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2 Samuel

Estudio sobre 2 Samuel

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Capítulo 1

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Introducción

Los libros históricos del Antiguo Testamento se ocupan de los caminos de Dios para con Israel desde su entrada a Canaán. La conducta de este pueblo y la vida de los hombres de Dios proveen en ellos, en cada página, la ocasión de aprender grandes lecciones morales.

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La caída de David y sus consecuencias, capítulos 11-20

Del capítulo 11 al capítulo 20 tenemos la historia de David como rey responsable. Estos capítulos cuentan la terrible caída del rey, la disciplina que le alcanza, las consecuencias de su falta y, por fin, su restauración. El capítulo 20 termina, como lo hemos dicho más arriba (compárese con cap.

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Realeza sobre Judá, capítulos 2-4

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Abner, capítulo 3

Al principio del capítulo 2 vemos la feliz dependencia de David, en el momento de ser nombrado rey sobre Judá. El establecimiento gradual de su realeza ha llevado nuestros pensamientos hacia tiempos futuros, cuando el reinado de Cristo será establecido en poder. Pero este capítulo 2 contiene un hecho aún no mencionado y muy digno de hacer constar.

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Amigos y enemigos, capítulo 16

Las circunstancias que atraviesa David ponen a prueba el estado de los corazones; también los diversos caracteres de los hombres que se presentan ante el rey son, bajo este aspecto, muy instructivos para nosotros.

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Amnón, capítulo 13

El alma de David es restaurada, su conciencia purificada, su corazón humillado; a pesar de eso, hace falta que los caminos del gobierno de Dios a su respecto sigan su curso. Lo que Natán predijo:

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Comunión, capítulo 7

Los dos capítulos precedentes nos han mostrado los cambios importantes producidos en los caminos de Dios hacia Israel por el establecimiento, en Sion, de la realeza de David. El rey lleva allí el arca, asociando así el trono de Dios a su gobierno. No es todavía –lo hemos visto– un estado de cosas de cosas fundado a perpetuidad, como durante el reinado de Salomón.

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Conflicto entre hermanos, capítulos 19:41-20:26

Lo mismo que David, el remanente de Israel volverá en realidad a encontrar, tal como el pueblo en tiempos pasados lo hizo en figura, un camino para entrar nuevamente en Canaán. El Jordán, el río de la muerte, es este camino. Hace falta haber muerto con Cristo para entrar en la heredad y en las bendiciones de las promesas. Luego viene Gilgal (cap.

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El Amalecita, capítulo 1:1-16

Dos hechos señalan el reinado de David en su aurora: el juicio de Israel y de su príncipe sobre los montes de Gilboa, y la victoria obtenida sobre Amalec por aquel que será rey mañana.

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El arca en Sion, capítulo 6

No basta que la sede de la realeza de David –o de Cristo– sea colocada en Sion, en el monte de la gracia. Dios mismo quiere morar allí para siempre con su rey (véase Apocalipsis 22:1, 3). Por eso David está enteramente en la corriente de los pensamientos de Dios, cuando va a buscar el arca para volverla a traer a Jerusalén.

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El cántico de la liberación, capítulo 22

Llegamos aquí a la liberación definitiva de David. Todos su enemigos, de los cuales Saúl formaba parte (v. 1), han desaparecido. Este cántico que tendría lugar, históricamente, al principio del capítulo 7 (v. 1), se coloca aquí, porque el último de los adversarios de David y de su pueblo acaba de ser aniquilado (cap.

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El servicio, capítulo 17

El rey, como lo hemos visto, había devuelto a Sadoc, a Abiatar y a Husai a Jerusalén, para emplearles en su servicio. Las demostraciones de abnegación no bastan, por preciosas que sean al corazón del amo, y no son sino el preludio del servicio.

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Hanún, capítulo 10

La gracia de David no se dirige al remanente judío solamente. En el capítulo 10, se presenta a unos gentiles rebeldes. Moab y Amón, descendientes de Lot, formaban casi un solo pueblo, habiéndose sido siempre aliados, entre sí y con los enemigos de Israel, para perjudicar al pueblo de Dios.

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Hebrón, capítulo 2

Al mismo tiempo que pronuncia un lamento sobre Saúl y sobre Jonatán, David –lo hemos visto– tenía el propósito de enseñar a los hijos de Judá a servirse del arco. Hemos notado que el arco significa, para el creyente, la fuerza de Dios que solo se manifiesta en la dependencia. Al principio del capítulo 2, la conducta de David es la ilustración de esta verdad.

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Is-boset, capítulo 4

Este capítulo es el último de los que cuentan los preludios de la realeza de David. Satanás, el seductor, no se desanima en su obra malvada contra el ungido de Jehová y, rechazado una primera vez, no teme volver a la carga. En el capítulo 1 había ofrecido la corona a David por medio de un amalecita.

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Joab, capítulo 14

Hemos notado más arriba que el primer libro de Crónicas guarda silencio sobre los acontecimientos que nos ocupan. En nuestro relato, David no es figura de Cristo más que incidentalmente; representa más bien al remanente restaurado, que atraviesa la tribulación con la culpabilidad de la muerte del Justo.

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La caída, capítulo 11

Al leer este capítulo, un sentimiento de profunda humillación llena el corazón de todo hijo de Dios. Hace más de treinta siglos que ocurrieron estos hechos, pero treinta siglos transcurridos no impiden que Dios haya sido deshonrado por uno de sus siervos. El pecado puede haberse borrado, pero el ultraje hecho a Dios subsiste.

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La endecha de David, capítulo 1:17-27

“Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá” (v. 18). Es una enseñanza para ellos. Como testigos del desastre de Israel, debían saber cómo evitarlo ellos mismos en el porvenir. Saúl había sido por vencido por los arqueros (1 Samuel 31:3), cuando él mismo estaba privado de esta arma.

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La fortaleza de Sion, capítulo 5:1-10

Por espíritu de venganza contra Is-boset, Abner había recomendado a David a las once tribus: “Jehová ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos sus enemigos” (cap. 3:18).

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La gracias, capítulo 19:1-40

Joab reprende a David por su debilidad; ¡Joab exhortando a David! Pero ¿quién, pues, había traído este mal y arrancado las entrañas de este padre sino él solo? Sin duda, ello era según los caminos de Dios que daba libre curso al castigo anunciado (cap.

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La huida de David, capítulo 15

Si Joab, al mismo tiempo que coopera con David, no tiene ninguno de los móviles de este hombre de Dios, el carácter de Absalón es desde el principio el de un reprobado, hijo, moralmente, de Satanás quien es “homicida desde el principio”. Más tarde, les da rienda suelta a todos los malos instintos de su naturaleza para alcanzar su meta.

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La muerte de Absalón y el corazón quebrantado de David, capítulo 18

David pasa revista a la gente y la coloca bajo Joab, Abisai y también Itai geteo, el único juzgado digno por el rey de conducir el ejército en el mismo rango que los jefes acreditados desde hace mucho tiempo. Sin embargo Itai “había venido ayer”, un extranjero sin lazos con el pueblo de Dios.

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