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El arca en Sion, capítulo 6

No basta que la sede de la realeza de David –o de Cristo– sea colocada en Sion, en el monte de la gracia. Dios mismo quiere morar allí para siempre con su rey (véase Apocalipsis 22:1, 3). Por eso David está enteramente en la corriente de los pensamientos de Dios, cuando va a buscar el arca para volverla a traer a Jerusalén.

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El cántico de la liberación, capítulo 22

Llegamos aquí a la liberación definitiva de David. Todos su enemigos, de los cuales Saúl formaba parte (v. 1), han desaparecido. Este cántico que tendría lugar, históricamente, al principio del capítulo 7 (v. 1), se coloca aquí, porque el último de los adversarios de David y de su pueblo acaba de ser aniquilado (cap.

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El conductor

En el momento en que empezaba esa nueva etapa de la historia de Israel, Josué fue llamado a tomar la conducción del pueblo. Este hombre digno de nuestra atención aparece por primera vez en Éxodo 17, en ocasión al combate contra Amalec; en esta oportunidad, su aparición como jefe de los ejércitos de Israel nos da la clave de su carácter típico.

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El servicio, capítulo 17

El rey, como lo hemos visto, había devuelto a Sadoc, a Abiatar y a Husai a Jerusalén, para emplearles en su servicio. Las demostraciones de abnegación no bastan, por preciosas que sean al corazón del amo, y no son sino el preludio del servicio.

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Hanún, capítulo 10

La gracia de David no se dirige al remanente judío solamente. En el capítulo 10, se presenta a unos gentiles rebeldes. Moab y Amón, descendientes de Lot, formaban casi un solo pueblo, habiéndose sido siempre aliados, entre sí y con los enemigos de Israel, para perjudicar al pueblo de Dios.

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Hebrón, capítulo 2

Al mismo tiempo que pronuncia un lamento sobre Saúl y sobre Jonatán, David –lo hemos visto– tenía el propósito de enseñar a los hijos de Judá a servirse del arco. Hemos notado que el arco significa, para el creyente, la fuerza de Dios que solo se manifiesta en la dependencia. Al principio del capítulo 2, la conducta de David es la ilustración de esta verdad.

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Is-boset, capítulo 4

Este capítulo es el último de los que cuentan los preludios de la realeza de David. Satanás, el seductor, no se desanima en su obra malvada contra el ungido de Jehová y, rechazado una primera vez, no teme volver a la carga. En el capítulo 1 había ofrecido la corona a David por medio de un amalecita.

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Joab, capítulo 14

Hemos notado más arriba que el primer libro de Crónicas guarda silencio sobre los acontecimientos que nos ocupan. En nuestro relato, David no es figura de Cristo más que incidentalmente; representa más bien al remanente restaurado, que atraviesa la tribulación con la culpabilidad de la muerte del Justo.

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La caída, capítulo 11

Al leer este capítulo, un sentimiento de profunda humillación llena el corazón de todo hijo de Dios. Hace más de treinta siglos que ocurrieron estos hechos, pero treinta siglos transcurridos no impiden que Dios haya sido deshonrado por uno de sus siervos. El pecado puede haberse borrado, pero el ultraje hecho a Dios subsiste.

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La endecha de David, capítulo 1:17-27

“Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá” (v. 18). Es una enseñanza para ellos. Como testigos del desastre de Israel, debían saber cómo evitarlo ellos mismos en el porvenir. Saúl había sido por vencido por los arqueros (1 Samuel 31:3), cuando él mismo estaba privado de esta arma.

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La fortaleza de Sion, capítulo 5:1-10

Por espíritu de venganza contra Is-boset, Abner había recomendado a David a las once tribus: “Jehová ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y de mano de todos sus enemigos” (cap. 3:18).

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La gracias, capítulo 19:1-40

Joab reprende a David por su debilidad; ¡Joab exhortando a David! Pero ¿quién, pues, había traído este mal y arrancado las entrañas de este padre sino él solo? Sin duda, ello era según los caminos de Dios que daba libre curso al castigo anunciado (cap.

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La huida de David, capítulo 15

Si Joab, al mismo tiempo que coopera con David, no tiene ninguno de los móviles de este hombre de Dios, el carácter de Absalón es desde el principio el de un reprobado, hijo, moralmente, de Satanás quien es “homicida desde el principio”. Más tarde, les da rienda suelta a todos los malos instintos de su naturaleza para alcanzar su meta.

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La muerte de Absalón y el corazón quebrantado de David, capítulo 18

David pasa revista a la gente y la coloca bajo Joab, Abisai y también Itai geteo, el único juzgado digno por el rey de conducir el ejército en el mismo rango que los jefes acreditados desde hace mucho tiempo. Sin embargo Itai “había venido ayer”, un extranjero sin lazos con el pueblo de Dios.

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Las últimas palabras de David, capítulo 23:1-7

He aquí las palabras que terminan la carrera de David. En vísperas de su muerte, considera el resultado de toda su vida como rey favorecido por Dios, pero responsable. Esta vida abarca todas sus experiencias, su caída y la disciplina que fue su consecuencia.

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Los hijos del gigante, capítulo 21:15-22

El fin de la historia de David tiene el mismo carácter que su comienzo. Goliat parece volver a la vida. Así desierto con el Señor: después de la tentación en el desierto, Satanás le dejó por un tiempo y volvió a aparecer en Getsemaní, intentando atemorizarle Para hacerle desistir de su obra.

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Los valientes de David, capítulo 23:8-39

Después de las últimas palabras de David, Dios nos muestra que guarda memoria de los valientes, los compañeros de su ungido hasta el establecimiento definitivo de su reinado. Otros hombres abnegados, como Itai, como Sobi, se encontraron en su camino cuando huía de Jerusalén, pero los que son mencionados aquí eran los asociados de la primera hora.

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Mefi-boset, capítulo 9

Los capítulos 9 y 10 son una especia de apéndice que presenta en figura, en el capítulo 9 la gracia del Mesías hacia el remanente de Israel, y en el capítulo 10 esta misma gracia ofrecida a las naciones que la rechazan, atrayendo sobre sí el juicio de Dios.

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Moriah, capítulo 24

El segundo libro de Samuel termina por la más maravillosa revelación de la obra redentora que haya sido dada bajo la dispensación de la ley.

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Nuevas victorias, capítulo 8

Después del capítulo 7 que es, en cuanto a lo moral, el punto culminante de toda la historia de David, el capítulo 8 relata una serie de victorias. Las victorias de nuestro capítulo tienen por punto de partida la comunión de David con su Dios, como las del capítulo 5 eran el fruto de su dependencia y de su obediencia.

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Perdón, disciplina y restauración, capítulo 12

Cierto tiempo había transcurrido desde la falta cometida por David. La guerra contra Amón –comenzada en el capítulo precedente que, por sí solo, abarca acontecimientos de casi un año– continuaba todavía. El sitio de Rabá no había acabado, y sabemos que en esa época el sitio de una ciudad podía durar años.

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Rizpa, capítulo 21:1-14

Restaurado de nuevo el reino de Israel, después de las pruebas terribles y merecidas que lo han acosado, se podría creer que una era de apacible prosperidad iba a abrirse para él; al contrario, es visitado por una plaga. No dudo de que esta hambre haya podido tener lugar en otro momento del reinado, ya que se dice: “Hubo hambre en los días de David…” (v.

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Victorias, capítulo 5:11-25

El establecimiento del trono sobre el monte de Sion tiene por primer resultado el de hacer que David sea reconocido por las naciones. “Hiram rey de Tiro envió embajadores a David, y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros, los cuales edificaron la casa de David” (v. 11), pues Hiram quería contribuir, en su medida, al esplendor del reinado que comenzaba.

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