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El Señor siempre vence el mal con el bien
Pero el Señor no podía incurrir en tal desacierto; no podía ser “vencido por el mal”, sino que, al contrario, siempre vencía “con el bien el mal”, el mal que estaba en el hombre con el bien que estaba en Él.
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¿En cuál de estas tres clases está usted?
«¿En qué clase viaja usted?». He aquí una pregunta que a menudo se oía antes en las estaciones de ferrocarril. Permítame que le haga la misma pregunta porque, considerándolo bien, usted también está viajando de este mundo a la eternidad, y en cualquier momento puede llegar al final. Permítame, repito, que con el mayor interés le pregunte: «¿En qué clase va viajando?».
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En Emaús y Betania
En Emaús se había despertado asimismo un deseo vehemente, pero las condiciones no eran las mismas. No era el deseo de un alma recién atraída, sino el de corazones ya restaurados. La incredulidad, sin embargo, vela la vista de los dos discípulos que volvían a su casa entristecidos, creyendo que sus esperanzas en el Señor se habían visto frustradas.
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En Getsemaní
Al llegar con sus discípulos a Getsemaní, Jesús les pide que velen con él, pero no les pide que oren por él. Sí buscó simpatía; la apreciaba en las horas de debilidad y angustia y deseaba que los corazones de sus compañeros estuviesen entonces ligados al suyo.
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En Jesús, dos naturalezas distintas
¡Qué perfección se ve en todo esto! Seguramente todo es perfecto y cada cosa está en su lugar: las virtudes humanas, los frutos de esa unción que había recibido y sus glorias divinas.
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En medio de la confusión
En un tiempo en el que prevalece la confusión uno se siente tentado a abandonarlo todo, por cuanto parece que todo está perdido y sin esperanza posible. También le asalta a uno la tentación de pensar que todo distingo entre las cosas no solo es algo inútil sino también una pérdida de tiempo.
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¿Espera Dios algo bueno de la carne?
Qué consolación saber que Dios no espera de la carne nada bueno, sino que la puso de lado para siempre como una cosa mala e incurable y nos pide que hagamos lo mismo. Ella ya no tiene ningún derecho legítimo sobre nosotros. No somos más deudores a la carne “para que vivamos conforme a la carne” (Romanos 8:12).
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¿Está en peligro sin saberlo?
¡Cuatro horas ahorradas! Al oír estas palabras no pude menos que pensar: «Si ahorrar cuatro horas se considera tan importante, ¡cuánto más debería serlo cuando se trata de la eternidad!». Existen millones de hombres inteligentes y previsivos en cuanto a sus intereses en este mundo; pero cuando se trata de los intereses eternos, parece que fueran ciegos; para ellos esto es tiempo perdido.
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Este es mi Hijo amado
Sin embargo, ¡esta gloria le pertenece a él solamente! ¡Cuán infinitamente lejos de nuestro corazón está cualquier otro pensamiento!
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Explicación de las profecías sobre el retorno de Cristo
Tomemos un ejemplo para ilustrar esta parte del tema. Paseando por el campo cierta mañana, vemos un charquito de agua, lo evitamos y, sin pensar más en él, seguimos caminando. Unos días después, al pasar por el mismo lugar, el charco ha desaparecido, el agua ya no está: hasta las últimas gotas se evaporaron. ¿Qué sucedió?
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Fidelidad de Jesús
La naturaleza misma y el espíritu de sus relaciones con sus discípulos, durante ese intervalo de cuarenta días, siguen siendo, en cierto sentido, los mismos que antes.
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Gozo del Señor, gozo en el cielo
Los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente. Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. Es esta, para nosotros, una feliz revelación de uno de los secretos del cielo. Nos enteramos de ello leyendo una ilustración tras otra en el capítulo 15 de Lucas.
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Habrá dos resurrecciones: una para los salvados y otra para los perdidos
Sabemos que hay dos resurrecciones: la de los salvos y la de los malvados; o, según el Señor las llama: “la resurrección de vida, y la resurrección de –o para– condenación”. La primera, la de los salvos, se divide en tres fases:
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Hay cosas que no salvan
Para la salvación de su alma, cuídese bien de confiar en sus propósitos de enmienda, en sus buenas obras, en sus prácticas o sentimientos religiosos, o en su educación moral recibida desde su infancia. Puede confiar firmemente en estas cosas y, sin embargo, perderse eternamente.
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Hay esperanza eterna para todos los que creen en Cristo
Tomemos un ejemplo para ilustrar la diferencia que media entre estos dos hechos. Un joven muy enamorado de su esposa se ve en la penosa situación de dejarla. Él tiene que viajar a un país extranjero y conseguir el dinero suficiente para luego volver a buscarla y llevarla consigo.
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Imagen del Dios dador pero no reconocido
El Señor daba sin cesar, pero raras veces aprobaba: él comunicaba abundantemente allí donde no hallaba sino poca comunión; esto revela y magnifica su bondad. Nada había en los hombres que tuviese atractivo para Jesús y, sin embargo, él siempre daba.
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Incredulidad de la familia del Señor
No es bueno que seamos siempre comprendidos. Nuestra conducta y hábitos deberían ser los de extranjeros, los de ciudadanos de otra patria, cuyo lenguaje, leyes y costumbres no son sino pobremente conocidos aquí. La carne y la sangre no los pueden apreciar; y así, los santos de Dios no se hallan en una buena condición cuando el mundo los comprende.
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Incredulidad de Tomás
De igual modo actuó Jesús con Tomás, como podemos verlo en el capítulo 20 de Juan. Tomás, adorando a Jesús, expresó: “¡Señor mío, y Dios mío!”, pero Jesús se hallaba en una altura moral de la que estas palabras no podían hacerle descender y desde la cual oía, miraba y pesaba todas las cosas, aun palabras como estas.
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Jesucristo es el mismo… por los siglos
Querido lector, por más débil que sea su fe, tenga la seguridad de que el bendito Salvador en quien ha depositado su confianza jamás cambiará. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).
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Jesús, centro de atracción
Mas no tengo necesidad de decir que Jesús era lo opuesto, de modo que sus parientes según la carne, con una mentalidad mundana, no podían comprenderle. Los principios que Jesús mantenía eran extraños para un mundo como el nuestro; este los menospreciaba como la hija de Saúl menospreció a David cuando este danzaba delante del arca (2 Samuel 6:16).
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Jesús, después de su resurrección
Los discípulos se mostraron infieles, indignos de Su confianza; le abandonaron en la hora de Su debilidad y huyeron para salvar su vida; en tanto que él, por amor hacia ellos, pasó por los terrores de la muerte, sufrió la cruz, una muerte tan cruel, tan vergonzosa que ninguna otra criatura podría haberla vencido.
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Jesús en el mundo
El Señor Jesús ilustró estas palabras: “en el mundo, pero no del mundo”, las que se vinculan, sin duda, con estas otras: No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (Juan 17:15).
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Jesús: gloria y luz divina
Así, pues, en desarrollo, en oportunidad, en combinaciones y en diferenciaciones ¡cuán perfectos en gloria moral y en belleza eran todos los caminos de este Hijo del hombre!
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Jesús hace callar a Satanás
Pero hay todavía otro rayo de luz de la gloria moral que resplandecía en su ministerio con relación a Satanás: Cristo nunca aceptó testimonio alguno ofrecido por este, por verdadero o lisonjero que fuese. Ese testimonio podía ser expresado mediante palabras buenas y bellas como estas: “Sé quién eres, el Santo de Dios” (Marcos 1:24), pero Jesús no permitió que Satanás hablara.
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