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The Mackintosh Treasury

Su caída

Ahora seguiremos a nuestro querido apóstol en la escena más oscura y humillante de toda su historia; una escena que difícilmente podríamos entender o explicar si no conociéramos algo de las infinitas profundidades de la gracia divina, por un lado, y de los terribles abismos en los que aun un santo de Dios o un apóstol de Cristo son capaces de hundirse si no son guardados por el poder divino, po

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Su confesión

Al final del capítulo 6 de Juan tenemos una clara y hermosa confesión de Cristo de los labios de nuestro apóstol; una confesión que las circunstancias hicieron más conmovedora y poderosa.

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Su convicción

La referencia que tenemos de nuestro apóstol en Juan 1, es sin duda muy breve, pero encierra mucho significado. “Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro [o piedra])” (Juan 1:41-42).

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Su fe

El final del capítulo 14 de Mateo presenta una escena de la vida de nuestro apóstol en la cual nos detendremos con provecho unos momentos. Ofrece una exquisita ilustración de su conmovedora pregunta: “Señor, ¿a quién iremos?”.

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The Mackintosh Treasury

Su fundamento

Aquí se nos presenta claramente el verdadero fundamento de la disciplina en la Asamblea. El lugar de la presencia de Dios debe ser santo: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). No se basa sobre el miserable principio de: “Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú” (Isaías 65:5). Gracias a Dios, no.

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The Mackintosh Treasury

Su futura aparición por los suyos: “Y aparecerá por segunda vez… para salvar a los que le esperan”

Hasta aquí, en cuanto a la expiación y la intercesión. Solo nos resta tratar el Advenimiento, la segunda venida del Señor. Deseamos especialmente recordarle al lector que, al tratar la muerte de Cristo, hemos dejado completamente sin tocar un punto importante que está relacionado con ella, a saber, nuestra muerte en él.

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Su incesante intercesión a favor de nosotros en la presencia de Dios

Hebreos 7:25 nos muestra otra parte muy preciosa de la obra sacerdotal de nuestro Señor, a saber: su incesante intercesión a favor de nosotros en la presencia de Dios. “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.

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Su llamamiento

Las palabras que leímos “dejándolo todo, le siguieron”, expresan una completa separación de las cosas temporales y naturales, así como una sincera consagración a Cristo y sus intereses.

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La Iglesia del Dios viviente

Su lugar bajo la ley

En conexión con lo anterior, deseamos hacer una breve referencia al lugar de la mujer bajo la ley. Cuando el apóstol Pablo escribió a la asamblea de Corinto para instruirla en cuanto al lugar de las mujeres en la Asamblea, dijo que debían estar “sujetas, como también la ley lo dice” (1 Corintios 14:34).

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Su lugar en la Asamblea

1 Corintios 14:34-38 nos da instrucciones claras en cuanto al lugar de la mujer en la Asamblea.

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Su lugar en la caída

Hemos visto a través de la creación que el lugar o posición de la mujer es de sujeción a su cabeza y de compañerismo con su esposo. Ahora consideraremos qué parte tuvo ella en la caída de la humanidad en el huerto del Edén y qué posición fue la que se le dio como resultado de este hecho.

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Su lugar en la casa

Ya hemos mencionado el hogar por ser uno de los círculos dentro del cual es importante discernir la posición dada por Dios. El hogar viene naturalmente antes que la Iglesia en el orden moral y en el orden cronológico al ser el fundamento de toda la sociedad. Por eso, nos corresponde considerar primero el lugar especial que la Escritura da a la mujer en esta esfera tan bendita.

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Su lugar en la creación

En Génesis 2 podemos ver que el hombre fue creado primero y que, de la costilla de Adán, Dios hizo una mujer y la trajo al hombre para que fuera su ayuda idónea. En 1 Corintios 11:8-12 el Espíritu de Dios hace el siguiente comentario sobre esto:

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Su lugar en la dispensación de la gracia

Hasta ahora hemos considerado el lugar de la mujer en la creación, en la caída de la humanidad y bajo la ley. Habremos notado que la Escritura menciona su posición en cada una de estas esferas en conexión con instrucciones en cuanto a su lugar en la Iglesia.

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Su relación con la inmortalidad del alma

Pero no solo la eternidad del castigo está tan claramente establecida en la Escritura como la eternidad de Dios mismo, o de cualquier cosa que le pertenece, sino que creemos que ella también surge como una verdad necesaria de otras verdades que son generalmente recibidas incondicionalmente. Tómese, por ejemplo, la inmortalidad del alma. ¿Alteró la caída del hombre esta cuestión?

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Su relación con la naturaleza infinita de la expiación hecha por Cristo

Consideremos la doctrina de la expiación. Si algo menos que un castigo eterno es debido al pecado, ¿qué necesidad había de un sacrificio infinito para librarnos de ese castigo? ¿Podía algo menos que el incomparable, inestimable sacrificio del Hijo de Dios librar a alguien del fuego del infierno, y ese fuego no ser eterno?

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Su reprensión

Detengámonos aún un poco en la escena tan interesante e instructiva del capítulo 16 de Mateo. Nos presenta dos grandes temas: «La Iglesia» y «el reino de los cielos». Nunca debemos confundir estas dos cosas. La Iglesia solo se encuentra en el Nuevo Testamento.

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Su restauración

Ahora consideraremos el tan interesante tema de la restauración de Simón Pedro, en el cual hallaremos algunos puntos de suma importancia práctica. De su caída aprendemos la debilidad e insensatez del hombre; de su restauración aprendemos la gracia, sabiduría y fidelidad de nuestro Señor Jesucristo.

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La Iglesia del Dios viviente

Su universalidad

Este acto gubernamental de atar o de desatar pecados por parte de los que se reúnen en el nombre del Señor Jesucristo, es algo que ata en la tierra y en el cielo. Esto concuerda con las palabras del Señor. Nótese que el Señor no dijo: «Todo lo que atéis en la iglesia (o en la asamblea), será atado en el cielo».

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Ten cuidado de la doctrina

Detengámonos ahora un momento en el segundo punto de nuestro tema; me refiero a la doctrina o enseñanza; esta última palabra expresa el verdadero sentido del original. ¡Cuántas cosas se encuentran encerradas allí! “Ten cuidado de la enseñanza”. ¡Qué solemne advertencia! ¡Cuánto cuidado y qué santa vigilancia se requieren!

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Ten cuidado de ti mismo

Consideremos en primer lugar este solemne mandato: “Ten cuidado de ti mismo”. Sería difícil expresar todo el alcance moral de estas palabras. Es importante que todo creyente las observe, pero principalmente un obrero del Señor, pues a este se dirigen en particular. Él, más que nadie, necesita cuidarse a sí mismo.

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La Iglesia del Dios viviente

Tercer paso

Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia (v. 17).

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Tercera carta - La Palabra de Dios

Querido amigo A.:

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Tiatira

Echemos todavía una ojeada a los mensajes dirigidos a las cuatro últimas de las siete iglesias mencionadas en los capítulos 2 y 3 del Apocalipsis.

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