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¿Deberá cumplirse alguna profecía antes del arrebatamiento?
No, absolutamente nada tiene que cumplirse. El arrebatamiento puede suceder en cualquier momento. En los versículos de 1 Tesalonicenses 4:16-17, citados en la respuesta 4.1, Pablo afirma: “Los que vivimos… seremos arrebatados”. Esto demuestra que ya en el primer siglo los cristianos debían esperar la venida de Cristo en cualquier momento, y esto durante toda su vida.
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¿Debería un creyente guardar la ley (o ciertas reglas) para asegurarse de no cometer pecados? (Romanos 7:1-6)
No. Guardar leyes o reglas no es el camino para lograr esto.
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¿Declaró el Señor si el Antiguo Testamento era inspirado por Dios o no?
Sí, lo hizo muchas veces. El Señor utilizaba el Antiguo Testamento atribuyéndole una autoridad absoluta (ver 8.7). Ponía las palabras del Antiguo Testamento al mismo nivel que sus propias palabras (compárese Mateo 5:18 con Mateo 24:35).
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¿Dejará Cristo alguna vez de ser hombre?
No. Resucitó de entre los muertos (1 Corintios 15) y ascendió a los cielos donde ahora está como Hombre glorificado. Esto es importante, porque él es ahora nuestro Sumo Sacerdote. Él sabe cómo compadecerse de nosotros, porque fue y es hombre; sabe lo que es ser probado y tentado como nosotros en este mundo –excepto que él no tuvo ni tiene una naturaleza pecaminosa–.
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¿Dejó el Señor de ser Dios cuando se hizo hombre?
No. Siempre fue, es y será Dios. Esta es una verdad incontrovertible. Dios es eterno y no puede dejar de ser Dios (Colosenses 1:19; 2:9).
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¿Dios ha predestinado personas para condenación?
No. La Biblia nunca afirma una cosa así. Dios quiere que todos los hombres sean salvos (Tito 2:11; 1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Además, Dios “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). En Romanos 9:18 leemos que Dios endurece a quien él quiere (pero solo después de que el hombre se ha endurecido a sí mismo, tal como observamos en el ejemplo del Faraón; v.
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El campamento alrededor del Tabernáculo de reunión (Libro de los Números)
El Tabernáculo terrenal, llamado ya, como acabamos de verlo, “tabernáculo de reunión” en las instrucciones recibidas por Moisés en el monte, antes del becerro de oro, toma pues su lugar en el interior del vasto campamento del pueblo de Israel, así este acampe o se desplace por el desierto.
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El Cordero de Dios
Pero este libro de vida, en el cual haría falta estar inscrito para escapar a la condenación, en otro pasaje del Apocalipsis (13:8) lleva este nombre significativo: “El libro de la vida del Cordero que fue inmolado”.
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El Espíritu de adopción
Esta gloriosa posición de hijo de Dios tiene como consecuencia la recepción del Espíritu Santo: Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo (Gálatas 4:6).
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El poder
El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor. Desgraciadamente, no tarda en experimentar que en sí no tiene ninguna fuerza para llevar una vida santa y pura, de manera que el bien que quiere, no lo practica; el mal que no quiere, lo hace (Romanos 7:19).
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El problema de nuestros pecados ha sido resuelto mediante la muerte de Cristo por nosotros. Pero, ¿cómo ha sido resuelto el pecado y su poder?
No ha sido resuelto por medio de la muerte de Cristo por nosotros, sino por nuestra muerte con Cristo.
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El sacrificio de la cruz
Si bien el amado Hijo del Padre vino como hombre a este mundo, no fue solamente para llevar una vida perfecta, toda ella para gloria de Dios, sino para cumplir por medio de su muerte la obra de nuestra salvación. Ningún hombre podía pagar el rescate por otros, estando él mismo ya condenado. Sólo Jesús podía pagarlo, y vino para hacerlo.
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El sello
“Dios… nos ha sellado” (2 Corintios 1:21-22). “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”; el Espíritu Santo “con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 1:13; 4:30). Dios ha puesto así su Espíritu sobre nosotros como un sello, una marca indeleble de que procedemos de Él y somos suyos por los siglos.
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El Tabernáculo de reunión fuera del campamento
El campamento del pueblo conducido por Moisés había estado bajo los cuidados de la gracia divina desde la salida de Egipto hasta el Sinaí. A continuación ese pueblo había recibido la ley moral (Éxodo 19 al 24) y se había comprometido a cumplirla.
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El vínculo
El Espíritu une a los creyentes en un solo cuerpo con Cristo (1 Corintios 12:13). Por medio de Cristo “los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). En el Señor somos “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).
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¿En qué momento Cristo se hizo hombre?
Cuando nació en Belén, hace aproximadamente 2000 años (compárese con Miqueas 5:2; Lucas 2:4-7). Este punto en el tiempo es denominado por Dios mismo como la “plenitud del tiempo” (Gálatas 4:4, V. M.). El hombre había sido probado de diferentes maneras, y siempre había fracasado por completo.
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¿En qué momento el Señor Jesús llevó los pecados de todos los que creen en él?
Para que quede claro: no lo hizo durante Su vida, ni tampoco en el sepulcro, ni siquiera durante las tres primeras horas en la cruz. Cristo llevó nuestros pecados durante las tres horas de tinieblas, “desde la hora sexta… hasta la hora novena” (Mateo 27:45). Durante este tiempo hubo tinieblas y silencio. El Señor no pronunció una sola palabra hasta la hora novena.
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En resumen, ¿qué dice la Biblia de sí misma?
La Biblia afirma claramente que ella es la Palabra de Dios. Da por hecho su inspiración verbal y plenaria y, en consecuencia, su infalibilidad. Agradezcamos a Dios que se complació en revelarse al hombre de esta manera. En todo el universo no hay nada más seguro que la Biblia: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lucas 21:33).
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Entonces, ¿cómo puede alguien ser justificado ante Dios? (Romanos 3:22-25)
En lo que concierne a nosotros, solo “por medio de la fe”. En lo que concierne a Dios, solo “por su gracia”. “Por medio de la fe” significa que confiamos en Cristo quien pagó el precio que merecían nuestros pecados, y esto basta. “Por su gracia” implica que solo podemos aceptar o recibir lo que Dios nos da; ninguna otra cosa podemos hacer y nada podemos agregar.
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Entonces, ¿es la Biblia un libro humano y, por lo tanto, imperfecto?
De ninguna manera. El resultado final fue exactamente el que Dios buscaba. Cada palabra fue dada por él.
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Entonces, ¿por qué a veces cometo pecados? ¿No estoy muerto con Cristo?
En Romanos 6 a 8 aprendemos acerca del «viejo hombre» (ver 6.10), quien ha sido crucificado con Cristo. Pero, también debemos aprender, aunque a veces a través de una dolorosa experiencia, que todavía tenemos en nosotros la carne (la expresión «carne» en este contexto no se refiere al cuerpo físico, sino a nuestra naturaleza pecaminosa).
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Entonces, una Biblia en castellano, ¿es la Palabra inspirada de Dios?
Notemos que el Señor y los escritores del Nuevo Testamento también utilizaban una traducción, a saber, la Septuaginta, la traducción al griego del Antiguo Testamento hebreo, y ellos citaban esta versión, diciendo “escrito está”. Por lo tanto, bien podemos confiar en una buena traducción de la Biblia y considerarla la Palabra de Dios.
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¿Es correcto que un cristiano diga que Cristo es su Rey?
No, ni ahora ni en el futuro. Él es su Señor; también será Rey, pero no «su» Rey. Habitualmente los miembros de una familia real no se dirigen al rey pronunciando: «Su Majestad», pues tienen una relación de cercanía con él, que las demás personas no poseen.
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¿Es Cristo el Señor de los creyentes solamente, o también lo es en relación con los inconversos?
Los derechos del señorío de Cristo se extienden también a los incrédulos, quienes, sin embargo, procuran ignorarlos. En este sentido, se utiliza una palabra griega diferente en el Nuevo Testamento: «déspota», traducida como «Dueño», «Amo» o «Señor», según la versión (véase 2 Pedro 2:1). No obstante, “toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor” (Filipenses 2:11).
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