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The Mackintosh Treasury
Cuarta carta - La oración
Querido amigo A.: Cuando tomé mi pluma para escribirte la primera carta, nunca imaginé que tendría la oportunidad de escribir una cuarta carta. De cualquier manera, el tema es de gran interés para mí; y solo hay dos o tres puntos más que quiero tratar brevemente.
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David y Urías
Antes de concluir este tema, consideremos todavía a David “en lo tocante a Urías heteo” (1 Reyes 15:5). Aquí tenemos un muy notable ejemplo de la gracia y el gobierno. En un triste momento, David cae de su santa elevación. Bajo el enceguecedor influjo de sus pasiones, se precipitó en un profundo y horrible pozo de corrupción moral.
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Definición de la palabra conversión
Los dos últimos versículos de nuestro capítulo (1 Tesalonicenses 1:9-10) demandan una atención muy especial. Ofrecen una notable declaración de la verdadera naturaleza de la conversión. Muestran con gran exactitud la profundidad, claridad, plenitud y realidad de la obra del Espíritu de Dios en los convertidos de Tesalónica. No había en ello motivo de equivocación.
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Diferencia entre la vida y la paz
Es de suma importancia conocer la diferencia entre vida y paz. La primera es el resultado de nuestra unión con la Persona de Cristo; la última es el resultado de su obra.
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Diferencia entre pedir perdón y confesar los pecados
Hay una inmensa diferencia moral entre orar para pedir perdón y confesar nuestros pecados, así lo consideremos en relación con el carácter de Dios, con el sacrificio de Cristo o con el estado del alma. Es muy posible que la oración de un cristiano pueda contener, en el fondo, si no en la forma, la confesión de su pecado, cualquiera que sea, y entonces esto resulta lo mismo.
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El altar
Esto nos conduce naturalmente a la segunda imagen del interesante cuadro que tenemos ante nosotros, esto es, el altar. En el mismo momento en que Isaías expresó su profunda convicción en cuanto al estado de su alma, fue introducido en los divinos misterios del altar de Dios: “Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenaza
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El camino preparado por Dios
Qué gracia inefable para aquel que realmente desea andar con Dios, saber que hay un camino en el cual puede andar! Dios ha preparado una senda para sus redimidos en la cual pueden caminar con la mayor certeza, serenidad y firmeza posibles. Todo hijo de Dios –así como todo siervo de Cristo– tiene el privilegio de estar tan seguro de que está en el camino de Dios como salva es su alma.
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El engañador
“Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.
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El estado de la conciencia
En cuanto a la plena y completa restauración de la conciencia de Pedro después de su terrible caída, tenemos la prueba más incuestionable proporcionada por su vida posterior.
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El estado del corazón
Es de vital importancia en todos los casos. Ninguna restauración puede ser considerada divinamente completa si no llega a lo más profundo del corazón. Por eso, cuando consideramos nuevamente las escenas que se desarrollan a orillas del mar de Tiberias, hallamos al Señor ocupado en tratar muy atenta y poderosamente con el estado del corazón de Pedro.
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El hombre de Dios
Habiéndonos referido a temas tan profundamente interesantes como el hombre natural y un hombre en Cristo, nos queda ahora por considerar, en tercer y último lugar, un tema sumamente práctico, sugerido por el título de este escrito: el hombre de Dios.
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El hombre natural
El término «hombre natural» es un término de amplísimo contenido. Bajo este título podemos encontrar todos los matices posibles de carácter, temperamento y disposición.
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El juicio de sí mismo
Finalmente, en cuanto a la diferencia que existe entre la oración y la confesión, respecto al estado del corazón ante Dios y al sentimiento moral que tiene de la odiosidad del pecado, digamos que esta diferencia no podría ser apreciada en demasía. Es mucho más fácil pedir, de manera general, el perdón de nuestros pecados que confesar estos pecados.
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El medio que contribuyó a la restauración de Simón Pedro
Para esto también estamos en deuda con el evangelista Lucas. Por medio de él el Espíritu que lo inspiró nos dio más que ningún otro lo que es exquisitamente humano –lo que va directamente al corazón con irresistible poder–, Dios manifestado en la más bella forma humana.
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El pecador endurecido
Era muy improbable que el carcelero tuviese abierto el camino hasta la reunión de oración junto al río. No le importaban esas cosas. No era uno de los que buscan sinceramente, ni tampoco un engañador. Era un pecador endurecido, con una profesión que lo volvía aún más insensible. Por la propia exigencia de su trabajo, los carceleros son generalmente hombres duros y severos.
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El que busca con sinceridad
Cuando el laborioso apóstol, en el curso de sus viajes misioneros, llegó a Troas, se le mostró “una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.
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El resultado es la consagración de un corazón entero al servicio de Dios
Vimos la completa ruina del pecador, y su cura completa en Cristo. Observemos ahora el resultado, tal como se muestra en la consagración de un corazón entero al servicio de Dios.
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En el Dios vivo están todos los recursos
Cuanto más nos fijamos en 1 Tesalonicenses 1:9, más resalta su profundidad, su plenitud y su poder maravilloso. Es semejante a penetrar con pico y pala en una mina inagotable. Nos hemos detenido por unos momentos en aquella cláusula tan fructífera y sugestiva: “Os volvisteis a Dios desde los ídolos” (NT interlineal griego-español). ¡Cuánto hay envuelto ahí!
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En un lugar del corazón del Padre
Pero hay otro punto sumamente importante.
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Entonces, ¿qué es el nuevo nacimiento?
Claramente vemos, pues, que la regeneración es un nuevo nacimiento; la comunicación de una nueva vida; la implantación de una nueva naturaleza; la formación de un nuevo hombre. La vieja naturaleza permanece con todas sus características, pero la nueva es introducida también con todas sus cualidades y tendencias.
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Éxodo 34:6-7
No quisiera terminar este artículo sin citar un pasaje que a menudo se cita erróneamente como la expresión de la gracia, y que en realidad es la manifestación del divino gobierno: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová!
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Falsas ideas acerca de la conversión
Hemos procurado poner de relieve la absoluta necesidad que todos los seres humanos tienen de convertirse. La Biblia lo declara de tal forma que no queda ninguna duda para el que se somete a su santa autoridad. Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mateo 18:3).
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Jacob
Solo citaremos un ejemplo más del libro del Génesis, de carácter sumamente práctico, en el cual se ven reunidas en el mismo individuo la acción conjunta de la gracia y el gobierno de una manera solemne e importante. Me refiero al patriarca Jacob. Toda la historia de este hombre –por demás instructiva– presenta una serie de eventos que ilustran nuestro tema.
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La absoluta necesidad de la conversión
El capítulo 1 de la primera epístola a los Tesalonicenses presenta una muy hermosa y notable descripción de lo que podemos llamar verdadera conversión. Esperamos que su estudio resulte de interés y de provecho para nuestras almas, pues nos proporciona una respuesta clara y precisa a la pregunta: «La conversión: ¿Qué es?». Este tema no es de poca importancia.
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