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Versículo 1

En esta parte de la epístola, los creyentes son contemplados no solo como aquellos que reconocen que hay un solo Dios, sino como aquellos que están en relación con Él, como hijos suyos. Todo el pasaje nos exhorta a andar como es propio que lo hagan los hijos. La conjunción “pues” del primer versículo vincula este pasaje con el último versículo del capítulo anterior.

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Versículo 1

El apóstol había sufrido persecución y prisiones a causa del testimonio que daba acerca de la gracia de Dios para con los gentiles y la gran verdad del misterio de la Iglesia, compuesta por creyentes de origen judío y de origen gentil constituidos en un solo cuerpo y unidos a Cristo como Cabeza.

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Versículo 10

Esto nos conduce a otra verdad. No solo que nuestras obras están excluidas –porque Dios lo ha hecho todo– sino que también nosotros somos hechura suya y, como tales, formamos parte de una nueva creación en Cristo Jesús. Las obras de la ley están excluidas como medio de salvación; sin embargo, ello no debe hacernos inferir que las obras no tienen lugar en la vida cristiana.

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Versículo 11

Como Cristo destruyó el poder del enemigo que nos mantenía en la esclavitud, y llevó cautiva la cautividad, obra con poder y se sirve de los hombres como instrumentos de Su poder. Esto no quiere decir simplemente que Él da los dones y nos deje repartirlos entre nosotros, sino que da ciertos hombres para ejercer los dones.

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Versículo 12

Después de haber hablado de los dones, el apóstol coloca ante nosotros los tres grandes objetos para los que fueron dados estos dones. En primer lugar, son concedidos para “perfeccionar a los santos”, es decir, para que cada creyente individualmente sea establecido en la verdad. En segundo lugar, son dados “para la obra del ministerio”, lo que abarca toda forma de servicio.

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Versículo 13

En esta lucha, una armadura humana no sirve para nada. Sólo “la armadura de Dios” hará que podamos resistir al diablo. En esta lucha no sirven ni los recursos humanos, ni las capacidades naturales, ni la fuerza del carácter natural. La confianza en tal armadura puede conducirnos a reñir combate al enemigo, pero solamente para sufrir una derrota.

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Versículo 13

Los versículos siguientes nos enseñan con mayor precisión lo que el apóstol entiende por “perfeccionar a los santos”.

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Versículo 13

El hecho de poner de lado a Israel preparó el camino para que tuviera lugar un gran cambio en los propósitos de Dios en la tierra. El breve recuerdo del pasado, dado por el Espíritu de Dios en los versículos 11 y 12, hace que, por contraste, la posición de los creyentes en el presente sea tanto más llamativa.

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Versículo 13

La expresión “vosotros”, en este versículo, introduce a los creyentes de origen gentil en la bendición de esta gloriosa herencia. Ellos habían creído en el evangelio de su salvación, y habían sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa.

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Versículo 14

Tenemos que estar firmes, habiendo ceñido nuestros lomos con la verdad. Espiritualmente, esto nos enseña que nuestros pensamientos y afectos deben mantenerse sujetos, afirmados, mediante la verdad, es decir, gobernados por ella.

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Versículo 14

Para Dios, el incrédulo está muerto. Si el verdadero creyente no tiene en cuenta estas exhortaciones, puede caer en un estado de letargo espiritual y dormir hasta el extremo de llegar a parecerse a un muerto. En esa condición no podrá aprovechar la luz de Cristo. La exhortación que le conviene es: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo”.

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Versículo 14

Como resultado de este pleno crecimiento ya no seremos más niños fluctuantes en el conocimiento espiritual, expuestos, por ignorancia, a ser “llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”.

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Versículo 14

Las grandes verdades desarrolladas en estos capítulos conducen naturalmente a la segunda oración del apóstol. En el capítulo 2 de la epístola, el apóstol expone una gran verdad: enseña que los creyentes de origen judío y los de origen gentil son juntamente edificados para morada de Dios.

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Versículo 14

En segundo lugar, en este versículo leemos que de los creyentes de ambos pueblos, es decir, judíos y gentiles, “hizo uno”. Nadie puede sobrestimar la importancia de haber sido hechos cercanos por la sangre, pero para la formación de la Iglesia se necesita algo más.

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Versículo 14

En este versículo, la expresión “nuestra” une a los creyentes de origen judío con los creyentes de origen gentil. Ambos participan en común de esta gloriosa herencia. Por el Espíritu, gozamos anticipadamente de las bendiciones de la herencia. Esta herencia es una “posesión adquirida”. El precio de ella fue la preciosa sangre de Cristo.

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Versículo 15

El resultado de la justicia práctica es un andar en paz. El evangelio de la paz que hemos recibido nos prepara para andar en paz en medio del desasosiego del mundo. Si la verdad gobierna nuestro corazón y en la práctica nuestros caminos están en armonía con la verdad, podremos andar en este mundo con paz en el alma y lograremos afrontar el día malo con un espíritu de paz y serenidad.

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Versículo 15

Cuando surgen las controversias, existe el gran peligro de ser “llevados por doquiera” al escuchar a fulano o a mengano. Si miramos lo que nos rodea, veremos un cristianismo mezclado, sin vida e impotente contra el engaño.

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Versículo 15

Con la perspectiva de esta nueva escena de gloria, se nos dice que en el bendito mundo venidero, toda familia en los cielos y en la tierra tomará nombre del Padre. En la primera creación, todos los animales fueron llevados ante Adán, quien les puso nombres distinguiéndolos por familias, de acuerdo a las características propias de cada una.

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Versículo 15

Mediante su muerte, Cristo abolió “la ley de los mandamientos”, la cual era la causa de la distancia entre Dios y el hombre, y entre los judíos y los gentiles. Aunque la ley prometía la vida a los que la guardaran, condenaba a los que la transgredían.

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Versículo 15

Las expresiones que introducen la oración, nos hacen ver la condición espiritual en la que estaban los santos en Éfeso: una condición que estimulaba al apóstol a dar gracias y a orar sin cesar por ellos. Dichosamente, ellos se caracterizaban por su “fe en el Señor Jesús y amor para con todos los santos”. Como Cristo era el objeto de su fe, los santos venían a ser objeto de su amor.

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Versículo 16

Por necesarios que sean el cinturón de la verdad para controlar nuestros pensamientos y afectos, la coraza de justicia para mantener nuestra conducta en la justicia práctica, y el calzado para caminar en paz a través de este mundo, para la lucha nos hace falta aún algo más. “Sobre todo”, necesitamos el escudo de la fe, para protegernos de los dardos de fuego del maligno.

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Versículo 16

En este versículo, pasamos de lo que el Señor, en su gracia, obra por medio de los dones a lo que Él mismo hace como Cabeza del cuerpo.

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Versículo 16

En la primera petición, el apóstol solicita que el Padre nos dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu.

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Versículo 16

En cuarto lugar, se nos da a conocer otra verdad más: que los creyentes son reunidos para formar “un solo cuerpo”. Los creyentes de origen judío así como de los gentiles, se encuentran unidos no solo para manifestar las gracias del nuevo hombre, esto es, Cristo señaladamente en todas sus glorias morales, sino que ­también forman un solo cuerpo.

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