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Cada Día las Escrituras

Efesios: Capítulo 4

Edificación del cuerpo de Cristo “No he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto, mirad por vosotros…” (Hechos 20:27-28). Estas palabras de Pablo a los ancianos de la iglesia de Éfeso corresponden a las dos divisiones de la epístola a los Efesios.

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El andar del creyente como quien confiesa al Señor

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El andar del creyente en relación con la Iglesia

Los tres últimos capítulos de la epístola constituyen la parte práctica de ella, en la que el apóstol exhorta a andar de una manera digna de las grandes verdades presentadas en los tres primeros capítulos. Notaremos que, como creyentes, somos exhortados a mantener una conducta que esté en armonía con nuestros privilegios y responsabilidades en tres diferentes relaciones.

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¿Cuál es el objetivo de este ministerio?

Efesios 4:12-16 nos da la respuesta:

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Versículo 1

El apóstol había sufrido persecución y prisiones a causa del testimonio que daba acerca de la gracia de Dios para con los gentiles y la gran verdad del misterio de la Iglesia, compuesta por creyentes de origen judío y de origen gentil constituidos en un solo cuerpo y unidos a Cristo como Cabeza.

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Versículo 11

Como Cristo destruyó el poder del enemigo que nos mantenía en la esclavitud, y llevó cautiva la cautividad, obra con poder y se sirve de los hombres como instrumentos de Su poder. Esto no quiere decir simplemente que Él da los dones y nos deje repartirlos entre nosotros, sino que da ciertos hombres para ejercer los dones.

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Versículo 12

Después de haber hablado de los dones, el apóstol coloca ante nosotros los tres grandes objetos para los que fueron dados estos dones. En primer lugar, son concedidos para “perfeccionar a los santos”, es decir, para que cada creyente individualmente sea establecido en la verdad. En segundo lugar, son dados “para la obra del ministerio”, lo que abarca toda forma de servicio.

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Versículo 13

Los versículos siguientes nos enseñan con mayor precisión lo que el apóstol entiende por “perfeccionar a los santos”.

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Versículo 14

Como resultado de este pleno crecimiento ya no seremos más niños fluctuantes en el conocimiento espiritual, expuestos, por ignorancia, a ser “llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”.

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Versículo 15

Cuando surgen las controversias, existe el gran peligro de ser “llevados por doquiera” al escuchar a fulano o a mengano. Si miramos lo que nos rodea, veremos un cristianismo mezclado, sin vida e impotente contra el engaño.

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Versículo 16

En este versículo, pasamos de lo que el Señor, en su gracia, obra por medio de los dones a lo que Él mismo hace como Cabeza del cuerpo.

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Versículo 25

En los últimos versículos de este capítulo, el apóstol aplica esta verdad a nuestra conducta personal. Debemos desechar las acciones del viejo hombre y revestir el carácter del nuevo hombre. Debemos desechar la mentira y hablar la verdad, recordando que somos miembros los unos de los otros.

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Versículo 26

Debemos ser cuidadosos de no pecar al airarnos. Existe una ira justa, pero tal ira es la indignación contra el mal, no contra quien hace el mal; y tras dicha ira se siente la tristeza producida por el mal. Por eso leemos que cuando el Señor miró a los jefes de la sinagoga lo hizo “con enojo”, pero “entristecido por la dureza de sus corazones” (Marcos 3:5).

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Versículo 7

Después de haber colocado, por medio de estos versículos introductorios, el fundamento para un andar digno del llamamiento, el apóstol comienza a hablar de los recursos con que cuenta el creyente para que su andar sea fiel en relación con el primer círculo, es decir, con el solo cuerpo, y para crecer a la semejanza de Cristo, la Cabeza.

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Versículo 8

En segundo lugar, para promover el progreso y el crecimiento espiritual, el apóstol menciona los diferentes dones. Introduce el tema presentando a Cristo elevado en lo alto, porque estos dones provienen del Cristo triunfante y exaltado. Parece que para ilustrar el soberano poder de Cristo dando los dones, se hace una alusión a la historia de Barac (Jueces 5:12).

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Versículos 17-19

Ahora el apóstol nos exhorta a que también nuestro andar individual se manifieste como conviene a aquellos que confiesan al Señor en un mundo malo. Él nos amonesta en el Señor, cuyo nombre confesamos, a que ya no andemos como los otros gentiles. Esto lo lleva a dar un cuadro sumario, pero vigoroso, de la condición del mundo gentil inconverso.

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Versículos 20-24

En contraste con la vana e ignorante vida del mundo gentil, el apóstol presenta la vida que proviene del conocimiento “conforme a la verdad que está en Jesús”. Se ha señalado que el apóstol no dice: “Conforme a la verdad que está en Cristo”, porque esto significaría presentar delante de Dios a los creyentes y su posición en Cristo.

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Versículos 2-3

En estos versículos, el apóstol habla en resumen de lo que es el andar digno de nuestro llamamiento. Si cuando andamos lo hacemos conscientes de nuestros privilegios, como representantes de Cristo y manteniéndonos en la presencia del Espíritu, manifestaremos estos siete caracteres: humildad, mansedumbre, longanimidad, la cualidad de soportar, amor, unidad y paz.

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Versículos 27-32

Se nos previene que si obramos según la carne, ya sea al airarnos o de alguna otra manera, damos lugar al diablo. Pedro, a causa de su confianza en sí mismo, dio lugar para que el diablo lo hiciera negar al Señor.

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Versículos 4-6

Naturalmente surge una importante pregunta: ¿cuál es el pensamiento del Espíritu, que debemos esforzarnos en guardar? Tenemos la respuesta en los versículos 4 a 6. El pensamiento del Espíritu se nos presenta en estas siete unidades: un cuerpo, un Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo y un Dios y Padre de todos.

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Versículos 9-10

Estos dos versículos son parentéticos y se introducen para demostrar la grandeza de la victoria de Cristo. En la cruz Él descendió hasta el lugar más bajo en que el pecado puede colocar a un hombre. Y desde ese abismo donde, como Sustituto, fue hecho pecado, subió al lugar más elevado en el que un hombre puede ser colocado: la diestra de Dios.

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