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Orientación cristiana
Bendito sea el Dios...
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo(Efesios 1:3).
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Cada Día las Escrituras
Efesios: Capítulo 1
Una plenitud de bendiciones La epístola a los Efesios considera al creyente en su posición celestial. El cielo no solo es la futura mansión para el hijo de Dios, pues desde ahora posee allá su morada en Cristo.
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El propósito de Dios en Cristo
En el capítulo 1 se nos presenta la revelación del propósito de Dios respecto a Cristo y su Iglesia. En los capítulos siguientes descubriremos los caminos llenos de la gracia de Dios para formar la Iglesia. Pero primeramente se nos revela el propósito de Dios con miras a la eternidad, a fin de que, mientras permanecemos en el tiempo, podamos penetrar en sus caminos con entendimiento.
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Versículo 13
La expresión “vosotros”, en este versículo, introduce a los creyentes de origen gentil en la bendición de esta gloriosa herencia. Ellos habían creído en el evangelio de su salvación, y habían sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa.
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Versículo 14
En este versículo, la expresión “nuestra” une a los creyentes de origen judío con los creyentes de origen gentil. Ambos participan en común de esta gloriosa herencia. Por el Espíritu, gozamos anticipadamente de las bendiciones de la herencia. Esta herencia es una “posesión adquirida”. El precio de ella fue la preciosa sangre de Cristo.
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Versículo 15
Las expresiones que introducen la oración, nos hacen ver la condición espiritual en la que estaban los santos en Éfeso: una condición que estimulaba al apóstol a dar gracias y a orar sin cesar por ellos. Dichosamente, ellos se caracterizaban por su “fe en el Señor Jesús y amor para con todos los santos”. Como Cristo era el objeto de su fe, los santos venían a ser objeto de su amor.
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Versículo 16
Habiendo oído de su fe y de su amor, el apóstol se siente constreñido a dar gracias y a orar sin cesar por todos ellos. Si solo nos ocupamos de los defectos y las faltas de nuestros hermanos, nos sentiremos abrumados y constantemente nos quejaremos de los santos.
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Versículo 17
El apóstol se dirige al “Dios de nuestro Señor Jesucristo”, pues en esta oración el Señor Jesús es visto como Hombre. En la oración del capítulo 3 se dirige al Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque allí el Señor está considerado como Hijo.
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Versículo 18
Además, en cuanto al conocimiento de Cristo –objetivo de la oración del apóstol– no se trata de un mero conocimiento intelectual, sino de un corazón que conozca familiarmente a una Persona, por lo cual dice: “Alumbrando los ojos de vuestro corazón” (corazón es el vocablo que literalmente se lee en el texto griego).
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Versículo 19
En tercer lugar, el apóstol ruega para que sepamos cuál es el poder que operará estas grandes cosas para con nosotros. Menciona el “poder de su fuerza” y de su “operación”. Ese poder, pues, opera para con nosotros en el tiempo presente. Es “la supereminente grandeza de su poder”.
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Versículo 22
Más aún, vemos que Cristo no solo está por encima de todo poder, sino que todo mal será puesto bajo sus pies. Tal es la suprema expresión del poder que no solamente nos llevará a participar con Cristo de este elevado lugar de gloria, sino que nos acompaña mientras caminamos hacia la gloria.
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Versículo 23
En el versículo 22, aprendemos lo que Cristo es para la Iglesia, lo que la Cabeza es para el cuerpo. En el versículo 23, aprendemos lo que la Iglesia es para Cristo, lo que el cuerpo es para la Cabeza. La Iglesia es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. La Iglesia, como cuerpo Suyo, sirve para poner de manifiesto toda la plenitud de la Cabeza.
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Versículo 3
Inmediatamente después de los versículos introductorios, el apóstol se explaya acerca de la bendición de los creyentes conforme al propósito de Dios y, por consiguiente, de sus más elevadas bendiciones.
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Versículo 4
A continuación, no solamente aprendemos acerca de la fuente y el carácter de nuestras bendiciones, las cuales vienen del corazón de nuestro Dios y Padre, sino que también encontramos que ellas tuvieron su origen “antes de la fundación del mundo”. Desde entonces, desde la eternidad pasada, fuimos escogidos en Cristo.
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Versículo 5
Además, existen bendiciones especiales a las cuales los creyentes están predestinados. Parece ser que la predestinación siempre tiene como objetivo esas bendiciones especiales. Según la elección soberana, los creyentes, en común con los ángeles, permanecerán delante de Dios, santos y sin mancha.
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Versículo 6
La manera en que Dios obró predestinándonos a este elevado lugar de bendición redundará en “alabanza de la gloria de su gracia”. Las riquezas de la gracia de Dios nos dan la condición adecuada para estar delante de Él; la gloria de su gracia nos pone en relación con Él, haciéndonos gozar gratuitamente de su favor en el Amado.
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Versículo 7
Los versículos precedentes nos han presentado el propósito de Dios para los creyentes; en este versículo se nos recuerda el medio que Dios empleó para que pudiésemos participar de estas bendiciones. Hemos sido redimidos por la sangre de Cristo, y nuestros pecados han sido perdonados según las riquezas de su gracia.
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Versículos 10-12
Los versículos siguientes nos declaran el misterio de Dios. Por medio de ellos aprendemos que este misterio consta de dos partes: primero, el propósito de Dios para Cristo; segundo, lo que Dios se propone para la Iglesia asociada con Cristo.
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Versículos 1-2
El apóstol está a punto de revelar los grandes secretos de la voluntad y del propósito de Dios, y por ello puntualiza y les recuerda a los santos que él es “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios”. No es enviado por el hombre, como siervo del hombre, para exponer la voluntad del hombre.
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Versículos 20-21
Además, es un poder que no solo nos ha sido revelado en una declaración, sino que se puso de manifiesto en la resurrección de Cristo. El mundo y Satanás pudieron exhibir el más grande despliegue de su poder –el poder de la muerte– cuando clavaron a Cristo en la cruz.
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Versículos 8-9
Aquí vemos no solamente que Dios nos ha destinado para la bendición en la que seremos introducidos en el futuro; y no solamente que poseemos la redención de nuestras almas y el perdón de los pecados según las riquezas de su gracia, sino también que esta misma gracia abundó para con nosotros a fin de que en el presente podamos tener el conocimiento de Su propósito.
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