La paz os dejo (n° 9, parte 1)

Juan 14:27 – Filipenses 4:6-7

Jesús dice: 

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. 
(Juan 14:27)

Comparando los diferentes aspectos de la paz es útil observar que en Juan 14:27 el Señor distingue entre la paz que nos deja y la paz que nos da. “La paz os dejo” se refiere a la paz con Dios en cuanto al tema del pecado. Él hizo la paz por medio de la sangre de su cruz, y lo anunció el día de su resurrección cuando, presentándose en medio de los suyos, les dijo: “Paz a vosotros”. Luego les mostró las manos y el costado como testimonio de la obra mediante la cual hizo la paz, y los envió como testigos suyos (Juan 20:19-21). Fue el precioso legado de su muerte. Es la paz de la conciencia.

Mi paz

Pero el Señor habla también de un carácter más profundo de la paz: “Mi paz os doy”. Es la paz que él siempre disfrutó en compañía del Padre; la paz imperturbable que proporciona el hecho de descansar en Su amor y de someterse completamente a su voluntad. Él la define como suya, y nos la da. Esta paz es la paz del corazón, del corazón que ha encontrado el reposo de Cristo en el amor de un Padre bien conocido. Tenemos derecho a considerarla nuestra –por el don absoluto que Cristo nos ha hecho–, y a vivirla en la práctica, en medio de todo el estrés y la tensión de las circunstancias.

La paz de Dios

Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. 
(Filipenses 4:6-7)

Ahora queremos subrayar el carácter condicional de la paz prometida en Filipenses 4. El único requisito para recibirla es que confiemos a Dios lo que nos agobia, poniendo en sus manos todas nuestras preocupaciones, en lugar de llevarlas como un peso en nuestro corazón. Aquí no se trata de la paz de Cristo, quien como hombre pasó por la prueba, sino de la paz de Dios en el trono, donde nunca llegó un soplo de prueba, y nos garantiza que Su paz guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos. Pero si nuestros corazones no alcanzan a comprenderlo, Dios se ha anticipado y nos dice que la paz de Dios “sobrepasa todo entendimiento”. Él no espera que lo entendamos todo, pero si actuamos basándonos en su Palabra, con una simple confianza en él, descubriremos que esto es realmente así. ¡Que la paz de Dios more cada vez más con nosotros!