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The Mackintosh Treasury
La autoridad
Por último, la autoridad sobre la cual recibimos la salvación es el testimonio del Espíritu Santo en las Escrituras. Es “conforme a las Escrituras”. Esta es una muy sólida y reconfortante verdad. No es cuestión de nuestros sentimientos o experiencias o pruebas; es una simple cuestión de fe en la Palabra de Dios, producida en el corazón por el Espíritu de Dios.
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La base moral de la oración
La Escritura nos presenta la base moral de la oración en palabras tales como estas: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7).
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La causa que provocó la restauración de Simón Pedro
Esta se nos presenta con particular fuerza por la pluma del inspirado evangelista Lucas: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 22:31). Si a Satanás se le hubiera permitido hacer su voluntad, el pobre Simón habría quedado arruinado para siempre.
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La confesión de los pecados
Pero “si alguno hubiere pecado” ¿qué tiene que hacer? A esta pregunta el inspirado apóstol da una respuesta de las más claras y benditas: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). La confesión es el medio por el cual la conciencia es libertada.
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La conversión no es cambiar de sistema religioso
La conversión tampoco consiste en cambiar de sistema religioso. Una persona puede dejar el judaísmo, el paganismo, el islamismo, el catolicismo y hacerse protestante sin por eso estar convertida.
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La conversión, ¿qué es?
Después de considerar la absoluta necesidad de la conversión y de ver, en alguna medida, lo que no es, tenemos que inquirir ahora qué es. Y, en esto, hemos de ceñirnos estrictamente a las infalibles enseñanzas de la Sagrada Escritura. No podemos aceptar nada menos ni cosa diferente de lo que muestra la Biblia.
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La esperanza del creyente a través del duelo
En 1 Tesalonicenses 4:13-18 el apóstol Pablo dice: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
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La gracia de Dios
En primer lugar, la gracia de Dios –Su libre y soberano favor– es la fuente de donde mana la salvación –la salvación en toda su extensión, en toda su profundidad, en el sentido más amplio de esta preciosa palabra–; salvación que desciende, como una cadena de oro, desde el seno de Dios hasta el más profundo abismo de la culpa y la condición arruinada del pecador, y que sube de nuevo al trono de
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La importunidad
Pero hay todavía otro muy importante rasgo moral de la verdadera oración en la enseñanza del Señor en Lucas 11, y es la “importunidad” o insistencia. El Señor nos dice que el hombre logra su objetivo simplemente por su gran insistencia. No se dio por vencido; tenía que llevar los tres panes.
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La incredulidad es la base de tales errores
La incredulidad acerca de la divina inspiración de las Escrituras es, como ya lo dijimos, la base de todos esos errores. Éstos forman parte de la apostasía predicha por la misma Palabra de Dios, cuyo desenlace final va acercándose.
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“La paga del pecado es muerte”
Pero eso no es todo. El hombre lleno de vida en este mundo se hunde en la muerte. ¿Por qué? Porque el pecado se introdujo en el mundo, y el pecado despertó la conciencia. Aun más, con el pecado vino el juicio de Dios. La paga del pecado es la muerte, terror para la conciencia. Es el poder de Satanás sobre el hombre, por cuanto Satanás tiene el dominio de la muerte.
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La Palabra de Dios como instrumento del nuevo nacimiento
Para entender, pues, qué quiso decir el Señor con la expresión “nacer de agua”, citaremos dos o tres pasajes de la Palabra. En Juan 1:11-13 leemos: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
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La paz
En una palabra, el lector debe tratar de comprender, con la mayor precisión y fundamento bíblico, la diferencia entre vida y paz. La primera es el resultado de nuestra relación con la Persona de Cristo, mientras que la segunda es el resultado de creer en su obra consumada.
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La Persona de Cristo
La persona de Cristo –y su obra terminada– constituyen el único canal por el cual la salvación puede fluir hacia el pecador perdido y culpable. No es la Iglesia, con sus sacramentos, ni la religión, con sus ritos y ceremonias; nada que provenga del hombre o de sus hechos, cualquiera que sea su forma o apariencia, sino la muerte y resurrección de Cristo.
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La primera resurrección
Estas tres fases constituyen “la primera resurrección” o “la resurrección de entre los muertos”. La resurrección de los muertos –los que no han creído– no ocurrirá sino después del milenio (Apocalipsis 20:5), con vistas al juicio final. Por eso este suceso no se llama segunda resurrección, sino “la muerte segunda” (Apocalipsis 20:11-15).
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La restauración de Pedro
Si hacemos un cuidadoso estudio de estos versículos encontraremos en ellos tres diferentes etapas en la restauración de un creyente: la restauración de la conciencia, la del corazón y la de la posición.
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La vida
Tomemos el caso del más vil pecador, que hasta el día de hoy ha vivido cometiendo las peores atrocidades.
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Las condiciones morales para orar
Vamos a considerar ahora, a la luz de la Palabra de Dios, las condiciones morales o los atributos de la oración. Nada es más precioso que tener la autoridad de las Escrituras para todo acto de nuestra vida cristiana práctica. La Escritura debe ser nuestro único, gran y supremo árbitro en todas nuestras dificultades; no lo olvidemos jamás.
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Levántate y sube a Bet-el
Las palabras “Levántate y sube a Bet-el” (Génesis 35:1) encierran una gran verdad práctica respecto de la cual deseamos llamar la atención del lector.
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Los rechazos que enfrentó el perfecto obrero
No hubo un solo servidor de Dios en este mundo que no haya sufrido rechazos de una u otra forma. Y el único perfecto obrero no constituye una excepción a la regla. Jesús sufrió el desprecio y el desengaño. Si no hubiese experimentado estas cosas, no podría compadecerse de aquellos que tienen que enfrentarlas en cada etapa de su carrera.
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Los recursos que el perfecto obrero halló en Dios
Vamos a considerar ahora los recursos que el perfecto obrero halló en Dios.
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Moisés
Consideremos a Moisés. Habló imprudentemente con sus labios en las aguas de Meriba (Números 20). Y ¿cuál fue el resultado?: El decreto gubernamental de Jehová le prohibió la entrada a la tierra prometida.
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Nicodemo debía dejar atrás muchas cosas
Pero Nicodemo, como muchos otros, debía dejar atrás muchas cosas antes de llegar verdaderamente al conocimiento de Jesús; debía desprenderse de una pesada carga de maquinaria religiosa antes de aprender la divina simplicidad del plan de salvación de Dios. Debía descender de la cumbre del saber rabínico y de la religión tradicional, y aprender el alfabeto del Evangelio en la escuela de Cristo.
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¿Nos reconoceremos en el cielo?
A veces los cristianos se preguntan si reconoceremos en el cielo a aquellos que nos tomaron la delantera. Personalmente, no lo dudo; pero reconoceremos también a los que no habíamos conocido en este mundo, de la misma manera que los discípulos reconocieron en el monte de la transfiguración a Moisés y a Elías en gloria, mientras que éstos no hacían más que hablar con Jesús.
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