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Las asechanzas de Satanás

Satanás se atraviesa en nuestro camino aun hoy. Ustedes no darán dos pasos –después de haber oído la Palabra de Dios– sin que el diablo intente arrebatarles el fruto que hayan logrado. Hará lo posible para despertar en ustedes el orgullo e impedirles así que manifiesten ese carácter de Cristo que ocupa nuestra atención en este momento.

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Las cortinas, la tienda y las cubiertas

a) Las cortinas (Éxodo 26:1-6)

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Las tablas

Dimensiones: 1½ codo de ancho por 10 de alto. 20 tablas al norte, 20 tablas al sur, 8 al oeste: total 48.

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Los Evangelios

Los evangelios narran la vida del Señor y le presentan a nuestros corazones

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Los Hechos y las epístolas

Los Hechos narran el establecimiento de la Iglesia por el Espíritu Santo venido del cielo, luego los trabajos de los apóstoles en Jerusalén o en Palestina y los de los otros obreros del Señor. Nos hablan especialmente de la obra de Pedro, luego acerca de la de Pablo, y terminan por el relato del rechazo del evangelio de Pablo por parte de los judíos de la dispersión.

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Los libros hagiográficos

Daniel es considerado por los judíos como parte de los hagiógrafos. Hemos hablado de su libro como profecía –aunque tiene un carácter aparte– porque el trono de Dios había desaparecido de la tierra y el profeta estaba en Babilonia.

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Los libros histórico

El libro de Josué narra la toma de posesión del país de Canaán. En ella se pone de manifiesto la responsabilidad del pueblo, pero, en suma, Dios está con él: ningún enemigo pudo afrontar la guerra con Israel. Dios estuvo con Josué todos los días de su vida, y esto continuó durante los días de los ancianos que habían sido testigos oculares de las obras maravillosas de Jehová.

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Los libros proféticos

Nos falta proporcionar algunas nociones sobre las profecías para facilitar la comprensión de esas revelaciones de Dios y después pasar rápida revista a los hagiógrafos. De todos los profetas es Isaías el que abarca el horizonte más amplio.

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Materiales (25:3-7; 35:4 a 36:7)

Todos los materiales tienen una significación espiritual. Se pueden clasificar en cuatro grupos, referente a las personas divinas o a los rescatados.a)         Éxodo 25:3: Dios

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Mirando hacia el fin glorioso de la carrera

El apóstol Pablo, al decir que nos ocupemos en nuestra salvación con temor y temblor, no tiene en vista ni la justificación ni nuestro lugar junto a Dios. La salvación, en la epístola a los Filipenses, es siempre considerada como el fin de la carrera, como su resultado final en gloria. ¿Cuál fue el efecto de la redención para Israel?

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Mirar a un Cristo glorificado

Toda la vida de Pablo era el resultado de esa verdad y estaba completamente formada por ella. El Hijo de Dios formaba su vida día tras día y Pablo proseguía siempre su carrera hacia Él, sin hacer nunca otra cosa. Así, Pablo entraba –no solo como apóstol sino también como cristiano– en comunión con los sufrimientos de Cristo y en la semejanza a su muerte. Todo cristiano debería hacer como él.

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Muerto en la carne y liberado del pecado

El apóstol añade (¡y qué bendición es para un hombre poder hablar así!): “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (v. 9). Así –destaquémoslo bien– el Dios de paz estará con nosotros.

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Nada de méritos personales

La manera en que el apóstol trata aquí ese asunto es digna de destacar. No habla de una conciencia cargada de pecado, sino de la inutilidad de todas las ordenanzas. Por eso llama a todo el sistema con un nombre despreciativo: “la concisión” (v. 2, V.

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Ocuparse del bien

Es algo de suma importancia tener el corazón adecuado y formado para hallar placer en las cosas en las que Dios se place. Incluso con el sentimiento de que Él juzga el mal como mal, el corazón no se siente feliz. Nosotros somos exhortados a vivir ahora como con Dios en el cielo, Y ¿acaso Dios tiene que juzgar algún mal cometido en el cielo?

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Ofrenda del pueblo

Jehová pide al pueblo que le traiga para Él (Éxodo 25:2) una ofrenda tomada de entre las pertenencias de ellos (35:5). Todos podían traer la ofrenda, pues todos habían recibido de los egipcios, a su salida de Egipto, diversas riquezas (11:2-3; 12:35-36), pero nadie estaba obligado a traer.

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Pensar y obrar como Cristo

Si participo del sentir y de los pensamientos de Cristo, no soportaré ver el mal en los santos, sino que desearé verlos semejantes a Cristo. Él obra actualmente en el corazón de los santos, como lo leemos en Efesios 5:26: “para santificarla, purificándola por el lavamiento de agua por la palabra” (versión francesa de J. N.

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Primero obediente, luego exaltado

Nosotros tenemos que tener el mismo sentimiento, el mismo pensamiento que estaba en Cristo. Dios le había “preparado cuerpo”, o, como lo dice otro pasaje, le había “horadado la oreja”. Como hombre, Él había tomado forma de siervo. Vino –la plenitud de la Deidad– a habitar en ese cuerpo y manifestó en él la obediencia perfecta, de manera que Dios le ensalzó a su diestra.

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Regocijarse en el Señor es olvidarse de uno mismo

¡Qué objetivo era el que Pablo tenía ante sí! ¡Qué energía producía! Los ojos de Pablo están fijos en todo aquello que se encuentra más allá del desierto. Él es un viajero que lo atraviesa, y, en su camino, se regocija siempre en el Señor. Así predicara en público o recibiera apaciblemente en su casa a todos aquellos que acudían a verle, él se regocijaba.

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Regocijo permanente

“Regocijaos en el Señor siempre” (v. 4). ¿Quién era el hombre que podía hablar así de parte de Dios? ¿El hombre que había estado en el tercer cielo? No, sino aquel que estaba prisionero en Roma. Eso era regocijarse siempre, como en otra parte lo dice el salmista: “En todo tiempo bendeciré a Jehová”.

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Resultado de la oración, y la suministración del Espíritu

Vean ahora cómo Pablo se eleva por encima de todas las pruebas de esos cuatro años de prisión (dos en Cesarea y dos en Roma). “Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio” (v. 12).

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Satanás vencido y atado

Los filipenses se hallaban aquí en una tribulación positiva; pero la vida cristiana por entero es una vida de lucha contra Satanás, lo que no significa que permanentemente debamos pensar en eso si nos hemos puesto toda la armadura de Dios; pero, si no tenemos conciencia de la victoria de Cristo, corremos el riesgo de ser intimidados; y aunque poco conocemos este conflicto, en alguna medida lo c

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Seguir un mismo modelo

“Hermanos, sed imitadores de mí…” dice el apóstol, colocándose ahora a sí mismo, de manera notable, como modelo ante los santos. Pone en contraste a aquellos cuya “ciudadanía (o conversación) está en los cielos” con aquellos “que solo piensan en lo terrenal” (v. 17 y subsiguientes). El fin de estos es la perdición, pues son enemigos del cristianismo.

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Si uno sufre, los demás sufren con él

“Por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia” (v. 7). Poco sentimos cuán real es la unidad del Espíritu; hemos perdido grandemente la realidad de ella, aunque reconozcamos el hecho como una verdad.

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Siervo para siempre

Cristo no solo tomó la forma de siervo, sino que también tomó ese lugar para siempre, así como no dejará nunca de ser hombre ni abandonará el verdadero lugar de este ante Dios. Cristo tomó la forma de hombre y cumplió sus años de servicio en la tierra según la figura del siervo hebreo del capítulo 21 del Éxodo.

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