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Mateo 9

COMO EL PUEBLO GADARENO no deseaba Su presencia, volvió a cruzar el mar, y enseguida se encontró con otros casos de necesidad humana. En Mateo 9 se nos muestra cómo obró la liberación del paralítico, de la mujer enferma, de la hija de Jairo, de los dos ciegos y del mudo endemoniado: una vez más, cinco manifestaciones del poder del reino que se había acercado con Su presencia.

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Pláticas sencillas

Mateo: Capítulo 9

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Cada Día las Escrituras

Mateo: Capítulo 9

Un paralítico – Llamamiento de Mateo Las distintas enfermedades que el Señor encontró y sanó son otros tantos aspectos de la triste condición en la cual halló a su criatura.

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Pláticas sencillas

El llamamiento de Mateo

“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos” (v. 9-10).

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El vino nuevo y los odres viejos

Vinieron a Jesús los discípulos de Juan el Bautista, preguntándole: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán” (v. 14-15).

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La curación de dos ciegos y un mudo

“Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos” (v. 27-30).

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La curación de un paralítico

El Señor pasó al otro lado del mar y volvió a su propia ciudad, Capernaum. Allí le trajeron un paralítico, echado en una cama. “Y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”. Aquí también vemos que Jesús responde a la fe de aquellos que traen al paralítico.

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La resurrección de una joven

Mientras el Señor hablaba así, un jefe de la sinagoga, llamado Jairo, se acercó a él, diciéndole: “Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá”. Jesús lo siguió al instante, acompañado por sus discípulos.

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Ovejas sin pastor

A pesar de ser el objeto del odio, a través del cual su pueblo manifestaba abiertamente que no quería nada de él, Jesús proseguía su obra, predicando el Evangelio del reino en las ciudades y en las aldeas, poniendo su poder y su amor a disposición de quien los necesitara. Sanaba toda enfermedad y toda dolencia (v. 35).

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