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Los sufrimientos de Cristo

Levítico 16 nos presenta dos categorías de sacrificios: los que Aarón ofrecía por sí mismo y por su casa, a saber, un novillo por el pecado y un carnero como holocausto, y los que ofrecía por el pueblo: dos machos cabríos por el pecado y un carnero como holocausto.

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Nacido de nuevo

En efecto, Dios no se contenta con borrar los pecados cometidos por nuestra vieja naturaleza –a la que su Palabra llama “la carne”, y que no puede producir otra cosa que el mal– sino que nos da otra vida, otra naturaleza. Hay un nuevo nacimiento operado por la Palabra –simbolizada por el agua– y por el Espíritu Santo.

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¿No forman estos cristianos una nueva denominación?

Al volver a lo que se ha oído desde el principio, estos creyentes no forman una nueva denominación, sino que desean llevar a cabo en obediencia a la Palabra y a la voluntad de Dios, la unidad de los hijos de Dios en el vínculo de la paz (véase Efesios 4:3).

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Pecados específicos

El pasaje de Levítico 5:1 nos presenta la falta del testigo. Podemos callar un mal que a la verdad debería ser puesto en conocimiento de los demás. No se trata de denigrar ni de relatar las faltas de nuestros hermanos, pero hay casos particulares en los cuales, habiendo “sido llamado a testificar”, es necesario hablar.

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Pecados y culpas

Levítico 4 nos habla de los pecados contra uno de los mandamientos de Dios. Podía tratarse del sacerdote ungido (v. 3-12), de toda la congregación (v. 13-21), de un jefe (v. 22-26) o de alguna persona del pueblo (v. 27-35).

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¿Por qué no tienen un nombre distintivo?

Una designación particular es absolutamente condenada por la Biblia: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído” (1 Corintios 3:4-5). “Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26).

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¿Qué doctrina tienen estos cristianos?

Ellos tienen única y exclusivamente la doctrina de la Palabra de Dios. Reconocen que la Biblia (el Antiguo y el Nuevo Testamento) es en su totalidad la Revelación dada por Dios. Esta Palabra debe ser la única base de sus enseñanzas y la única guía para todos los asuntos de su vida.

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¿Qué había en el principio?

Los primeros cristianos se reunían en el nombre de Jesús según Su palabra: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos "(Mateo 18:20). En el transcurso de los siglos esta cita a menudo ha sido interpretada de una manera no conforme a la Palabra de Dios.

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¿Qué hacer?

¿Quedarse solo? Este pensamiento atrae a algunos. J. N. Darby escribió una vez: ¡Es más fácil para uno andar solo que tomar parte en las tristezas de la Iglesia de Dios en la tierra! Pero, el deseo del Señor es congregar a los suyos. Con pena, Él les dice en Juan 16:32: “Seréis esparcidos cada uno por su lado”. Pero ¡qué alegría en la noche de la resurrección!

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¿Quién forma parte de este Cuerpo?

1 Corintios 12:13 declara: Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres.

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¿Quién puede participar?

La “Cena” dominical pertenece al Señor. Él decide quién puede participar.

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¿Quiénes son esos cristianos?

Son hombres y mujeres que han venido a la cruz con sus pecados; personas que han encontrado en Jesús el perdón, la paz y la vida eterna. En ellas el Espíritu de Dios ha producido una vida nueva, la vida de Dios, por medio de su Palabra. No sólo llevan el nombre de cristianos, sino que verdaderamente han nacido de nuevo.

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Sacrificios espirituales

Los sacrificios espirituales de hoy son el “fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15): oraciones de acciones de gracias y cánticos de alabanza. Varias estrofas de cánticos corresponden a uno u otro de estos sacrificios. El carácter del holocausto se expresa, por ejemplo, con estas palabras:

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Salgamos, pues, a él, fuera del campamento

En realidad no hemos sido llevados a cosas visibles, terrenales, ni a valores mundanos. El tiempo de servir en el Tabernáculo erigido por el hombre ha pasado. Las figuras han cedido su lugar a la realidad.

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Significado

Indicaremos brevemente el significado esencial de estos cuatro sacrificios. El holocausto era todo quemado sobre el altar; es Cristo entregando su vida, ofreciéndose para la gloria de Dios, víctima perfecta, que cumple así toda Su voluntad: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:7).

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¿Son mejores que otros?

No, estos cristianos en sí no son mejores. Alaban a Dios, quien por gracia los ha salvado, los guarda y restaura cuando han pecado. Saben que “la carne”, la vieja e incorregible mala naturaleza, todavía mora en ellos y que pueden deshonrar mucho a su Señor por falta de vigilancia.

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Toda la noche

En Levítico 6:8-13 se repite más de una vez que el holocausto debe estar sobre el fuego, sobre el altar, “toda la noche, hasta la mañana”; el fuego ardía sobre él continuamente; no debía dejarse que se apagara.

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Tres clases de sacrificios por el pecado (resumen)

En el libro del Levítico encontramos tres clases de sacrificios por el pecado:

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Una morada, los sacerdotes y los sacrificios

En Éxodo vemos cómo Dios quiso sacar a su pueblo de Egipto, no sólo a fin de liberarlo de la esclavitud de Faraón, sino para tenerlo para él: “Te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva” (Éxodo 4:23). Pero el pueblo era pecador, y fue menester la sangre de la Pascua sobre cada casa, para que fuese preservada del ángel destructor.

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Una sola ofrenda perfecta: la muerte del Señor Jesús

Nos proponemos considerar la muerte del Señor Jesús, “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10). Será el tema central de la adoración de los redimidos en la eternidad, pero, aunque no podamos sondearlo aquí abajo, es la voluntad del Señor que nuestros corazones se ocupen en él.

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Una vida nueva

La fe en el Señor Jesús, “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25), nos asegura no solamente que estamos al abrigo del juicio, que no pereceremos, sino también que desde ahora tenemos la vida eterna.

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