Conclusión
Así hemos pasado revista en este libro, tan particular entre los escritos proféticos, a todo el conjunto de la historia del hombre desde el principio hasta el fin: la historia de la criatura caída –pero provista de una nueva vida–, la del rechazo de Israel, la de la gracia otorgada a las naciones, la de un remanente preservado en la angustia, la de las naciones del fin que reciben el Evangelio del reino y, coronando todo este conjunto, a Cristo que se entrega a sí mismo y resucita de entre los muertos, el Dios Creador en el cual tendrán esperanza las naciones, el Dios Salvador de quien se nos dice: “Poco es para mí que tú seas mi Siervo… para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Isaías 49:6).
