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Versículo 17

El apóstol se dirige al “Dios de nuestro Señor Jesucristo”, pues en esta oración el Señor Jesús es visto como Hombre. En la oración del capítulo 3 se dirige al Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque allí el Señor está considerado como Hijo.

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Versículo 18

El hecho de que Cristo habite en el corazón prepara el camino para la tercera petición: que seamos “plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura”.

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Versículo 18

Aquí encontramos una bendita verdad más: por un mismo Espíritu, judíos y gentiles tienen acceso al Padre. Ya no existe distancia, ni del lado de Dios ni de nuestro lado. Mediante la obra de Cristo en la cruz, Dios puede acercarse a nosotros y anunciarnos la paz; y por la obra del Espíritu en nosotros, podemos acercarnos al Padre.

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Versículo 18

Además, en cuanto al conocimiento de Cristo –objetivo de la oración del apóstol– no se trata de un mero conocimiento intelectual, sino de un corazón que conozca familiarmente a una Persona, por lo cual dice: “Alumbrando los ojos de vuestro corazón” (corazón es el vocablo que literalmente se lee en el texto griego).

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Versículo 19

Esta bendita escena está totalmente asegurada para nosotros por el amor de Cristo, quien “amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (cap. 5:25). En consecuencia, la cuarta petición es una solicitud para que podamos “conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento”. Este es un amor que puede ser gozado y gustado; y, sin embargo, excede a todo conocimiento.

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Versículo 19

En tercer lugar, el apóstol ruega para que sepamos cuál es el poder que operará estas grandes cosas para con nosotros. Menciona el “poder de su fuerza” y de su “operación”. Ese poder, pues, opera para con nosotros en el tiempo presente. Es “la supereminente grandeza de su poder”.

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Versículo 2

De modo que primeramente, como hijos, se nos exhorta a andar en amor. De inmediato, se nos presenta a Cristo como el gran ejemplo de este amor. En Él vemos la consagración del amor al entregarse a sí mismo por otros, y esta consagración sube a Dios como un sacrificio de olor fragante.

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Versículo 20

En la sexta petición, el apóstol solicita que todo lo que demandó en su oración por los santos pueda realizarse en ellos por el poder de Dios. Por cierto, Dios es poderoso para hacer todas las cosas sobreabundantemente “por nosotros”, como a menudo se dice.

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Versículo 21

La séptima y última petición expresa el deseo de que Dios sea glorificado “en la Iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos”. En esta oración, cada petición conduce a este maravilloso pensamiento: que durante todas las edades los santos manifiesten la plenitud de Dios, lo cual será para Su gloria. Toda la oración demuestra claramente cuál es el deseo de Dios.

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Versículo 22

Más aún, vemos que Cristo no solo está por encima de todo poder, sino que todo mal será puesto bajo sus pies. Tal es la suprema expresión del poder que no solamente nos llevará a participar con Cristo de este elevado lugar de gloria, sino que nos acompaña mientras caminamos hacia la gloria.

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Versículo 23

En el versículo 22, aprendemos lo que Cristo es para la Iglesia, lo que la Cabeza es para el cuerpo. En el versículo 23, aprendemos lo que la Iglesia es para Cristo, lo que el cuerpo es para la Cabeza. La Iglesia es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. La Iglesia, como cuerpo Suyo, sirve para poner de manifiesto toda la plenitud de la Cabeza.

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Versículo 25

En los últimos versículos de este capítulo, el apóstol aplica esta verdad a nuestra conducta personal. Debemos desechar las acciones del viejo hombre y revestir el carácter del nuevo hombre. Debemos desechar la mentira y hablar la verdad, recordando que somos miembros los unos de los otros.

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Versículo 26

Debemos ser cuidadosos de no pecar al airarnos. Existe una ira justa, pero tal ira es la indignación contra el mal, no contra quien hace el mal; y tras dicha ira se siente la tristeza producida por el mal. Por eso leemos que cuando el Señor miró a los jefes de la sinagoga lo hizo “con enojo”, pero “entristecido por la dureza de sus corazones” (Marcos 3:5).

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Versículo 3

El amor que se consagra para el bien de los demás, excluirá la impureza que satisface a la carne en detrimento de otros y la codicia que busca el beneficio propio. Nuestro andar debe ser el que conviene a los santos. El modelo de nuestra conducta moral no es simplemente un andar que es propio de un hombre honesto, sino el que conviene a santos.

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Versículo 3

Inmediatamente después de los versículos introductorios, el apóstol se explaya acerca de la bendición de los creyentes conforme al propósito de Dios y, por consiguiente, de sus más elevadas bendiciones.

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Versículo 33

Por lo demás, dice el apóstol a cada uno individualmente –mientras tratamos de penetrar en estas verdades eternas del gran misterio de Cristo y de la Iglesia–, que el marido ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.

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Versículo 4

Los padres no deben educar a sus hijos según el principio de la ley, que podría conducirlos a decirles: «Si no te comportas bien, Dios te castigará». Tampoco deben educarlos según los principios del mundo, que no tienen en cuenta a Dios.

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Versículo 4

Además, la satisfacción pasajera que el mundo encuentra en la inmundicia, las palabras deshonestas y las truhanerías son inconvenientes para los santos. Lo que les conviene es el gozo apacible y profundo de las acciones de gracias, no “la risa del necio” (Eclesiastés 7:6).

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Versículo 4

Si para Dios, el mundo está totalmente muerto, el hombre no tiene posibilidad de liberarse por sí mismo de tal condición. Un muerto no puede hacer nada en cuanto a Aquel ante quien está muerto. Para un muerto, toda bendición tiene que depender enteramente de Dios. Esto le abre el camino a las actividades del amor de Dios.

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Versículo 4

A continuación, no solamente aprendemos acerca de la fuente y el carácter de nuestras bendiciones, las cuales vienen del corazón de nuestro Dios y Padre, sino que también encontramos que ellas tuvieron su origen “antes de la fundación del mundo”. Desde entonces, desde la eternidad pasada, fuimos escogidos en Cristo.

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Versículo 5

Los que se caracterizan por la impureza, la codicia y la idolatría, no solo serán privados de las bendiciones del reino venidero de Cristo y de Dios, sino que, por ser desobedientes al Evangelio, caerán bajo la ira de Dios. En contraste con el presente mundo malo, el reino de Dios será una escena en la que prevalecerá el amor y quedará excluida la concupiscencia.

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Versículo 5

Pablo habla de esta gran verdad que recibió mediante revelación y la menciona como “el misterio”; asimismo, en el versículo 4 se refiere a ella como “el misterio de Cristo”. Al usar la palabra “misterio”, el apóstol no lo hace en el sentido puramente humano con que habitualmente se utiliza esta palabra para expresar el pensamiento de algo oculto o misterioso.

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Versículo 5

Dicho amor se expresa hacia nosotros primeramente en las actividades de la gracia que, individualmente, nos vivifica con Cristo. Si estamos muertos, no puede haber ningún movimiento de nuestra parte hacia a Dios. El primer movimiento debe provenir de Dios. La nueva vida nos ha sido impartida, pero es una vida en asociación con Cristo.

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Versículo 5

Además, existen bendiciones especiales a las cuales los creyentes están predestinados. Parece ser que la predestinación siempre tiene como objetivo esas bendiciones especiales. Según la elección soberana, los creyentes, en común con los ángeles, permanecerán delante de Dios, santos y sin mancha.

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