... que se hiciese lo que ellos pedían.
Lucas 23:24
La participación en la política es un tema de la vida cotidiana que genera controversia entre los cristianos. Muchos mencionan la buena influencia que pueden ejercer los cristianos que «hacen oír su voz». Otros argumentan que, aparte de nuestra vocación celestial, también estamos llamados a desempeñar nuestro papel en el reino (lo cual es cierto) y, por tanto, en la política. Este artículo trata de aclarar si ese argumento es válido.
El juicio de Pilato
Después de examinar brevemente el caso acerca de Jesús, Pilato declaró: “Ningún delito hallo en este hombre” (v. 4). Esto debería haber resuelto el asunto, pero ellos “porfiaban”.
Pero en este caso, el juicio moral correcto no fue tenido en cuenta; prevaleció la opinión y el estado de ánimo de la multitud. Rechazando la Biblia como la Palabra de Dios y como regla, se manifiesta una falta absoluta de valores, y en consecuencia no hay base para definir el significado de «juicio moral correcto». Como la gente vive en un vacío moral (lo que las Escrituras llaman oscuridad), el juicio se traslada a las masas. Así mataron al hombre que “anduvo haciendo bienes… colgándole en un madero” (Hechos 10:38-39). Conviene obedecer la exhortación: “No seguirás a los muchos para hacer mal” (Éxodo 23:1-2).
No obstante, lo que indujo a Pilato a ceder no fue solo la presión ni la furia de la multitud. En Juan 19:12 leemos: “Pero los judíos daban voces, diciendo: Si a este sueltas, no eres amigo de César”. En política (como en otros ámbitos), las buenas relaciones con personas influyentes ayudan a ciertos individuos a mantener o construir su propia posición y carrera, por eso muchos evitan a toda costa un juicio justo que ponga en peligro sus propios intereses.
Siervos del rey
Aparte de los principios ya esbozados, el Señor Jesús mismo hizo ante Pilato una declaración que también debe ser analizada por todo cristiano que piense involucrarse en política. Él dijo: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36).
Estas palabras, por sí solas, deberían resolver el tema.
- Si los cristianos argumentan que deben ser políticamente activos para cumplir su papel en el reino, estas palabras del Señor: “Mi reino no es de este mundo”, deberían dejar claro que se trata de deberes espirituales y no civiles.
- Si otros señalan la evolución negativa de nuestras sociedades y argumentan que los cristianos no deben tolerarla, las palabras del Señor dan nuevamente la respuesta: “Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían”.
Nunca ha habido un acontecimiento más escandaloso que el del juicio contra el Señor, sin embargo, sus siervos no fueron llamados a luchar. Uno de ellos, Pedro, no lo había comprendido, y cortó la oreja derecha a Malco (Juan 18:10). Pero la orden del Maestro fue: “Mete tu espada en la vaina”.
Impacto fuera de la política
También puede surgir la pregunta: ¿Pueden los cristianos tener un impacto en este mundo?
Los cristianos tienen y deben tener un impacto en el mundo. Sin embargo, esto no se consigue luchando o intentando mejorar el mundo. Más bien, el creyente está llamado a:
- Ser luz (Mateo 5:14; Filipenses 2:15), dando buen testimonio.
- Ser sal de la tierra (Mateo 5:13), previniendo la corrupción.
- Orar por los que están en eminencia (1 Timoteo 2:1-2).
- Predicar, si son enviados a hacerlo (Romanos 10:14-15).
- Ser ejemplo (1 Pedro 3:1-2).
En un mundo que rechazó a Cristo, nuestro testimonio es el de un Cristo rechazado.
Un hombre que tuvo impacto, y otro que no lo tuvo
Otro ejemplo es el de Abraham y Lot. Abraham estaba alejado del mundo, mientras Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma, un lugar de influencia (Génesis 19:1). Lot atormentaba su alma justa (2 Pedro 2:7-8), pero su testimonio se vio comprometido a tal punto que, cuando advirtió a su familia, “pareció a sus yernos como que se burlaba” (Génesis19:14). No tuvo ningún impacto. Abraham, en cambio, estaba separado del mundo. No tenía lugar en Sodoma, no aceptó regalos de los hijos de Het (Génesis 23:3-16), ni de los grandes de la tierra (Génesis 14:23). ¿Cuál fue el resultado? Tuvo un testimonio mucho mejor: fue considerado por ellos como “un príncipe de Dios”. Es de notar que fue Abraham quien rescató a Lot (Génesis 14:16). Observe la escena de la destrucción de Sodoma (Génesis 19:27-29): Abraham se mantuvo a distancia, y Lot se salvó gracias a él (no al revés).
Los cristianos tienen un lugar (Efesios 2:6) y un objetivo mucho más elevado (Colosenses 3:2). Cuando son conscientes de ser “participantes del llamamiento celestial” (Hebreos 3:1), deberían preocuparse menos por las cosas terrenales. Del mismo modo, tengamos cuidado de no introducir principios políticos (como las decisiones por mayoría) en la vida práctica –individual y colectiva– del pueblo de Dios. Viviendo en países democráticos, el desarrollo parecería tan natural, pero podemos agradecer a Dios por la guía absoluta e infalible contenida en su Palabra.