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El recuerdo
Pero la Cena es más especialmente el recuerdo del Señor: Haced esto en memoria de mí.
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¿En qué consiste el culto?
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
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La celebración de los cristianos
Los judíos celebraban la pascua en recuerdo de la liberación de Egipto. Solo el israelita de nacimiento, debidamente circuncidado, era admitido para comer el cordero asado al fuego. Si un extranjero quería participar de esta comida, debía ser circuncidado y aceptar todo lo que marcaba la posición de separación de Israel.
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La disciplina
Existen diversas responsabilidades en relación con la Cena. Primeramente la de participar de ella. Luego la de juzgarse a sí mismo y discernir el cuerpo. La de no traer levadura que manche a la iglesia, a “toda la masa”. Finalmente la responsabilidad de la iglesia en cuanto a limpiarse “de la vieja levadura”, a quitar “a ese perverso de entre vosotros”.
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La distracción
¡Qué poderosa es esta arma en las manos del enemigo para hacernos perder los beneficios del culto y de la reunión de oración!
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La expresión de la unidad del Cuerpo
Vale la pena leer cuidadosamente todo el pasaje de 1 Corintios 10:14-22 y considerarlo con el contexto anterior y posterior. Desde el capítulo 8, el apóstol condena la idolatría y las cosas sacrificadas a los ídolos. Después de varios paréntesis, vuelve a ella más particularmente en nuestro versículo 14: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”.
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La reunión de edificación
1 Corintios 14 nos presenta un cuadro de ella. Toda la congregación está reunida y, por medio de un hermano u otro, el Señor da un “salmo”, una “doctrina”, una “revelación”. No se trata, propiamente dicho, del ejercicio de los dones; pero “podéis profetizar todos uno por uno”.
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La reunión de oración
Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo (o mejor dicho: “están de acuerdo”) en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos (Mateo 18:19).
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Los israelitas en el desierto
Ante todo, una advertencia sobre el valor que tienen para nosotros las enseñanzas del Antiguo Testamento. En 2 Timoteo 3:16 leemos que “toda la Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñar, para reprensión, para corrección, para instrucción en justicia” (V.M.).
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Los israelitas en el país Canaán
En el Deuteronomio encontramos nuevas enseñanzas. Al final de su marcha de cuarenta años a través del desierto, el pueblo ha llegado al Jordán para entrar en la tierra prometida. Dios les indica entonces cómo han de comportarse allí.
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¿Qué hacer?
¿Quedarse solo? Este pensamiento atrae a algunos. J. N. Darby escribió una vez: ¡Es más fácil para uno andar solo que tomar parte en las tristezas de la Iglesia de Dios en la tierra! Pero, el deseo del Señor es congregar a los suyos. Con pena, Él les dice en Juan 16:32: “Seréis esparcidos cada uno por su lado”. Pero ¡qué alegría en la noche de la resurrección!
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¿Quién forma parte de este Cuerpo?
1 Corintios 12:13 declara: Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres.
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¿Quién puede participar?
La “Cena” dominical pertenece al Señor. Él decide quién puede participar.
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Reunidos hacia el nombre de Jesús
Como lo notará cualquier lector atento, el evangelio según Mateo nos presenta al Señor Jesús como el rey que viene a su pueblo, Israel, para establecer su reino. En su genealogía se pone énfasis en que es hijo del rey David y el cap. 2 nos describe la adoración que los magos de Oriente tributan al rey.
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Reunirse en tiempos de ruina y apostasía
La Iglesia, considerada como la casa de Dios en la tierra, está siendo edificada por el Señor Jesucristo con “piedras vivas” (Mateo 16:18; 1 Pedro 2:4-7) y no tiene, por lo tanto, defecto alguno. ¿Cómo podría salir un edificio imperfecto de las manos del divino arquitecto?
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