios es un Dios de justicia, entonces requiere la justicia. Dios es un Dios de reconciliación, entonces requiere la reconciliación. Y, Dios busca la obediencia.
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Los creyentes esperan el retorno de Cristo – ¿por qué?
Ahora bien, ¿por qué habría de ser distinto para ti y para mí cuando oímos hablar del regreso del Señor? ¿Acaso no experimentamos la dulzura de su amor? ¿No fue él quien sufrió y murió por nosotros? ¿No nos ha guardado a lo largo del camino, desde el día que le conocimos, llevando nuestros dolores y restaurándonos después de muchas caídas?
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Los hechos divinos y nuestros sentimientos y experiencias
Desde el momento en que Dios establece un hecho en su Palabra, debemos creerlo y aceptarlo, aun cuando nuestra razón no pueda comprenderlo, o aquello no concuerde con nuestra experiencia o nuestros sentimientos. Dios es su propio intérprete y, a su tiempo, aclarará todo al que pacientemente espera en él. Y aunque no lo haga, nuestro deber siempre es creer, puesto que Dios no se equivoca.
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Los que recayeron
Puede ser que algunos digan: «¿No hay en la epístola a los Hebreos, capítulo 6, un versículo que habla de recaer?». Que lean con mucha atención los versículos 4 al 6 de ese capítulo. En ellos se dice: "Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados… y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento." Esto significa que no hay misericordia para los que recaen.
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Más que vencedores
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
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Moisés
Se acordó de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, diciendo: ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en medio de él su santo espíritu; el que los guio por la diestra de Moisés con el brazo de su gloria…? (Isaías 63:11-12).
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Muerto a la ley
En Romanos 7:4 leemos: “Vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo”. Ahora, todo se encierra en Cristo. No agradamos a la carne; no hacemos nuestra voluntad, sino la de Cristo. Esto nos recuerda al ciego Bartimeo, cuyos ojos le fueron abiertos. Lo primero que vio fue la faz de Aquel que le había dado la vista. Jesús le dijo: “Véte”; pero ¿qué hizo él?
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Nadie las arrebatará de mi mano
“Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.
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«No comprendo. Fue demasiado fácil».
Algunos nos dicen: «No comprendo el Evangelio; ustedes dicen: Crean solamente. Me parece una cosa demasiado fácil». Tal afirmación la he oído en muchas otras partes del mundo; brota naturalmente del corazón humano. Pero es mejor que reflexione, que piense bien: ¿en realidad fue una cosa demasiado fácil? El Señor Jesús descendió del cielo a la tierra. ¡Qué viaje!
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No hay diferencia: todos somos culpables
“Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
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Nunca dejamos de ser hijos
Supongamos que un hombre rico encuentra a un joven de 17 años, lo lleva a su casa, lo adopta como hijo y le dice: «Desde hoy eres mi hijo, los criados tienen la obligación de servirte. Puedes mandar por el coche cuando quieras, y disponer de todo como si efectivamente fueses mi hijo». Al día siguiente, el rico pregunta: «¿Dónde está mi hijo?».
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