Los perfumes del santuario
Éxodo 30:22-38
En el verdadero culto conviene ofrecer a Dios –con un fuego puro– un incienso limpio y santo, es decir, presentarle, por el Espíritu, la excelencia de la persona de Cristo. Al final del capítulo 30 del Éxodo, que trata del altar de oro y de la fuente de bronce, se mencionan el aceite de la santa unión y el incienso aromático (v. 22-38).
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Hace poco apareció en un diario una carta escrita por un ateo en la cual se mofó de los que creen en Dios. En dicha carta el escritor dijo que la renombrada científica francesa, Marie Curie, descubridora del elemento radio, era una atea. Asimismo afirmó que uno de los eminentes médicos que asistían la familia real británica, también era un ateo.