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La crisis final. La siega y la vendimia
Ha llegado el momento en que el juicio será ejecutado sobre la tierra por el que es visto en el cielo, sentado sobre la nube, semejante al Hijo del Hombre y con una corona de oro en su cabeza. En el capítulo 1 aparece la misma persona gloriosa, Cristo mismo, para juzgar la casa de Dios. Allí todavía no tenía la corona de oro, porque el momento de reinar aún no había llegado.
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La crisis final. La siega y la vendimia
Ha llegado el momento en que el juicio será ejecutado sobre la tierra por el que es visto en el cielo, sentado sobre la nube, semejante al Hijo del Hombre y con una corona de oro en su cabeza. En el capítulo 1 aparece la misma persona gloriosa, Cristo mismo, para juzgar la casa de Dios. Allí todavía no tenía la corona de oro, porque el momento de reinar aún no había llegado.
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La expiación
Durante tres horas las tinieblas envolvieron la tierra y, en el aislamiento de esta obscuridad, el Salvador padeció todo lo que merecían los pecados de los cuales voluntariamente se había hecho cargo. Dice proféticamente:
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La fe que recibe el don de Dios
«¿Y qué debo hacer –preguntará usted– para obtener su perdón?» ¿Qué hacer? Nada. No podemos hacer nada; sólo tenemos que creer. La gracia es un don libre que no requiere nada a cambio (Romanos 4:3-5). «Hacer» es el vocablo del hombre orgulloso, quien no quiere convenir en que su incapacidad es total y querría añadir algo de él mismo a la obra perfecta de Dios.
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La gracia ofrecida
¿A quién le es ofrecida esta gracia? Al pecador perdido. Si lo es al pecador perdido, lo es a todos, puesto que todos somos pecadores. Jesús dijo Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento (Lucas 5:31-32).
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La Iglesia en los escritos de Pedro, Pablo y Juan
La Iglesia o Asamblea está formada por el conjunto de todos los creyentes (salidos del pueblo judío y de las naciones) puestos, mediante la fe, a favor de la obra de Cristo. Él la edifica desde Pentecostés (el día que el Espíritu Santo descendió a la tierra) hasta su retorno para llevarla con él al cielo.
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La mujer, su hijo y el dragón
El arca de la alianza aparece en el cielo: cap. 11:19
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La obra cumplida
El juicio estaba ejecutado. Aquel que había tomado nuestro lugar bajo el juicio expió las faltas de las cuales voluntariamente se hizo cargo. Pudo proclamar: “Consumado es” (Juan 19:30). Entraba en la muerte para pagar enteramente lo que merecía el pecado.
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La quinta y la sexta trompeta
La quinta trompeta: cap. 9:1-12 Esta proclama un juicio particular sobre el Israel apóstata. En efecto, aquí ya no se trata de la “tercera parte” (las naciones de occidente). Los que no tienen “el sello de Dios en sus frentes” son seducidos y se someten al anticristo. Estos no forman parte de los 144.000 que son divinamente protegidos para cumplir su misión.
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La santificación
Esta presencia del Espíritu Santo en el creyente impone una separación práctica del mal. ¿“Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:19-20).
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La séptima copa
La séptima copa es derramada por el aire, que designa toda la atmósfera moral de este mundo del cual Satanás es el jefe (Efesios 2:2). Es la señal de que el despliegue de su poder llega a su fin. “Hecho está”: cap. 16:17
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La séptima trompeta
El sonido de la séptima trompeta anuncia el tercer y último ay. Es la ocasión para que nosotros seamos transportados al cielo y escuchemos grandes voces anunciar buenas noticias, la introducción del milenio en la tierra: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (v. 15, Daniel 7:14).
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La unción
Dios nos ha ungido con el Espíritu como con un aceite de consagración para servirle, para conocer las cosas profundas de Dios, para recibir y comunicar sus pensamientos (2 Corintios 1:21; 1 Corintios 2:10-15; 1 Juan 2:20, 27).
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La visión del Hijo del Hombre
Juan en la isla de Patmos: cap. 1:9-11
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Laodicea
Laodicea marca el fin de la historia profética de la asamblea. ¡Que nuestra conciencia y nuestro corazón sean profundamente sensibles al mensaje que le es dirigido! Laodicea aparece al final como caracterizando el último estado de la profesión cristiana: la tibieza y la falta de amor a Cristo y a su servicio están asociados a muchas pretensiones en las capacidades humanas.
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Las arras
Dios “nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”. “Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu” (2 Corintios 1:22; 5:5). El Espíritu Santo de la promesa “que es las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:14). El Espíritu Santo, en nuestros corazones, es a la vez una garantía y un anticipo de nuestras futuras bendiciones en la gloria.
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Las bodas del Cordero
Por último, un cuarto y último “Aleluya” (v. 6) proclama la introducción gloriosa del reino de Cristo. En el capítulo 11:15, cuando el séptimo ángel toca la tercera trompeta de desgracia, grandes voces en el cielo anuncian: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo”.
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Las dos bestias:
La bestia que sube del mar
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Las personas divinas en el Apocalipsis
Dios: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Las tres personas divinas forman una unidad insondable, pero siguen siendo distintas. No obstante, esta distinción no siempre es fácil de percibir en los escritos de Juan, especialmente en el Apocalipsis.
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Las seis primeras copas
El anuncio de las siete copas: cap. 16:1 Del templo también sale una gran voz que ordena a los siete ángeles, en el momento fijado por Dios, derramar sobre la tierra las siete copas de su ira, es decir, desencadenar las plagas que van a herir a los habitantes de la tierra.
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Las siete iglesias
El misterio de las siete estrellas y de los siete candeleros: cap. 1:20
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Las últimas plagas de la ira de Dios
Una señal grande y maravillosa: cap. 15:1
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Los diez cuernos y la bestia romana
La bestia que volvió a vivir: cap. 17:8
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Los habitantes de la tierra
Anuncio del juicio y el evangelio eterno: cap. 14:6-7 Ya hemos hecho notar que este capítulo nos muestra cómo actúa Dios, mientras el poder del hombre parece alcanzar su apogeo en toda la tierra. La ejecución del juicio final es inminente, pero Dios aún hace anunciar el “evangelio eterno”, único medio de escapar a ese juicio.
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